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Toma de contacto // Job y Libre

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Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Dom 6 Nov - 11:59

Recuerdo del primer mensaje :

Frustración. Aburrimiento. Rabia contenida. Desgana. Algunos conceptos abstractos pueden llegar a percibirse como algo dolorosamente físico. En ésta ocasión, el desagradable olor de la rutina se intuía en el ambiente. El pequeño pueblo estaba en movimiento, y me invitaba a unirme a su ritmo con la suave cadencia del sonido de los quehaceres matutinos. Aproximadamente trescientos adolescentes se dirigían o entraban ya en el instituto, envueltos en charlas animadas o en pequeños momentos de íntima soledad a solas con sus reproductores de música.

Tuve un fugaz instante de sorpresa, al comprender que mi anticuado Ford no destacaba en el aparcamiento, donde una mayoría de los vehículos eran de épocas anteriores. En realidad tampoco le presté mucha atención a la variedad automovilística, porque mi mente luchaba con asuntos más importantes. Revisé una y otra vez las cosas que se me podrían haber olvidado sin llegar a ninguna conclusión en especial. En realidad solo buscaba una forma de retrasar lo inevitable, pero no tuve suerte: no encontré ninguna excusa.

Creo que era mi nonagésimo "primer día" de instituto. Era increíble el cómo, a pesar de las diferentes épocas, las palabras que llegaban a mis agudizados oídos no cambiaban en demasía. “…Me llamó Karen, y estuvimos hablando media hora, así que al final no hice los deberes.”” Ayer hablé con Matt, y no sé… yo creo que le gusto”. En ese momento di con un buen sitio para aparcar el coche, así que desconecté de las insulsas conversaciones.

El sonido del motor murió con un último ronroneo y procedí a quitarme el cinturón. Sólo entonces me permití girar la cabeza para encontrarme con los ojos de Job, intentando no revelar mi inseguridad con mis expresiones. Pero verle sólo me confundía más, ya que debía llamar hermano al que consideraba mi hijo. Los minutos siguientes iban a ser, como mínimo, violentos, ya que teníamos una cita concertada con el director, en la que yo iba a ser la pequeña adolescente embarazada a cargo del heroico hermano mayor.

Me tomé unos segundos para entrar en mi papel. Mentir no era mi mayor don, pero con los años había conseguido ser una buena actriz. Inhalé profundamente y agarré mi mochila. Después logré sonreír de forma bastante convincente.

Nos encaminamos al edificio y no llevó mucho tiempo encontrar la oficina que buscábamos. Una secretaria, que debía realizar por lo visto gran parte de las funciones administrativas del lugar, nos indicó que esperáramos un segundo. Y exactamente veinte segundos después, ella salía del despacho y se oyó una voz profunda que dijo un seco “Adelante”.

Me iba a ser más fácil pasar por una chica normal si ignoraba los latidos perfectamente audibles de los corazones allí presentes, así que respiré hondo para concentrarme. Por supuesto, mi “hermano mayor” debía entrar conmigo, y escuchar lo que probablemente serían una serie de preguntas indiscretas, para asegurarse de que no iba a alterar la tranquilidad del pueblo y para mostrar la preocupación general por el hecho de tener a una adolescente embarazada. Eso apenas hubiera tenido importancia en una gran ciudad, pero allí había sido citada antes de poder incorporarme a las clases. Seguramente también sería fruto del cotilleo de gran parte del alumnado.

Me volví hacia Job antes de entrar.

- ¿Qué dices, doy el pego?

Señalé de forma significativa todo mi cuerpo. Era el de la edad que pretendía tener, modificado únicamente por una ya notable protuberancia a la altura de mi estómago. Vestía ropa juvenil, pero cómoda, y quizá todo aquello del rollo adolescente comenzaba a hacer mella en mi, porque de pronto me sentía muy desprotegida. En ocasiones el rol se invertía, y era Job el que tenía que cuidar de mí; sobretodo desde hacía unos meses atrás. Supuse que eso nos ayudaría con la farsa.
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Alma Priego

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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Lun 28 Nov - 17:02

Hoy era un día de aquellos en el que al parecer todo saldría mal. Daba un paso al frente y retrocedía dos, como un cangrejo, creo. Detestaba estos días, desde la noche anterior había estado nervioso, revoloteando de aquí a allá sin saber qué hacer en mi habitación, mientras miraba la luz de la luna entrar en el tragaluz del angosto pasillo; arreglando todo en la oscuridad de mi closet e intentando no pensar en lo que se aproximaba la mañana siguiente. Había creído que el único problema que tendría era el dejar a mi madre e ir a buscar un empleo en un rústico lugar al que debo decir, cada vez me gusta menos. Pero no, nada puede salir bien, ahora tenía que estar a merced de dos vampiros. Vampiros que tenían acompañantes por lo que se percibía en el ambiente.

Me frustra saber que ninguno de mis intentos han sido buenos. Me cansa incluso que todo marche delineando la línea dramática de la humanidad. ¿Qué no podía ser simplemente Job? ¿Por qué tanta saña en denominarme híbrido? No podía ser viviente común y corriente. No, a fuerza necesitaba ser un hijo de la luna y sus tantos derivados o un hijo de la noche, un humano o un híbrido. Siempre era lo mismo cuando nos cruzábamos con otros seres que también entraban dentro de esas categorías. Me deprime pensar que nunca saldré de ello, aun cuando siembre pensamientos en todos. Siempre existirá la diferencia de razas. Creo que hasta cierta forma eso me complace, pero a veces me desespera, como en este caso. Ya que de ser un humano no habría llamado la atención de estos chupasangres, así como la de nadie más.

No doy crédito a lo que pasa ahora. Si bien había hecho un excelente trabajo en el grandote confundiéndolo y eso que mi don ya se sentía exhausto no lo había logrado en el castaño. Se rehusaba a aceptar mi pensamiento. Como si luchara, lo que aumenta mi irritación. Por lo regular todas las mentes se dejan influenciar con mis pensamientos, pero ahora era diferente y lo detesto. Pude haber dejado este momento atrás y seguir concentrándome hacer parecer que era un licántropo. A lo que pienso el porqué hacerlo, donde la respuesta es fácil de saberse, y es porque de esta forma podríamos vivir plácidamente. Si esos vampiros quieren paz la tendrían sin la interrupción de un híbrido que ya por su simple raza augura curiosidad, así pues yo después constituiría un pensar en los familiares de estos dos y punto. Quizá necesitaría otros pensamientos en los licántropos de la reserva y ese sí que resolvería nuestra estadía aquí. Pero no, no podía hacerlo porque mi madre, me delataba con la mirada.

En cuanto se percató de que el vampiro -el que parecía intimidante con solo mover un dedo-, dio por hecho lo que yo había firmado. El otro obvio parecía desconcertado y yo gustoso, aunque no así mi madre, quien inmediatamente me miró de una manera desalentadora. Me frustró saber –porque podía saber que se sentía decepcionada con solo mirarla– que ella desaprobaba el uso de mi don, porque según ella solo debía usarse en caso de ser necesario. ¿Y, qué no era ahora un caso necesario?

Le dediqué una mirada fugaz pero sin quitar mi sonrisa. Seguro estaría pensando algo malo de mí, y tenlo por hecho que en cuanto nos viéramos en casa me daría uno de esos sermones que gustaba de darme solo por el capricho de saberse mayor que yo, sin quitar el dedo de que también es mi madre, obvio. En todo caso yo sigo pensando que he hecho bien al mentir, me he librado de una conversación en donde nos adentremos de nuestra historia personal. No quiero compartir nada con nadie que no sea yo mismo, ya no estoy dispuesto a nada por nadie solo de mi madre.

Con un encogimiento de hombros di por sentado que ambos decíamos la verdad cuando Alma admitió que éramos licántropos, claro que para mí no fue nada convincente; ya que mi madre es una pésima mentirosa, su honestidad no solo se reflejaba en sus acciones y pensamientos sino en su mirada, donde la franqueza era lo más atrayente de la oscuridad que les envolvía –hablando del color solamente. En ellos no se avistan las penumbras–, además de que siempre su tímbrate de voz la delataba. Perfecto, regaño seguro.

Hasta este punto creo que todo hubiese marchado a la perfección. Ya me sentía un ganador y pensé que quizá era hora de mi retiro. Pudo haberlo sido, sino es que el vampiro, el castaño dijo algo que realmente me desconcertó. No solo no pude mandarle mi pensamiento y dejarlo como una duda, sino por el contrario si se había dado cuenta de que lo había intentado.

Entrecerré los ojos mirándolo afectado con sus palabras. ¿Cómo? ¿Un don? ¿Leer mentes? Pff, que tontería, no eso es… No pienses en imposible… imposible. Puede leer la mente de cualquiera. De cualquiera. Que cruel. Estaba perdido, ni en la intimidad de tus pensamientos eres libre con alguien así. Estrechando aun más los ojos lo observé para enarcar una ceja después. De cualquiera excepto la mía. Genial no me bastaba con ser un híbrido de dos especies que son eternos rivales, no, tenía que ser también un rarito al que no se le tiene acceso. No pues si alguien debe llevarse las palmas de extrañeza ese debía ser yo. ¿Podrían darme un nobel o algo así? ¿No? Pues deberían, en verdad lo merezco y más con la cara de incredulidad con que cubría mi máscara de seguridad.

¿Quién me dice que no estás mintiendo? Pensé con sorna. Un pensamiento precoz dado que ahora leía una cartilla general de nosotros. Dale que esto si que es interesante. Tanto así que comienzo a creer que hemos sido engañados.

–¿Qué no son nuestros enemigos? – bufé –¿quién me lo asegura? A mí no me engañan con sus ojos dorados, vampiros. No nos trates con condescendencia que a los tuyos no les queda y deja de hablarle a mi madre como si supieras mucho de ella – seres mentirosos por naturaleza. No hay que creerles. Yo bien conocía la historia tras esa mirada. Renegaban de algo que eran, que son. La misma historia de siempre. Que trágico ha de ser ¿no? Y léase que he usado un comentario sarcástico. Seres petulantes. Regodéense en sus eternas mentiras, que a nosotros no nos engañan. ¿Cierto Alma? Creo que debí preguntarle en lugar de solo pensarlo. Aunque sabía de sobra cual sería su respuesta. Por lo visto ella sí que confiaba en ellos. Desde el principio me di cuenta de ello.

Le hice una mueca de desagrado al fortachón que ahora me amenazaba con una mirada fría y todavía confundida. Pude haberme reído de él en su gélido rostro, pero a cómo iban las cosas quien iba a terminar mal era yo. Ya podía escuchar la voz de mi madre. Rayos, ¿por qué me abandonas paciencia?

–Pero si ni t e has dado cuenta– comenté burlonamente. Demonios no sé qué me pasa el día de hoy, creo que mis nervios no andaban muy bien aunado con el tema de los vampiros y mi mundo híbrido ha llegado a rematar mis estribos. Lo siento mamá, una vez más he fallado. –¿Y ahora qué?– reculé un paso desde mi madre que me adelantaba dos –oh ya sé, ¿por qué no nos vamos de picnic? Ya que no somos enemigos – bien creo que ha llegado la hora de darse media vuelta he irnos. La retirada nunca ha sido mi estilo pero Alma no estaba en condiciones de pelear. –¿Alma?– musité quedito esperando que ella me entendiera, cosa que dudo pero vale la pena hacer el intento. Mi madre es tan terca que seguro la idea del picnic fue buena para ella solo para poder entablar comunicación con los ojos dorados.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Mar 29 Nov - 13:03

Me concentré en parpadear, como si en cada pestañeo se encontrara la solución de todos mis problemas. Presté atención también a mi respiración, que de pronto se me antojó ruidosa y fuera de lugar. Tenía que centrarme en pequeñas cosas como esa, porque sino, perdería la cordura. Aquél vampiro estaba desmontando una por una todas las piezas que habían estado rondando por la máquina que era mi cabeza en esos momentos. Con su primera frase, ya me dejó confundida. No era una pregunta, ni había rastro de dudas; estaba bastante seguro de lo que éramos. Me pregunté si es que, por alguna razón, Job no había usado su poder con él, o tal vez que eran demasiadas mentes manipuladas en un solo día y ya no tenía el mismo efecto. Pero antes de que pudiera pensar más en el asunto, reveló que él también poseía un don.

Después de eso las sorpresas únicamente aumentaron. Que aquél chico leyera mi mente aclaraba muchas de sus reacciones, y suponía un alivio de alguna manera: eran muchas cosas que me ahorraba explicar. Sin embargo, aunque no dejé de escucharle, empecé a preguntarme cuántos pensamientos involuntarios habría escuchado. No siempre se puede controlar lo que se piensa, y recordaba haberme fijado en su agradable aspecto físico, y en el amedrentador cuerpo de su compañero. En fin, esas preocupaciones, sobre cuánto ridículo había hecho, iban a tener que esperar, porque me estaba diciendo cosas mucho más importantes. Mejor dicho, se las estaba diciendo a su acompañante, enterado también de que éste estaba bajo los efectos del poder de mi hijo. Lo sabía TODO, y eso no dejaba de ser inquietante.

El modo en que contó mi dolorosa historia personal en unas pocas líneas me reveló que o bien no era muy sensible, o estaba ávido por compartir y obtener información. “…el chico es hijo de esa licántropa y un vampiro que al parecer murió“ Me mordí el labio, algo apenada por ese recuerdo; mi mente vagando entre el pasado y el presente. Mi conciencia se escondió en el refugio de los buenos momentos vividos, puesto que no me podía permitir estancarme en las malas experiencias. Sonaba peor cuando lo escuchaba en boca de otra persona. Aunque el odio no entraba en mi vocabulario, odiaba la palabra muerte. Me di cuenta de que cualquier pensamiento mío ya no me pertenecía sólo a mí, pero no intenté bloquearlos. Dejé que las imágenes fluyeran esperando poder frenarme a tiempo si surgía otro de esos pensamientos involuntarios.

Me pregunté hasta dónde llegaba el límite del poder del lector de mentes. ¿Sabía todo lo que yo sabía, o sólo lo que yo pensaba? ¿Sabía todo lo que yo pensaba, o sólo lo que yo era consciente de pensar? ¿Podía escuchar mis palabras unos segundos antes de que las pronunciara? ¿Sabía lo que quería decir, antes de que lo supiera yo misma? Era un don interesante, y podía ser peligroso. En realidad, me alegré de no tener ya nada que ocultarle, por muy incómodo que pudiera ser el sentirme espiada. Pero eso me llevó a preguntarme por qué no podía leer la mente de Job. ¿Tal vez por ser un híbrido, o por su propio don? De cualquier forma, finalmente el tal Edward, con tan poco respeto a la privacidad de las mentes como mi hijo (mira, si hasta podrían acabar por llevarse bien y todo) le dio un consejo sensato a Job. Quizá a él le escuchara, puesto que a mí parecía ignorarme por sistema.

También tuvo unas palabras para mí, y las agradecí profundamente, porque me pareció sincero y le creí sin ningún reparo. Me gusto como sonaba lo de “tus hijos”, así que sonreí, involuntariamente. Ya estaba pensando que lo peor había pasado, cuando el hombre-masa, que respondía al nombre de Emmett, mostró su lógico enfado por haber sido manipulado. Aunque tuviera razón, no me gustaba que amenazara a mi hijo. Eso provocó un pequeño temblor en mí, pero me controlé; de todas formas iba a ser incapaz de transformarme, por el embarazo. No sé si él llegó a percatarse de mi pequeño enfado, pero su omnipotente hermano posiblemente sí. Era bueno saber que él podía evitar una pelea antes de que llegara a producirse.

Las preguntas no se acababan, pero el sentido de la delicadeza no aparecía. Me llevé la mano al abdomen. Mi “segundo hijo”, tal y como lo había llamado, no guardaba más secreto que el de su sexo, ya que no me había parecido prudente hacerme una ecografía. No tenía forma de saber si mis constantes iban a ser normales o si llamaría la atención de un doctor. Eso me hizo acordarme de una vieja preocupación, respecto a si también iba a heredar el gen de la licantropía o no. Al fin y al cabo su padre había sido normal – un asqueroso y malvado humano normal -.

Iba a responder, aun sin saber bien lo que debía decir, cuando reparé en que el estado de ánimo de Job difería bastante del mío. Él no se mostraba abierto aunque prudente, como yo, sino que parecía seguir molesto por la sola presencia de esos dos seres. Lo que para mí había sido tranquilizador, para él tenía que haber sido un ataque, y yo tendría que haberme dado cuenta. Al fin y al cabo, su don y su mentira habían quedado expuestos.

Me olía una explosión de desconfianza, y no me equivoqué. Estaba dispuesta a ser comprensiva ya que tenía motivos para sentirse incómodo delante de alguien que leía mentes. Pero justo él se veía libre de su influencia, y el resto de los mortales en cambio, teníamos que sufrir el don de ambos. Quizá pudiera entender así lo incómodo que era no sentirte seguro en tu propia cabeza. Como sea, estaba dispuesta a ser comprensiva, hasta que dijo esa sarta de tonterías. ¿Era necesario ser tan maleducado? Suspiré. Hijo, mejor callar que hablar de lo que no se sabe. Antes de que pudiera sacarle de su error, cometió otro aun más grande: provocar al vampiro agresivo. ¿Había perdido el juicio?

Le vi retroceder y entonces dijo mi nombre; como una pregunta. Esperaba alguna reacción de mí, y a juzgar por como se alejaba de ellos, cabía esperar que esa reacción fuera salir corriendo con él. No estaba acostumbrada a negarle lo que me pedía o lo que necesitaba, pero tampoco quería irme, ni veía la necesidad de hacerlo.

- Yo te aseguro que no son nuestros enemigos. Tienen los ojos de tu padre. – dije solamente, tratando de sonar amable. Aunque la verdad, en esos momentos me era muy difícil. No obstante, sabía que era un tema delicado, así que me limité a darle la información esencial. Su padre, pese a todo, haía sido un buen vampiro. "Vegetariano". Que tuvieran los ojos dorados, según mi experiencia, implicaba que cazaban animales. Que cazaran animales implicaban que no eran mis enemigos. Y si no eran mis enemigos, y según ellos yo no era su enemiga, no había razón para hacer un problema de aquello. Sólo esperaba que para él bastara también con eso.

Miré por un segundo a Edward. ¿Me estaría leyendo la mente en ese momento? No quiero una pelea entre mi hijo y tu hermano. Había una súplica en mis pensamientos. Sentía tentaciones de preguntarle si creía que debíamos irnos. Pero aun era un desconocido, no era lógico preguntarle aquello…

Decidí destensar la situación con un poco de humor, pero también intenté sonar firme, haciendo gala de mi cabezonería. Miré a Job con ojos dulces, buscando la comprensión que él estaba buscando en mí.

- No podemos ir de picnic, yo tengo clase ¿recuerdas?

Si creyera que corríamos alguna clase de peligro, yo sería la primera en irme. Pero aunque no las tuviera todas conmigo respecto al más grande de los dos, confiaba en el vampiro de pelo cobrizo lo suficiente como para pedirle a mi hijo que aguantara un poco más. No le vendría mal acostumbrase un poco a los vampiros; que también eran parte de su ser. Por mucho que supiera del tema, era algo que yo no podía suplir.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Miér 30 Nov - 13:09

Y la mañana se despejaba silenciosa y aturdida lentamente, como aquellos estudiantes que llegaban arrastrando los pies porque hubieran querido que esos cinco minutos que piden antes de lanzar las cobijas malhumorados fueran eternos. Cinco minutos más se decían en cada tic tac que su despertador de cabecera emitían corrompiendo el silencio sepulcral de sus habitaciones. Cinco minutos que ni siquiera habían transcurrido en esta conversación porque a diferencia de lo que los humanos hacían en escasos minutos, los vampiros maquilaban en segundos. Segundos eternos y quedos que bien podrían ser intercambiados por Edward por un instante de mortalidad humana. Que era una absurda idea ya que para los humanos los instantes eran un nada...

Los rayos del sol no lograban alcanzarles puesto que gracias al clima de Forks el Sol solo les regalaba unos cuantos haces de vez en vez, siendo tan mezquino arropándose de su autoridad ante la Tierra. Pero aun cuando no existiera el sol cubriéndolo todo de ese adorable color dorado, bañando cada rincón perceptible, acompañando a las sombras como fieles amigas, si existía ese instante en que se sabía que la mañana llena de jornadas diarias acababa de comenzar.

Los alumnos llegaban con su lentitud habitual acompañando a la neblina del exterior que iba siendo reclamada por la claridad de un nuevo día. Los suaves murmullos sacaban al cobrizo de su encasillamiento, donde dos personas compartían sus pensamientos voluntariamente a fuerza. En los pasillos ya se sentía la vitalidad correr como la sangre misma que recorría tanta distancia bombardeada por el corazón latente de la humanidad. El sonido furioso golpeando el pecho del híbrido se veía acompañado por otros corazones risueños que compartían una suave melodía. Música para sus oídos y fuerza para sus instintos.

Mientras el colegio se llenaba, algunos curiosos -aquellos que no temían mostrar su sentir- observaban la escena con simpatía. Sus pensamientos viajaban desde los Cullen encontrando un rasgo de parecido en Job y ellos y la morena a la que sus pensares mostraban mucha más curiosidad. En el pequeño bulto de su barriga a las que la mayoría de las jovencitas llenaba de cierta ternura. Sin embargo, todos allí, incluyendo a los de la conversación, se mostraban recelosos de esa escena. Donde el disgusto del castaño se mostraba en su fiera mirada cargada de un pesar inexistente.

Edward no podía leer su mente, ni sabía que le acongojaba porque no tenía el don de Jasper. Pero, si podia intuirlo ahora que los pensamientos de Alma eran expresados con una transparencia alarmante. Y es alarmante ya que nadie nunca -de los que conocían su poder- dejaban que sus pensamientos fuesen recorridos uno a uno. Lamiéndolos como el mar a la arena en la playa; como si su habilidad fuese el mar y los pensamientos ajenos personificaran a los granos de arena, minúsculos y dorados siendo arrastrados por una marea. Podía saber que era realmente lo que pasaba en mente del chico, podía leer la decepción en su mirada. Y no se trataba de la que sentía porque su madre declaraba en el silencio de sus pensamientos, sino por la que sentía por sí mismo, por la rabieta interna que escandalizaba sus propias acciones. Él tenía razón, no debía confiar, no cuando Dimitri había corrompido el amor sentido por Alma sin decoro, trayendo a la vida un ser totalmente incomprendido.

Y encontraba un verdadero conflicto de intereses en ambas partes, Emmett que no podía con su impertinencia, Job con su manera retadora de hablarles, Alma que se mostraba colaboradora pero sin querer pasar por alto los sentimientos de su hijo y Edward quien se ocupaba por leer, entender y mediar la situación. Su hermano podría perder el control fácilmente, y Job por lo visto compartía ese autocontrol con el vampiro. Menudo lío.

-Emmett por favor guarda más respeto- musitó para callar el repentino pensamiento de dolor de la mujer. Comprobando que el mundo mortal siempre tiene armas con que defenderse, armas viles y crueles que no tienen lógica como los intintos que a los mitológicos predecen. Aunque quedaba la duda del ¿por qué ella no se defendió? Se dice que los licántropos guardan el bienestar común, pero ¿los humanos como ellos tenían derecho a ello?

Pero tal como se dice en la actualidad. Se debe priorizar. Así pues, pensó que la mejor manera era intentar entender lo que Alma le compartía. Captando por vez primera la metida de pata que había hecho. El vampiro, el padre del híbrido era la pareja de Alma, pero no había solamente amor por parte del vampiro, sino por parte de ella también. Se había equivocado al pensar que el único que desnudó su "alma" había sido el vampiro de ojos dorados. Sino que ella compartió su mismo destino. Lo que convertía a la situación en algo que va más allá de un problema existencial y que le llevó a comprender la desconfianza de híbrido a pesar de que la mujer había dado una excelente educación.

-Ya lo he dicho, no somos enemigos. Y no los estoy tratando con condescendencia- suspiró -solo intento comprenderles- sabía de sobra que no entendería razones, por más que intentara esta desconfianza no se iría de buenas a primeras, sino que necesitaba de tiempo. Tiempo que los cuatro poseían.

Desvió la mirada comprobando que el mundo estudiantil iba creciendo y que aunque no todos prestaban su atención, otros lo hacían sutilmente fingiendo estar platicando, miroteando dentro de su casillero o solo dedicándoles miradas furtivas. Cambiando estas miradas en los dos muchachos que se echaban miradas salvajes de un instinto ancestral. Nadie comprendía el hecho de que estos dos seres se mostraran reacios a mirarse suponía un gran problema que podría desencadenar la exposición de sus razas.

-Tranquilicémonos un poco- dijo hablando en plural pero dirigiéndose a ambos hombres. -Aquí no hay mayor enemigo que la desconfianza; misma que debemos derogar para poder dialogar y dado que tu jovencito no quieres dar tu brazo a torcer- lo miró mostrando la superioridad que su persuación le donaba en momentos como éste -..., seré el primero- se cruzó de brazos con una mueca crispada que no podía ser interpretada -mi don no va más allá que a pensamientos que tengas en el aqui y en el ahora. No leo pensamientos pasados ni futuros y aunque a veces puedo adelantarme a los hechos gracias a que leí un pensar no quiere decir que ese pensamiento no pueda moverse, es decir, no puedo adelantarme a las decisiones- aclaró para la pregunta no formulada.

En cuanto el chico hizo un gesto de que debían marcharse Edward se adelantó a decir: -no te hará mal esperar unos minutos más Job- miró la renuencia de Alma comprendiendo que ella era mucho más sensata y que era capaz de alimentar su curiosidad alcanzando los límites de la impaciencia de job. Sonrió de lado ante el comentario de la chica, para después comprobar el reloj de la dirección. En 3 minutos la campanilla del toque de entrada sonaría, lo que significaba que perdería el contacto con Job, aunque posiblemente Alma todavía tendría la paciencia y las dudas para dirigirse a ellos y por supuesto Edward le esperaría.

Pensó en hacer algo para poder atraer su atención. El picnic no era una opción para ellos -además de que era una broma- pero si podrían invitarles a su casa, Carlisle estaría encantado con Job y el embarazo de una licántropa plena. Porque ella no solo poseía la herencia del gen sino que lo había desarrollado al grado de transformarse. Era una licántropa plena, cosa que nunca habían visto. Entre la reserva habían varios que poseían el gen sin desarrollar, pero nunca se había encontrado con que también hubiesen mujeres entre el clan. Sin embargo no podía invitarles, de inmediato asaltarían las desconfianzas de Job al estar en una casa colmada de vampiros, pero después tuvo una idea que estaba seguro que todos en su casa le reprenderían. Ya podía escuchar la mente alarmada de Emmett y su mirada penetrante como cuchillas sobre él en cuanto lo dijera. Pero si eso atraía un poco la confianza de los recien llegados bien valía la pena hacerlo, además Edward confiaba en Alma, un suceso por demás extraño.

Como si mi vida no fuese extraña ya se dijo a sí mismo pensando en Tanya, en la castaña que pronto aparcaría su ruidosa camioneta en el estacionamiento del colegio y en su hija recien llegada del futuro. Sí, extraña.

-Cierto, las clases están por comenzar- después de un par de segundos rompió el hilo propio de sus pensamientos -pero, podrían ir a nuestra casa, para que comprueben que no hay nada de que tengan que irse, como dije no somos sus enemigos- descruzó sus brazos dejándoles a los costados -nosotros también queremos una vida tranquila, es por ello que hemos elegido una dieta diferente, además- sonrió mostrando la mueca mas amigable de la que era capaz, después de todo siempre era el tipo serio e inescrutable, pero había sus excepciones ¿no? -..., también tengo una hija que es una híbrida, podrías hallar muchas respuestas en ella, quizá compartan más con ella que con todos nosotros- dicho esto pensó en que tendría que aumentar la seguridad hacia Nessie, aunque Job no parecía ser malo.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Miér 30 Nov - 14:13

Ese chico me ponía de los nervios. ¿Qué pretendía exactamente? De pronto parecía que quería pelear, y estaba haciendo méritos para conseguirlo. Y entonces huía. ¿Me tenía miedo? No… No lo parecía; al menos no era tan sencillo. Comprendí el sentimiento de protección hacia su madre, porque era algo que podía entender y hasta compartir.

La susodicha madre - y realmente tenía que hacer esfuerzos para pensar en ella de ese modo – cada vez me recordaba más a Esme, pero de un modo exagerado e insoportable. Su niño ya estaba grandecito, y eso que ni siquiera sabía la verdadera edad de ninguno de los dos. Pero le miraba como si fuera un bebé que había desobedecido. No obstante se me hacía tierno, y supongo que si se tratara de Lilian yo hubiera actuado igual. Luego me acordé de Renesmee y su acelerado crecimiento, y pensé que, después de todo, el tal Job podía ser más joven de lo que parecía. Interesante. Había muchas cosas que no sabía de ellos, y estaba deseando que Edward me las contara.

Mi hermano seguía con esa extraña actitud de “aquí no pasa nada”, pero en realidad eso nos ayudaba a pasar desapercibidos. Los Cullen llamaban demasiado la atención al parecer enemistados con los chicos nuevos. No hacía falta ser Edward para saber lo que la gente estaba pensando. ¿Quiénes son los nuevos? ¿Está embarazada? El chico pálido se parece a los Cullen. No sería con esas palabras pero más o menos tenía que ser eso.

Esa necesidad de pasar desapercibidos, o tal vez la insistencia de Edward, hizo que mi actitud cambiara un poco. Pero mi hermano tenía algo más que decir… y les invitó a casa. Desde luego, Carlisle iba a tener “nuevos juguetes”, y a ellos también podría ayudarles. Tal vez mi hermano lo hacía por eso; para que entraran en la cueva de los vampiros y vieran que allí no había murciélagos. Y la chica embarazada, estaría agradecida de contar con un médico experto en sobrenaturalidades, aunque éste fuera vampiro.

Sin embargo, nadie en casa, salvo el propio Carlisle compartiría el entusiasmo ante las novedades, ni yo tampoco. El hecho de que Edward estuviera dispuesto a que su recién descubierta hija tuviera contacto con ellos, implicaba que realmente se fiaba de los desconocidos. Pero eso no era suficiente para mí. No puedes meter a dos licántropos (por muy híbrido que fuera Job se consideraba licántropo, por lo visto) en la casa de sus enemigos naturales y esperar que no pase nada. Era utópico, y a mi hermano no le pegaba nada. ¿Qué tenían los pensamientos de esa chica para que se fiara tanto?

Edward, ahí también está mi hija. No es una decisión que puedas tomar tu solo. No es justo. Por encima de la curiosidad estaba la seguridad de mi hija. Ella no era ningún híbrido como la hija de Edward, sino que se trataba de una frágil humana que no podría hacer nada si alguno de los dos se transformaba. ¿Podía el híbrido transformarse? Ni siquiera lo sabía, era muy arriesgado.

Aun así, tampoco podía negarme directamente, porque entendía la lógica de la idea de mi hermano. Entonces se me ocurrió la excusa definitiva, y hasta me permití sonreír: Rose. Intenta poner al proyecto de lobo en la misma habitación que Lilian. Me gustaría ver la cara de Rosalie, de verdad que sí.

No obstante, ese mismo sentimiento de protección hacia mi hija, me hacía identificarme con la mujer. Su hijo no encajaba en el mundo, igual que Lilian no encajaba en el mundo de los vampiros. Ella aun era pequeña para darse cuenta, pero era un problema en el que tendríamos que pensar. Yo también deseaba una vida normal para mi hija, así que podía entender la situación a grandes rasgos. Suspiré.

Yo me ocupo de Rose. Sacaremos a la niña, al menos hasta saber que no va a transformarse delante de ella.

- Los raros entre raros se entienden –murmuré. No te ofendas, Edward, no es nada personal contra tu hijaEstáis invitados, bienvenidos, y todo eso, aunque luego tengamos que echar ambientador – hice una mueca, al pensar en ese insoportable olor impregnando toda mi casa. De cualquier forma, sonreí, ante un nuevo pensamiento – Y tú resérvame una carrera - le dije al chico.

Era mi mejor forma de decirle “vamos a llevarnos bien”. Y además suponía la posibilidad de probarme contra alguien que no fueran mis hermanos. Dos pájaros de un tiro.

- Pero tendrá que ser después del instituto – repuse, al fijarme en que el reloj estaba apunto de marcar la hora.



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Si para ti sólo es un juego, que sepas que venceré [Solamente los administradores pueden ver esta imagen]

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RETOS:
Retador: Kya --> Te reto a que muerdas a una humana hasta el punto que tenga que ir urgente al hospital.

Retador: Kate Denali----- Te reto a que le digas a Rosalie que encontraste a una humana mas linda que ella y que si le puede dar un hijo

Ratador: Kate Denali ---- te reto a que le digas a esme que no te gusta la decoracion de la casa que os hizo y por eso la desarmaste

Retador: Alice Cullen - Te reto a que le confieses a Edward que si fueras mujer también estarías interesada por él y rendido a sus encantos pero como eres hombres te toca aguantarte...





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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Jue 1 Dic - 18:33

La desesperación del momento era aturdidor, fraccionaba mis sentidos y me hacía dar vueltas la cabeza. Era un momento en que me hubiese gustado enseñarles de que iba todo este asunto bien podría convertirme en lobo y atacarlos hasta que la muerte nos alcanzara y claro debo admitir que sería el primero en caer, pero que más da cuando podría hacer lo que se me diera la gana. Eso quería, hacer lo que quisiera hacer. No obstante tenía a mi madre que me lo impedía, y no al mirarme de una forma en que podría rompersete el corazón o que me diera la espalda por querer aprender más de esos chupasangre, sino al saber que ella no podía defenderse y al verme perder los estribos haría algo tonto para detenerme. Tan predecible.

Los minutos transcurrían y yo seguía asombrandome más y más -que no reflejaba en mi rostro- de todo lo que decían. ¿Qué no se supone que los vampiros atacan a la primera provocación? Agg me da pereza saber que no será así. Y el cobrizo solo se limitaba a exponer su don ante nosotros como si no pasara nada, todavía de que había revelado mi secreto se daba sus aires de grandeza. -Pff- resoplé con su supuesto brazo a torcer. Eran ellos los que nos habían venido a atocigar después de todo, sino querían problemas no se hubiesen dignado a hablarnos. Recuerda que fue por el dichoso tratado pensé además en cuanto Alma los hubiera visto habría saltado a ellos con miles de preguntas. Sino la conociera yo.

Rodé los ojos cruzándome de brazos dirigiéndole una fugaz mirada al cobrizo para después clavarla en el fornido. Y es por ese motivo que desconfio madre, porque tienen los ojos dorados como él. Y no es porque tuviera un odio hacía él porque realmente me siento pleno con lo que soy. La razón es que no se puede confiar en ellos, sea cual sea el color de sus ojos, sus instintos están allí amortiguados, reprimidos pero siguen allí. -Genial gracias por la explicación me preguntaba si tenías más talentos- musité sin tapujos. Aunque acepto que si que era interesante su don, no tanto como el mío pero podría serlo. Ojalá pudiera tener ambos dones, sería fantástico poder influenciar los pensamientos después de leerlos, así tendría mayor certeza de hasta que punto debían ser manipulados, no que siempre andaba los tiraba a la deriva esperando a que fuesen percibidos a como yo quería. Supongo que la naturaleza también tiene sus caprichos, sin embargo ellos no son producto de la naturaleza. ¿Qué hay de mí? Bu, tampoco lo soy.

No te hará mal esperar unos minutos, Job repetí con sorna en mi cabeza burlonamente. Se sentía bien saber que no podía escucharme -ni leer mi mente- podía pensar todo lo que quisiera sin que se diera cuenta de nada. Yo tengo clases ¿recuerdas? lo recuerdo no tienes porque repetirlo, pero tú no te quedarás en el instituto. Debería dejar de estar pensando y ponerme a hablar aun cuando lo estropeé todo. Oh claro, ir a la cueva de los vampiros, donde podrían partirnos el cuello con un chasquido. Perfecto asi aumentará mi confianza.

Miré a mi madre por el rabillo del ojo y volví a poner la cara de pocos amigos. No quería ir a su madriguera. Rodé los ojos con el ceño fruncido. Pero lo que después dijo me tomó por sorpresa. ¿Tenía una hija... híbrida? Ah pero si Don perfección también había cometido un error y seguro la mamá de la niña estará muerta.

Enarqué una ceja dubitativo, quizá si me vendría bien ir a conocer a la otra híbrida; porque ¿es hija de un licantropo también verdad? Negué sintiendo la esperanza de mi madre que justo antes me había mirado con sus ojitos cargados de esperanza. Pero en su momento no les había hecho caso, supongo que siempre iba un paso atrás de mis sentimientos.

Cerré mis ojos con fuerza ante lo que había dicho el otro vampiro el que tenía algo de mi sentido agrio del humor. -Idiota- musité en respuesta a su susurro. Raro, no sería raro si esos tontos vampiros no existieran, es su culpa después de todo. Ignorantes. -Pff, como si fuesemos a ir- estaba hablando de más seguro que Alma ya hasta estaba pensando que debería llevar como muestra de paz.

Hice una mueca de desagrado enseñando mis incisivos. Ah pero si quería jugar con el cachorro. Genial creo que he cambiado de opinión. ¿Lo he hecho? No, Job, deja de pensar tonterías tu y Alma no entrarán a la casa llena de sarcófagos de los fríos. Dirigi una mirada hacía el reloj y estaba a nada de tocar la chicharra. Que pereza, tendría que dejar a mi madre sola, porque sí, ya estaba aceptando la derrota ante ellos. Después de todo Alma se mostraba más benevolénte con ellos que conmigo, ok exagero pero si iba a querer quedarse con los vampiros y me iba a decir "tranquilo hijo estaré bien" o algo así.

Tensé la mandíbula metí mis manos en los bolsillos de mi cazadora y di media vuelta. Bien a veces me comportaba como un chiquillo y no lo soy pero bien que me quedaba tal papel. -Regreso por tí a la salida- murmuré molesto porque ella no vendría conmigo -mas les vale que cuando regrese este ilesa porque sino su mente no aguantará a la mía- solo una duda me había bastado para mantener al grandote confundido ya verían que una pensamiento bien estructurado y fuerte sería un caos en la mente equivocada e inlcuso el lector no lo soportaría; dicho esto comencé a caminar entre los alumnos que llegaban al instituto.

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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Vie 2 Dic - 9:15

Realmente me gustaba ese lector de mentes. Tenía una personalidad críptica que no me cansaba de analizar una y otra vez en mi interior. Parecía una buena persona, pero estaba segura de que podía llegar a ser bastante cínico y de que convenía no molestarle demasiado. Él y las sonrisas debían ser enemigos de nacimiento, y aun así no parecía carecer del todo de sentido del humor. Le tenía además por una persona muy reflexiva y rápido en sus conclusiones, puesto que en pocos segundos había sabido cómo tratarme a mí, y cómo tratar a mi hijo. Pero quizá, lo que destacaba por encima de todo, era su inteligencia. Se me antojaba horriblemente calculador; de alguna manera su curioso poder era una ventaja para ello.

Era como una trampa mortal para mí, y para cualquier otro humano, supongo. No podía dejar de mirarle como quien observa una escultura conmovedora. En mi caso, tenía que enfrentarme al instinto que me avisaba del peligro, pero un humano normal no contaría con esa ventaja. Estaría perdido en el mismo momento en el que aquellos ojos dorados dejaran salir ese magnetismo hipnotizador con el que miraba sin pretenderlo. Ya tendría que estar acostumbrado a ser admirado, pero hacía mucho tiempo que yo no me encontraba con un ser que me hiciera sentir pequeña e insignificante. Era extraño, porque el efecto de su colosal hermano no era tan intenso en mí; creo que porque nuestras personalidades eran manifiestamente diferentes. La atracción que empezaba a sentir hacia Edward bien podría interpretarse por el deseo de una amistad, pero todo eso tendría que esperar hasta saber si la cercanía de un vampiro era demasiado para mi hijo.

Decenas de niños –porque no eran más que eso, aunque en su mundo se les considerara casi adultos – acudían a las clases, ajenos a que las historias fantásticas se personificaban a pocos pasos de su rutina. Ellos tenían suerte, pues estaban condenados a morir; a vivir una vida tranquila, tener una familia, y después morir. En cambio yo, sin desear específicamente la muerte, lo tenía más difícil. Ya una vez había intentado frenar mis transformaciones y, pese a que logré evitarlo aquella noche en la que se concibió a mi segundo hijo, sabía que nunca podría, en realidad, envejecer y morir como hacían algunos de mi propia especie. No mientras supiera que Job no iba a morir nunca. Mi destino estaba tan unido al suyo que llegaba a ser difícil comprenderlo. Lo había dado todo, y volvería a darlo, para proteger a mi hijo y aunque algún día tendría que vivir su propia vida, no podía concebir la mía si él no estaba presente. Por eso aquello tenía que ser una decisión conjunta. Yo anhelaba conocer personas con las que no tenía que guardar ningún secreto; personas a las que además no tendría que ver morir puesto que eran inmortales. Quería conocer a esos vampiros. Quería formar parte de su vida, porque sentía que aquello no podía ser una casualidad. Parecía que alguien hubiera entrelazado las cuerdas que tejían mi futuro, para que llegara a cruzarme con ellos. Nunca había tenido lo que se suele decir “amigos” y realmente me apetecía que Edward – y quizá su agresivo hermano si estaba dispuesto – ocupara ese puesto que había quedado vacío durante tantos años. Pero renunciaría a todo ello en un segundo si Job no estaba dispuesto a compartirlo conmigo.

Aun no había terminado de hilar todas estas ideas para formar un pensamiento lógico cuando escuché la proposición de Edward, más adelante secundada, aunque con ciertas renuencias, por su hermano. Entonces empecé a pensarlo con más fuerza. Me vi a mí en su casa, - en una casa cualquiera que acaba de imaginarme puesto que aun no conocía la suya – viendo una película. Algo muy humano, ya lo sé, pero también algo NORMAL y propio de los amigos. Me imaginé comiendo algo – comiendo yo, y ellos mirando – mientras nos contábamos vivencias del pasado. ¿Cuántos años tendrían? Pensé en todas las preguntas que quedaban por hacer, y que aun no se me ocurrían. Me imaginé su piel pálida brillando al sol; algo que hacía tantos siglos que no veía que empezaba a preguntarme si no lo habría exagerado con el recuerdo. Y antes de que pudiera seguir divagando, las palabras “hija” e “híbrida” se metieron en mis oídos tan rápido como la música, y provocando en mí verdaderos deseos de bailar, como si en verdad se tratara de algo musical.

¿Era padre? ¡Edward era padre! ¿Cuántas posibilidades había de que me encontrara con unos vampiros, de que estos fueran de ojos dorados y no bebieran sangre humana, y de que uno de ellos tuviera un hijo híbrido como el mío? Si no era una señal de algún Dios que controlara el mundo, era entonces una señal del mismo diablo que quería tentarme desde el infierno.

Me hacía tan feliz que nos hubieran invitado… Iba a conocer a su familia; a una familia tan diferente a la mía pero en esencia tan parecida. Iba a ver algo doloroso a la vez que hermoso: lo que yo podría haber tenido con Dimitri, si él hubiera hecho las elecciones adecuadas; si yo hubiera sabido ser lo que él necesitaba. Podría aprender muchas cosas, y desde luego quería conocer a la única persona del mundo que podía comprender a mi hijo. La única persona del mundo que podía hacerle sentir que encajaba, y ayudarle a superar su animadversión por los fríos. Quería conocer a la hija del vampiro.

Esto me llevo a cientos de preguntas más, algunas de las cuales ni siquiera pasaron de formas consciente por mi cabeza. ¿Quién era la madre? ¿Dónde estaba? ¿Había… había superado el parto, o su destino habría sido el mismo que el de la madre de Job? ¿Qué edad tenía? ¿Qué tipo de híbrido era, cuáles eran sus características? Era muy difícil que fuera alguien como Job. Por lo que sabía de ellos su relación con los licántropos no era muy buena. Pero aunque su madre fuera una humana normal, la híbrida sería lo más parecido a una raza que Job iba a poder conocer. Desde luego, yo deseaba ir a esa casa; hubiera ido aunque para ello tuviera que encontrar el fin del mundo. Emmett no parecía tenerlas todas consigo, pero no se había negado. Sólo por eso estaba dispuesta a bañarme en colonia, o en lo que fuera menester para que mi olor no fuera ninguna molestia.

Estaba en mi propia burbuja de felicidad, viendo las puertas abiertas a todo un mundo que me había sido negado. Era la posibilidad de que Job conociera, además, la clase de seres de los que descendía, puesto que nunca se lo había podido mostrar más allá de mis propias impresiones. Empecé a pensar en lo que podía hacer para caerles bien a los vampiros. ¿Cuántos eran? ¿Qué les gustaba? ¿Qué debía decir y qué debía callarme? ¿Cómo debía ir vestida? ¿Había alguna costumbre que no recordara, algo que tuviera que tener en cuenta delante de ellos?

Cuando el entusiasmo se agotó – o al menos se calmó un poco – empecé a verlo objetivamente. Estar en la misma habitación que Dimitri no había sido fácil para mí incluso después de varios años. Costaba mucho superar esa pulsión que te empujaba a lanzarte sobre la especie enemiga, y posiblemente la familia de Edward no estuviera acostumbrada a sobreponerse a ese odio instintivo. La renuencia que había percibido en Emmett podía deberse a la previsión de futuro de lo que podía suceder si íbamos a aquella casa. Quizá no fuera la mejor de las ideas, al menos durante un tiempo. Quizás, en un futuro, cuando ya todos supieran de nuestra presencia…. Pero yo no quería esperar, ni me gustaba hacerlo. Yo quería ir de frente, y con una sonrisa, mostrando mi alegría para ver si así la contagiaba. No obstante, no siempre se puede tener lo que se quiere.

Y sobretodo, la cuestión que había estado evitando: la negativa de Job. Ahí vino; clara, dolorosa y definitiva. Él no quería ir a esa casa, y yo no podía reprochárselo ni obligarle. La amistad ficticia que había ido construyendo en mi cabeza se fue desarmando como un castillo de naipes. Adiós a las tardes de televisión. Adiós a los momentos cómplices, con risas. Adiós a una amistad inmortal. Adiós a miles de preguntas que jamás tendrían respuesta ni llegarían a ser formuladas.

Ya pensaba que iba a tener que irme del instituto, y de Forks, pues Job no querría ni que me acercara a ellos. Sin embargo, pareció darse por vencido y asumir que yo quería quedarme, y se despidió de mí de forma brusca, notablemente molesto, y con amenaza incluida para los dos vampiros. Le vi alejarse y no pude decirle nada, porque ese tono me había matado. No tenía nada que ver con una reacción de madre ante las chiquilladas de su hijo, sino con la certeza de saber que no podría conciliar los tres mundos: el de los no-muertos, el de los humanos, y el de los licántropos. Que Job, que era precisamente el símbolo de esa conciliación, iba a ser su mayor objetor. Y por encima de todo, no soportaba ver que él fuera infeliz, y encima lo fuera por mi culpa. ¿Debía dejarlo todo, e ir tras él? Esta vez no se trataba de concederle un capricho… o tal vez era justo eso. No estoy diciendo que sus sentimientos fueran un antojo egoísta, pero sí que los dos estábamos acostumbrados a sacrificarnos por el otro. Y eso no estaba bien; yo era la madre; era yo quien tenía que amoldarme a los deseos de mi hijo, mientras estuviera en mi mano concedérselos. No podía permitir que se mordiera la lengua y se tragara el veneno, todo por empeñarme en ir al instituto.

Pero tampoco podía dejarlo todo en ese momento, levantar sospechas, meternos en un lío aun más grande. Ahora tenía que mirar por dos hijos, y no quería una vida de constante huida y soledad para mi bebé. La mala suerte no se trataba del lugar en el que estuviéramos; no era Forks; era yo que debía de haber hecho algo malo en alguna vida anterior o algo. Y eso que no creía en el karma.

Con karma o no, así era. Era yo la que hacía de mi vida y de la de mi hijo una constante…mierda. Y eso no iba a cambiar porque volviéramos a mudarnos. No habría vampiros, pero entonces tendríamos otro problema; uno cualquiera… siempre había algo. Separar mi vida de la de Job, para dejar de destruirle, no era una posibilidad; yo era demasiado egoísta para eso, y sólo me separaría de él cuando él deseara alejarse de mí. Estaba sinceramente convencida de que la mejor opción era que conociera a la híbrida, y aprendiera a aceptar su parte vampírica, que lo hacía ser tan especial. Pero si esto le hacía daño, de un modo que en realidad no llegaba a comprender del todo, no podía permitirlo. Mis deseos no tenían nada que ver en esto.

Pero en realidad, los deseos de Job tampoco. No todo podía ser blanco o negro; a veces tenía que ser gris. Este no era un problema que se pudiera esquivar. Aunque nos alejáramos de los vampiros, la herida ya estaba abierta. Su odio hacia una de sus mitades; una de sus herencias, había quedado patente. Su odio hacia su padre; el hombre sin el cual él no habría nacido, y sin el cuál nunca hubiera llegado a ser mi hijo, pues jamás me lo habría quedado. Ni siquiera nos hubiéramos conocido. Odiar a los vampiros, era como odiarse a sí mismo, y tal vez ahí estaba la raíz de todo el problema. Tal vez odiaba la esencia de su ser; la esencia de los fríos como quien odia algo que le ha sido predestinado. ¿Cómo podía hacerle entender que lo importante no es lo que eres, sino lo que eliges ser? En serio…. ¿tan mal lo había hecho con él todos estos años como para no habérselo enseñado? ¿Tan mal lo había hecho conmigo misma como para no saber qué era lo que tenía que hacer ahora?

Le dejaría pensar, y pensaría yo también. Suspiré. Sólo había pasado un par de segundos en silencio, aunque internamente hubiera sido una eternidad de pensamientos contradictoriamente punitivos.

- Creo que se ha enfadado. – había más sarcasmo en esa frase del que había pretendido – Edward, no creo que sea posible que nosotros… aceptemos vuestra invitación.

Involuntariamente di un par de pasos hacia la multitud donde Job estaba desapareciendo. Era como si mi cuerpo quisiera seguirle; necesitándole, pero mi mente insistía en quedarse allí. El sonido de las voces se volvió de pronto silencioso, pues yo me concentraba en escuchar el latir del corazón de mi hijo, que cada vez era menos audible en el mar de corazones, pasos, ruidos y conversaciones. No sabía si había tomado la decisión correcta. No sabía siquiera si había tomado una decisión.

- ¡Eres un cabezota! - dije de pronto, más alto del volumen al que habíamos estado hablando. Algunas personas se volvieron, como preguntándose por qué llamaba cabezota a Edward Cullen. Pero en realidad se lo estaba diciendo a Job: sabía que aun podía oírme. Era divertido que le llamara eso, cuando yo era más cabezota que él.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Vie 2 Dic - 20:04

Lo que en un principio comenzó como una conversación un tanto ridícula tratándose de dos especies que se odian por simple naturaleza y el chico que compartía un mundo muy diferente que el de ellos; ahora se convertía en un suceso extraordinario. No negaba el hecho de que todo ésto se salía de los límites de su comprensión y que pensaba que llenaba un poco de melancolía y tristeza cada pensar. Desde que había leído la mente de Alma se había dado cuenta que en ella existía una chispa delicada y danzante que le eran como oleadas de sentimientos. Llegó a sentir el mismo don que Jasper podía percibir, era ilógico pero sentía que rescataba los sentimientos en los pensamientos de la mujer. Todo en ella mostraba un sentir... sentimientos.

Siempre había sabído que cada pensamiento que se ha tenido a lo largo de una existencia, lleva consigo un sentimiento, mas sin en cambio nunca lo había percibido tan nitidamente como en Alma y es que mostraba una faceta que era inigualable. Sus hermanos siempre pensaban -como todo el mundo- y siempre sabía diferenciarlos y apreciarlos con el toque característico de cada uno, pero se había acostumbrado tanto a ellos y hasta el de todos en el mundo que pasaban desapercibidos.

Era un hecho diario que cada mañana Alice tuviera pensamientos animosos, ruidosos y llenos de colores; en ellos se alcanzaba a notar sus intereses, la moda, futuro, Jasper, posibles actividades durante el día, Jasper, como iban a vestir a la pequeña Lilian, Jasper y ¿por qué no decirlo otra vez? Jasper. En Emmett era poco más variable, solo las competencias fraguadas para todos, con Jasper y sus fuerzas, conmigo haber quien corría más rápido, una cacería adelantada contra Alice, un momento armonioso con Lilian y obvio Rosalie. En Jasper notaba la competitividad que acompañaba a la de Emmett sin menos ganas de ganar sino simple experiencia, Alice, salir de su encasillamiento. Rosalie era menos variante, la mayoría de sus pensamientos giraban en torno a Lilian, después Emmett, Lilian, ropa, su vanidad y Lilian. Esme y Carlisle solo miraban por ellos y por sus hijos, un amor paternal y preocupante. Qué decir de su novia, Tanya quien pensaba en la maravilla del mundo, egolatría y felizmente en él. Y por último su recién llegada hija, que eran los pensamientos más alarmantes, siempre pensaba en que extrañaba a sus padres -a los de su presente-, en que pronto iba a desaparecer y en encontrar a Amber Lee.

Pero en Alma encontraba muchas variantes, aquella maternidad taladrante que al igual que en Rose giraba entorno a su hijo, llenaba su mente de preocupación, de un amor incondicional y hasta egoísta para sí misma. Después estaba su soledad, se sentía sola sin tener a nadie con quien platicar de su día, de aclarar sus inquietudes y de reír a carcajadas sin el compromiso de hacerlo, de sentirse realmente motivada a seguir, porque aunque tenía a Job éste siempre cumpliría el papel de hijo, y si bien se notaba que existía la confianza entre ellos un hijo nunca es capaz de cumplir todas las necesidades sociales. Y también estaba la destreza de su mente pensante, de sus instintos y del bien común que su naturaleza le exigía. Era diferente en muchos sentidos y le gustaba leer franqueza y desinterés en una mente brillante como la de ella. Compartir un sentimiento profundo, es dar desde un lugar donde existe el sentimiento puro, que es lo más cercano que tenemos a la verdad. Y aunque no pudiese leer la mente de Job, sabía que iba también en ese camino, medio influencia por otros tantos pensamientos resentidos pero carecían de petulancia.

Además que los pensamientos de Alma si que seguían el mismo camino que los de Edward, constatando que estaba en lo correcto, ella necesitaba de "personas" que acompañaran su existir. "Todos necesitamos de todos" Le dio gracia su pensar, cuando ella recibía sus palabras como una niña, como alguien quien estuvo esperando siempre algo que no sabía que era pero que aquí estaba aunado con el concepto que ella tenía de él. Hubiera reído ante los cuestionamientos y los recuerdos que en ella habían pero los reprimió. Creía que no era buena idea de llenarse de fragancias solo por caerles bien, era parte de su naturaleza y Edward no la cuestionaría y siempre podían evitar respirar para no sentir el desagrado de su aroma.

—Lo sé Emmett— musitó ante el pensamiento de su hermano con respecto a Lilian, si bien la idea no era totalmente cuerda y se avecinaba una discusión campal entre los miembros de su familia esperaba que confiaran en su buen juicio y de que existían razones importantes para llevarle allá. ¿Cuáles son esas exactamente Edward? ¿Qué te importa a tí que ellos confien en los Cullen? Y gracias a su hermano supo que así sería. Emmett estaba comprendiendo y deseaba que al explicarle a Rosalie la situación también lo aceptara. Después de todo ellas eran mamás, cubrían el papel que no les correspondía, ambas suplían las necesidades de un ser indefenso que aunque no era suyo lo amaban como tal.

Entrecerró los ojos negando con suma lentitud ya que Emmett siempre hablaba de más ganándose un mala palabra por parte del híbrido al que solo esperó que su hermano dejara de comportarse con la misma actitud del chico. A decir verdad ellos eran demasiado parecidos, quizá hasta se llevasen mejor de lo que aparentaban, igual y se podrían quitar de todas las competencias absurdas a las que el grandote le obligaba a tener para no entrar en aburrimiento lo que en Emmett significaba, gastar bromas.

Una vez más se hundía en los pensamientos, se llenaba de esos que no le pertenecían ya que eran interesantes, le ayudaban a comprender aún más lo que Alma sentía, el como percibía su entorno, que hacía para sentirse así, cual era su percepción de la vida, con qué ojos miraba a su hijo, hasta que punto se permitía perder y en cual ceder. Pudiera ser que nada más utilizaba su don para perderse en divagaciones ajenas en lugar de las que tanto acongojaban, porque así no tendría que estar discutiendo sus decisiones entre Bella y Tanya, entre su hija y Lilian, entre su amor real o el incierto, entre tantas cosas que tenía por hacer, en lo que definiría su destino y en ... algo nuevo que se despertaba en él. ¿Por qué siempre lo que más deseas y por lo que tanto has esperado llega todo junto a la vez? ¿Por qué llegaba el momento en que debía decidir? ¿Por qué su vida siempre le jugaba bromas que no era capaz de brincar?

Y por más que se esforzaba por entender a Alma se sentía un inepto, no era capaz de conocerle, y le sentía un dejo de frustración -no como la que tenía con Job y Bella a los únicos a los que no podía acceder- porque se estaba sintiendo un perezoso. Aunque rescataba algo que le hacía falta para tomar decisiones -mismas que se veían empañadas por la ferviente curiosidad por Alma- era el inigualable amor que un padre debe sentir por su hijo y que él no sentía ni la mitad de ello. Y aunque también se estaba esforzando para sentirlo solo una parte significativa de lo que se supone debe ser. Ahora que pensaba en Nessie, se daba cuenta que tenía un aprecio muy grande por ella, le inspiraba ternura y delicadeza, sin embargo tenía una leve -muy leve, casi nada- de aberción hacía ella, porque era la personita que venía a inquietar su futuro y no solo una inquietud sino que venía a truncar algo que pudo ser. Porque ponía entre dicho lo que sentía por Tanya haciéndole sentir que amarla no estaba bien sino que era a Bella por la que debía inclinarse, siendo ésta última la que menos interesaba -pero si existía un interes fuerte y delirante- y ahora entraba otra persona que colmaba su vaso lleno. Ridículo...

Se enfrascó en los pensamiento de la morena, entrando a romper el hilo de ellos sus propios y caóticos pensares para voltear todo en su contra, además de la mente bulliciosa de Emmett a quien le preocupaba su bebé -y con justa razón-. No le importaban mucho los pensamientos curiosos de sus compañeos de colegio sino la de la licántropo y es que sentía una fascinación por ella que le comenzaba a parecer inquietante. Más bien como una locura. No obstante le quitaba un peso de encima saber que ella confiaba en él, que dejaría de tener esa pieza imperfecta con la que percibía a Dimitri. No, eso no podría quitárselo, porque no se puede confiar en los vampiros, ni en Edward que al parecer estaba por tomar un decisión que cualquiera que fuese diría de él muchas cosas entre ellas resaltando su egoísmo.

Enarcó un ceja cuando escuchó a Job, se daba por vencido, más bien aceptaba que era un caso perdido, lo que encontró alentador ya que les reservaba una esperanza. Minúscula pero a fin de cuentas esperanza. Sonrió con su último comentario, ya creía que sí les daría un dolor de cabeza. Cuando había intentado implantar su pensamiento en la mente de Edward había sentido una punzada taladrante que por poco y no lograba ahuyentar, pero eso era porque lo estaba utilizando con Emmett y según pensamientos de Alma también lo utilizó esa misma mañana en el director. Lo que le dejaba la pregunta de ¿qué tan fuerte es?

—Descuida, la mantendremos a salvo— musitó quedamente en apenas un murmullo. Solo le dedicó una mirada viéndole perderse en el mundo estudiantil con un porte despreocupado y fuerte, denotándose en él su herencia licántropa con la vampírica, ambas razas eran demasiado arrogantes en esencia, con una postura erguida y elegante. Él tenía una dosis doble de ello y no pasaba desapercibido. Después de mirarle perderse entre las coquetas miradas de las estudiantes volvió a Alma quien hizo un comentario sarcástico que todos allí -incluso los que entraban en la conversación- se habían dado cuenta de la molestia palpable en el chico.

Ladeó la cabeza soltando un suspiro por la declinación de su invitación. Y una vez más Alma pensaba unicamente en su hijo, podía ver su decepción y los reproches hacía sí misma en su cabeza. Mismas que expresó en una frase. Sonrió de lado mirando a todos a su alrededor que soltaron una risita divertida y la curiosidad aumentada en miles de pulgadas. Reprimió otra risa y dio un paso al frente con un gesto pensante.

—Uhmm— dudó un par de segundos —cambiará de parecer— alzó la mirada alcanzando a ver a la castaña, negó con la cabeza y prosiguió —además no acepto una negativa para ir a nuestra casa. Después de la escuela hablaré con tu hijo y seguro accederá, se nota que es un chico curioso y emprendedor— se encogió de hombros —no creo que deje pasar una oportunidad como ésta, encontrarse con un híbrido no es cosa de dejar y— suspiró —su madre sigue viva... me refiero a la madre de mi hija— dicho ésto la campana de entrada sonó haciendo que todo mundo corriera a su primera clase. —Y ¿Cuál es tu clase?— esperaba que fuese la suya, ya que deseaba seguir hablando con ella.













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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Sáb 3 Dic - 5:53

Por lo visto, me estaba perdiendo algo interesante que se cocía en la cabeza de los otros tres. Alma parecía entender la reacción de su hijo, y Edward, como siempre, sabía los pensamientos que motivaban las de ellos dos. Quizá yo era allí el único que no entendía nada, pero a mí ese chico se me antojaba caprichoso, egoísta, y ligeramente insoportable. ¿De verdad quería meter a ese busca problemas en nuestra casa?

¿Por qué se iba? ¿Y por qué nos amenazaba? Vale, en realidad sabía la respuesta; desconfiaba de nosotros y no era difícil ver que quería proteger a su madre. Pero no me parecía la decisión adecuada. Veía cierta contradicción en sus acciones. ¿Si no confiaba en nosotros, por qué se iba y dejaba sola a su madre? ¿Y la madre? ¿Por qué se limitaba a poner esa mueca de dolor y disgusto, en vez de ir tras él, para acompañarle o para que se quedara?

Edward se acercó a ella, e insistió en que vinieran aunque la mujer acababa de negarse. Contestó a una pregunta que Alma no había hecho en voz alta y eso fue la pista para saber que había una especie de comunicación entre ambos, al modo en que sólo Edward podía entenderlo.

Si tan importante era para ambos, o al menos para mi hermano, el que aquellos dos vinieran a nuestra casa, desde luego el chico iba a ser un problema, por mucho que Edward prometiera convencerlo. Lo sabía por qué si Job se parecía mínimamente a mí no se iba a rendir facilmente. Era esa certeza de saber que teníamos caracteres similares lo que más me preocupaba. Yo era consciente de mi propio carácter, y veía a Job como alguien similar a mí, pero que además era una bomba de relojería. El peligro iba en sus genes; esos lobos no tenían ningún autocontrol, y por eso no quería dejarles delante de mi hija.

Pero si asumíamos que mi hermano ya había tenido todo eso en cuenta, entonces mis preocupaciones carecían de fundamento lógico. Y las del muchacho también. Observé como se alejaba y supe que yo podía convencerle de que se quedara; porque era yo la razón de que no quisiera quedarse.

- Tú espera hasta después de clase, si quieres. Yo voy a hablar con él ahora.

Que Edwarsd se entendiera con la parte razonable. Yo me entendería con la parte impulsiva. Sentí el impulso de esperar a recibir su permiso, pero aquello no iba conmigo. Desaparecí por dónde había desaparecido el muchacho, aun sin enteder muy bien qué me impulsaba a ello. era muy fácil mentirme y decir que lo hacía para asegurar la protección de mi familia y tenerle vigilado, pero lo cierto es que ese no era el motivo, y yo lo sabía perfectamente.

Tranquilo, hermano. Vosotros ir a clase. No voy a hacer nada estúpido Simplemente creo que puedo entenderme mejor con él que con su madre. Además, no quisiera interrumpir nada ínitmo. solté una risita Se os ve muy compenetrados. ¿Vas a probar los nervios de Tanya con una pretendiente más?

Hubiera pagado por ver la cara de Edward al escuchar ese pensmaiento, pero no podía girarme o perdería al chico.

- Espera –refunfuñé – Aquí no puedo correr.

Apenas me había alejado de Edward y de la madre, cuando en ese momento le perdí de vista, y fruncí el ceño, preguntándome si volvería. Tampoco iba a emprender una persecución, aunque hubiera podido. Pero mi interés no iba más allá de la curiosidad, y del sentimiento de empatía que experimentaba.



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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Dom 4 Dic - 11:05

Un loser es lo que soy, un perdedor. No encuentro otro calificativo más que éste, y no me culpo siempre actúo de la forma en que se supone no debería hacerlo. Siempre me ganan mis caprichos y necedades, supongo que lo único bueno de ello es que siempre me encuentro con la suela de mi zapato y aprendo una lección. Uhmm quisiera creer lo que acabo de pensar pero no puedo. No recuerdo ninguna lección que se supone haya aprendido, aunque si que he cometido errores. Sí error tras error.

Recuerdo el día en que pedí permiso a mi madre para ir a la fiesta de mi grupo -no tenía más de trece años-, lo admito iba a ser en la tarde-noche y mis nervios andaban a flor de piel que con cualquier cosilla perdía los estribos y mi fantástica transformación se llevaba a cabo en contra de mis deseos y en un santiamén. Pero, ¿acaso le da eso el motivo para decir que no? Rayos ahora que lo pienso sonaba muy lógico. Yo mismo me hubiese dicho que no de ser el yo actual. Sin embargo no hice caso alguno y me largué a la fiesta, fue muy buena, exceptuando la bebida, los olores tan fuertes con una levadura al límite lastimaban mi sentido del olfato. Como sea estuvo genial, hasta que por desgracia pasó lo que tenía que pasar. La Luna llena -que aunque no es como en los hijos de la luna si tiene un peso influenciador en nosotros- anunció la caída de la noche desoladora. Gracias a los vagos de mis recuerdos ellos no sirven de agentes de reproche eterno, pero sé que estuve a punto de convertir todo ello en una masacre estudiantil de no ser Alma. Siendo éste el primer error de mi lista y no el más errante.

No fue un suceso bonito ni algo digno de alabarse, pero mi madre me dijo: "Solo se considera un error aquel suceso de la vida en el que no se ha aprendido nada". En ese momento pensé, espero te refieras a que debía aprender que nunca se debe salir en luna llena o era el punto donde te desobedecía? Mentiras ya ni recuerdo lo que pensé y si en realidad ese hecho tiene una moraleja, solo sé que jamás, jamás se debe dejar a la luna influenciarte, aunque ahora lo he aprendido gracias a la práctica ya que puedo transformarme cuando yo quiera y no cuando mis sentidos lo dicten.

Y ¿a qué viene todo ésto? Ah sí, a los errores. Justo en este instante mientras camino alejándome de Alma -Dios que bien se siente llamarle por su nombre- cometo un gran error, ella quiere entamblar una amistad con los vampiros y yo el muy... ¿cabezota? Sí, eso. Me sonrió ahora que lo he escuchado de labios de mi madre, y tiene razón, lo soy. Soy un egoísta y tonto, lo acepto pero, pero lo único que no quiero es que mi madre confíe tanto en esos ojos dorados y que después le salgan con un jugarreta como lo hizo mi padre. Ella no se merece tan cosa de nadie, sé que aunque no lo diga en el fondo sigue sintiendo esa espinita dolorosa de la traición y conmigo a su lado no hago más que recalcándole lo cierto que és. Es por ello que le debo más que la feliz vida que me ha dado, sino el consuelo que he encontrado en ella siendo que bien podría haberme odiado por ser parte de su bien amado que una vez le engañó y le dejó sola para que se enfrentara al mundo con un crío entre sus brazos.

Cada vez que me meto en líos pienso en las miles de cosas de las que ella se hubiese librado de haberme dejado allí a mi suerte. En el mejor de los escenarios diría que alguno de ellos se hubiese tocado el corazón como Alma. Sí, quizá hubiese sido criado por lobos; ah esa frase carece de chiste alguno, no es como las caricaturas. Tarzán y Mongli loes he superado. Qué ridículo soy me pongo a pensar en tonterías. Pero a lo que voy es que ella pudo haber llevado una vida mejor, junto a los suyos. Suyos. Yo no formo parte de ningún bando aquí, en cierta forma si que soy un raro, dendito vampiro hablador y me refiero al grandote con su frase "Los raros entre los raros se entiende".

Hablando del hablador. ¿Acaso no habían entendido el Vengo por tí a la salida y la amenaza sugerente? ¿Es mucho pedir que esos vampiros se alejen de mí? Alejarse, por favor, comparto tanto con Alma que con vampiros. Me fastidia el mundo, ahora me siento más confundido. Me pregunto si la hija híbrida sentirá lo mismo, quizá si comparta más su mundo. Creo que siempre no comparto la misma cantidad de uno con el otro. Mis sentidos se deslizan sutilmente acariciando la raza de los vampiros, pero con los licántropos en ellos no solo la acaricia sino que la abraza y envuelve. Lo sé, mi instinto lo capta también. ¿Qué hubiese pasado de haberme criado un vampiro? Seguro eso mismo le pasa a la híbrida, se desenvuelve en el mundo vampírico, se siente más atraída por ellos que por su segunda raza. Aish que suplicio para mi pobre mente. ¿Por qué no puedo usar mi propio don en mí mismo?

Avancé con seriedad, pero ya no de disgusto hacia los vampiros -bueno al grandote que me seguía si- y su absurda invitación que a estas alturas mi madre ya hubiera aceptado. Es más ya hasta podía verla diciendo "¿Qué tipo de sangre les gusta más? Igual y llve una botella" solté una risita divertida por las tonterías que pienso, por suerte ya había salido del instituto y me encontraba bajando las escalerillas. Lo que más odio de éste pueblo es justamente eso. Lo que miro ahora caer de las aisladas gotas que terminaban en un plash al caer en la solidificación de sus alrededores.

—¿Qué es lo que quieres?— inquirí con voz sosegada mientras terminaba de bajar la escalera con repentina lentitud —si estas intentando hacer que vaya a su casa de murciélagos, olvídalo. Alma puede ir si lo desea— busqué el coche con la mirada encontrando el estacionamiento lleno de vehículos. Y yo que creía que este poblado era de pobretones, claro no hay ferraris ni Lincols nuevos aparcados, pero al menos tienen con qué transportarse. Hice una mueca al ver el volvo plateado e inmediatamente supe de quiene era —y creía que los ojos dorados querían pasar desapercibidos— musité quedito solo para mí, aunque bien pudo haberme escuchado.

Demonios debo de estar perdiendo el juicio, creo que para cuando todo ésto termine iré a ver un psiquiatra, aunque después de escuchar mi versión de: "Soy un híbrido, hijo de madre licántropa y padre vampiro" me refundiría en una celda acolchonada con letreritos de "Tú puedes" y esas babosadas. Y cuando le cuente más historias solo comenzara a planear su libro de como trató a un LOCO de remate. Sus demás pacientes quedarán en segundo lugar pues yo estaré siendo analizado hasta la más pequeñas de mis neuronas. Es una buena idea para terminar. Me darán casa, comida y sustento ¿Qué no eso significa la gloria para cualquiera?.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Dom 4 Dic - 14:30

Quería creerle. Aparentaba estar tan convencido de que íbamos a ir a su casa, que no me fue muy difícil ser optimista. Me causó cierta gracia la forma en la que hablaba de mi hijo; se hacía parecer mayor a sí mismo, y me recordó a una de esas típicas conversaciones entre padres. Era raro si teníamos en cuenta que eramos tan sólo "dos adolescentes". Pero también era agradable. Podía hablar con alguien sobre Job, o de cualquier otro tema: podía hablar con alguien que no fuera el propio Job. Ese pensamiento me sonó tan penoso que me lo reproché a mi misma: ahora mis ideas no eran sólo mías y no quería quedar como alguien patético y solitario que necesita desesperadamente alguna relación social. En fin. Cada uno queda como lo que es.

Oh. La madre de la híbrida estaba viva. ¿Cómo era? ¿Dónde estaba? ¿Estaban ellos…? Mejor no preguntar. Pero la curiosidad me embargaba, por supuesto. Siempre me he preguntado si había habido alguna posibilidad de que la verdadera madre de Job hubiera sobrevivido. No fue culpa de mi hijo, claro: era sólo un bebé. Pero probablemente esa mujer no hubiera tenido tantos apuros con un niño normal.

Iba a contestarle, cuando el vampiro descomunal decidió ir tras mi hijo. Eso me preocupó, lógicamente, aunque no tenía pruebas de que quisiera hacerle daño y ni siquiera se mostraba ya agresivo. Sabía que Job podía defenderse sólo, pero aun así confiaba en estar lo bastante cerca como para intervenir si era necesario. No pude ocultar mi inquietud, pero no hice nada para retener a Emmett; en parte porque me amedrentaba y no me veía capaz de dirigirme directamente a él.

- ¿Estará bien? – pregunté, más para mi misma que para Edward. Hubiera avisado a Job, de no saber que ya se habría enterado de que le seguían.

En realidad, ese vampiro estaba haciendo lo que tenía que haber hecho yo, pero probablemente él iba a tener más éxito del que yo pueda tener nunca. Primero porque él no era su madre, y eso ya era un aliciente para hacerle más caso; y segundo porque si ese tipo le convencía de que no era peligroso, Job aceptaría mejor a los vampiros. Además, en algún momento íbamos a cruzarnos con ellos, si es que en verdad eran una familia. Tal vez ese mismo día Job tuviera un encuentro con alguno, cuando yo no pudiera estar junto a él. Pero ésta idea apenas se me hacía soportable.

Era curioso: no sentía que ninguno de los dos, ni mi hijo ni yo, corriéramos algún peligro, y aun así desconfiaba de la idea de que un vampiro se reuniera a solas con él. Qué ilógico e hipócrita ¿no? ¿Dónde estaba realmente el problema? Oh, nada, sólo en que pueden matarse el uno al otro, pero tú tranquila

Pretendía seguir a ambos, cuando ocurrieron dos cosas. La primera, que me di cuenta de que yo había tomado mi decisión y Job la suya; debía ser fiel a mi elección hasta el final o sino carecería de sentido. Si confiaba en ellos, confiaba en ellos. La segunda, que oí la voz de mi hijo, esa voz que casi no tenía que buscar entre el tumulto por lo bien que la conocía. Su voz sonaba molesta, pero no agresiva o asustada. Parecía controlar la situación, y yo debía hacer lo mismo. Me centré por tanto, no sin esfuerzo, en mi propio vampiro.

- Mmm… ¿Mi …mi clase? No lo sé –saqué un papel de mi mochila, que tenía impreso mi horario – Literatura ¿puede ser? - lo pregunté como si de pronto no supiera leer. ¿A qué venían esas inseguridades de adolescente? – Sí, literatura – afirmé después. Eso estaba mejor. – Pero Job… tu hermano…

La clase me importaba un comino en ese momento. Una cosa era no intervenir como madre posesiva en su conversación, y otra dejarles completamente a solas, cuando mi hijo podía transformarse al perder el control o bien resultar herido en una posible confrontación.

Sólo él podía hacer que estar con un vampiro vegetariano pudiera ser peligroso. No sé de qué me sorprendía. Ni que estuviera acostumbrado obedecerme. Pero generalmente mis palabras tenían algún poder de convicción sobre él. Supongo que tendría que acostumbrarme. Sus decisiones iban a diferir de las mías cada vez más, y mi deber era apoyar esas decisiones, manteniéndome atenta por si me necesitaba.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Dom 4 Dic - 18:38

Una esperanza furtiva, una oleada de sentimientos que se agrupaban otra vez, mientras los estudiantes se dirigían a sus respectivas clases. Gracias al pensamiento de Emmett pudo sentirse más aliviado, sabía de sobre o más bien confiaba en el intelecto de su hermano y del híbrido, estaba convencido de que lograría persuadirle para que les acompañaran a su casa. Además porque Emm tenía un buen don, su simpatía. Y Job tenía el toque competitivo al igual que su hermano con lo que posiblemente se entenderían; era eso o perderían ambos los estribos que también podría ser bueno. ¿Qué no las peleas entre "hombres" terminan en una amistad? No sabía mucho de esos temas pero podría pasar, en la literatura muchas veces había ocurrido quizá en la vida real fuese así.

Asintió ante el comentario de su hermano. En caso de que todo ésto terminara en una pelea quedaría la ventaja de que al menos liberarían adrenalina, y podrían limar asperezas. Siempre pasaba con ellos, Edward y Emmett riñendo por quien era el mejor en cazar, a veces ganaba uno o a veces el otro. Pero cuando terminaban les quedaba el buen regusto en la boca -sin referirse a la sangre- y les unía un poco más con esa fraternidad aceptando la derrota y guardando su competitividad para otro día. Intentó convencerse de ello y lo demostró al no hacer ningún comentario que le dijera que anduviera con cuidado, que se mostrara sereno y que se abstuviera de un comentario doliente. No, solo mostró la confianza que tenía en él cual fuese que fueren las circunstancias.

—¿Emmett?— soltó a manera de regaño por su pensamiento. Los nervios de Tanya estaban hasta la médula y el mirar a Swan cada día empeoraba sus propias emociones. No podía tener a alguien más entrado en sus pensares, aunque... ¿tan evidente resultaba su fascinación? No, imposible Edward, recula todo pensamiento que Emmett te haya hecho llegar ¿Estoy seguro de que ha sido Emmett o he ido yo quien lo ha implantado ya?

Ya tenía aquel presentimiento, aquel sentir que le anunciaba la llegada de algo. Lo había sentido con la castaña, en donde lo había catalogado de la siguiente forma en donde el orden de los factores no afecta el producto: la fascinación por ella era su sangre y venían también los sentimientos alucinantes variantes y danzantes. Y por la morena estaban la curiosidad de su atrayente mente y las miles de emociones que se desencadenaban con ello. En ambas estaban las emociones que cada una estaba labrando en su interior, y la curiosidad fascinante por algo que las distinguía, mente y sangre. Y a ello súmese el eterno compañerismo con Tanya y su vida misma a su lado. ¿Que no se supone que los vampiros se enamoran una sola vez de quien será el amor de su eternidad?

—Si por supuesto— sonrió —apuesto a que terminan siendo grandes amigos— rié en silencio tanto por sus propias palabras como el pensamiento de Alma —tranquila Emmett es...— se encogió de hombros —un corderito con disfraz de oso— era una broma dirigida para su hermano que se marchaba tras de Job y que se perdía en la multitud. Al menos aceptaba que no podría correr, lo que ya era bueno, porque tratándose de su hermano bien podría hacer lo que se le ocurriera. Al fin y al cabo los chicos apenas y prestaban atención al grandote ni a ellos solo a sus salones de clases. Si claro.

Escuchó en la lejanía cercana -una ridiculez de percepción- que Job recibía si no de buena manera a su hermano si de forma menos abrupta de lo que llegaron a pensar. Y sonrió ante su comentario. A veces las historias de la mitología antigua que eran bajadas a las leyendas urbanas de gente que no sabe nada de su mundo, dicen que los vampiros pueden convertirse en murciélagos cada que quieran, que mueren a causa de una estaca y que si salen a la luz del sol quedan reducidos a cenizas. Sin embargo ninguno de ellos es cierto. No pueden transformarse eso sería un poco desconcertante y vil que la naturaleza les dote de más dones para atraer y escapar; su piel es tan dura como el granito que una estaca podría hacerse un palillo al intentar clavarla y la luz del sol solo les reduce a luces fantástica como un diamante. Le era gracioso pensar en esas leyendas y más cuando un ser que debía ser conocedor del asunto lo usaba.

Dejó de prestarles atención y se centró en la adolescente. A lo que le llegó un cuestionamiento ¿Un vampiro nunca puede sentirse nervioso, o si? El quedarse inesperadamente solo con ella le resultó extraño, y de repente se vio olvidando todo. Y comenzó a sentir el cosquilleo que sintió hace mucho con Tanya y su primer encuentro aquel que le dijo que ella le elegía para compartir su vida de eternidad con él. Ahora no estaba seguro de que si eso significase exactamente lo mismo y no creía que fuese él quien estuviese eligiendo y mucho menos ella. No obstante esa emoción se sentía palpable en él.

Tragó aliva sin la necesidad de hacerlo y esperó mirando las pequeñas manos de Alma hurgando su bolso cuando ella extrajo el papel donde estaba su horario. Sonrió ante su titubeo, iba a echarle un vistazo cuando ella afirmó que así era. Por suerte para él o quizá ¿una desfortuna? le tocaba la misma clase y por un momento se sintió aliviado de que no compartieran con Swan sino la presión crecería en un porcentaje considerable y pudiera llevarle a tomar la decisión de que era mejor ir con Job y Emmett. Cosa que no era buena idea puesto que Emmett tenía la confianza de que podría sacar algo del híbrido.

—Descuida ellos estarán bien— asintió haciéndole una señal al lado contrario —la clase está por allá— caminó un par de pasos —¿vamos?— la chica estaba un poco reacia a irse y dejar a su hijo con el vampiro. Pero Edward conocía a Emmett y sabía que no haría nada imprudente, no cuando ya conocía parte de la historia de los recien llegados así que volvía a poner toda su confianza en su hermano. —Además podremos darnos cuenta si algo pasa, cosa que no creo— continuó diciendo mientras avanzaba esperando que ella hiciese lo mismo —y para que estés más tranquila y sin caer en auto-alabarme— sonrió para darle ánimo —soy el más rápido de la familia no podrán alejarse, mantendré mi mente abierta ante los pensamientos de Emmett— dijo lo último susurrando —¿entonces?—.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Lun 5 Dic - 8:53

Mientras esperaba a ver si Job daba señales de vida – es un decir, puesto que aun oía su corazón, confuso en la marea de latidos que me rodeaban – le di vueltas a la única palabra que Edward me había dirigido. Esperaba alguna clase de comentario ingenioso en respuesta, pero éste no vino, y me planteé si mi broma había sido demasiado acertada. También escuché la voz de la chica, pero dejé de prestarles atención cuando me enteré de que también tenía literatura, como mi hermano. Genial, la fiesta continúa. pensé con sarcasmo.

Empezaba a sentirme un poco tonto por estar ahí persiguiendo a un fantasma, cuando volví a escuchar la voz del híbrido. Ya había salido del instituto así que me apresuré a hacer lo mismo mientras me mantenía atento a sus palabras.

Para mí ese “¿Qué es lo que quieres?” fue como una invitación. A veces creo que tengo mal sintonizada alguna radio interna y entiendo un “¡Ey, bienvenido!” cuando alguien dice “Vete de aquí”. Pero es más divertido así ¿no?

No tardé mucho en darle alcance, siempre concentrado en que debía intentar no provocarle demasiado, al menos mientras hubiera testigos por los alrededores que pudieran ver una pelea algo atípica. El hecho de que ni mi hermano ni la loba nos hubieran seguido me hacía responsable de mantener las cosas en su cauce, puesto que no puedes confiar en que un licántropo, por muy híbrido que fuera, mantenga el control.

Me le quedé mirando consciente de que ninguno de los dos íbamos a tener mucha paciencia.

- Tranquilo, mi casa de murciélagos no es el idílico lugar que te han vendido en las películas de terror. No hay tantos ataúdes como me hubiera gustado. Y sólo me crecen alas los días de luna llena, así que estás a salvo.- dije con evidente sarcasmo. Entonces reparé en lo que estaba mirando, y entendí su último comentario - ¿Te gusta? Es un coche para pijos, perfecto para Edward, pero el mío es un Jeep.

Me apoyé en el Volvo con un movimiento rápido y desenvuelto, como si hubiera salido de la nada. Por costumbre, miré para comprobar que nadie se había dado cuenta, pero los estudiantes que llegaban al instituto iban tarde, y llevaban su acuerdo tácito de ignorar a los Cullen a su último extremo.

- Hay algo que no termino de entender. ¿Nunca te has cruzado con un vampiro, o simplemente te has esforzado por ser un ignorante en lo que a nosotros respecta? – mi tono se volvió más delicado, para añadir – Por lo que he entendido, tu padre está muerto ¿no lo conociste?

Eso explicaría por qué no quería venir a nuestra casa: le recordábamos a él y eso le entristecía. Pero no parecía eso; parecía sencillamente que nos odiara. Yo tenía motivos para desconfiar: él era un híbrido, una anomalía compuesta en gran parte por una raza enemiga. Pero yo era un vampiro; él tendría que sentirse cómodo conmigo igual que lo estaba con su madre. ¿No era mitad y mitad? Tal vez Edward pudiera entenderlo, pero yo no era un lector de mentes como él: necesitaba una traducción audible de sus pensamientos.



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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Lun 5 Dic - 19:15

Después del toque, el bullicio de los estudiantes en el interior del edificio y la boba lluvía venía la calma. No era precisamente la que se plantea siempre pero era una calma relativa, donde la tranquilidad del poblado se escuchaba en la lejanía; algunos automóviles o más bien carcachas, la apertura de los comercios y saludos cordiales. Era algo que podría tolerar con el tiempo y tenía que hacerlo, por el bien de Alma y su bebé, mi hermanito. Aunque no sé si podría tolerar estar cerca, cerca de ellos. Los vampiros.

Y menos cuando se la pasan siguiéndome. Bien exagero pero me sentía acorralado. Enjaulado entre especies. No permito engañarme a mí mismo, me miento al decir que los odio solo los detesto que no es lo mismo, pero tampoco es que me fastidien tanto, sé que dependo de su naturaleza tanto como la de mi madre, y que gracias a eso he vivido plácidamente. No digo que reniego de lo que soy, porque no es así, sino que reniego en lo que ellos se convierten. En los mentirosos que soy y que yo soy. En que no pueden callar sus instintos ese momento asesino que los mueve. Eso es lo que odio de ellos. Su incapacidad de autocontrol, y que yo también comparto. Sé de igual forma que los licántropos tampoco son santos, pero ¿qué me ha dado esa raza? Simple... una vida, una madre y una esperanza.

Rodé los ojos por su sarcasmo, genial ahora me encontraba con el otro yo. Mi yo vampiro. Suena gracioso, y no creo que sea cierto, ese sujeto parecía tener menos control sobre sí mismo que yo. Digo sino tuviera mi control a estas alturas sería un lobo corriendo a la deriva —genial, ahora te conviertes en thinker bell— suspiré —no les basta con tener fuerza y velocidad ahora hasta tienen magia—. Hablando de autocontrol Job, debería tener en la lengua, así no se me escaparía nada. En boca cerrada no entran moscas.

Negué no me gustaba ese coche, mis preferidos eran los vehículos grandes. Una sonrisa entusiasta apareció en mi rostro pero la cambié por una mueca despreocupada rápidamente, el escuchar que tenía un Jeep me hacía más ilusión que cualquier otra cosa. Aunque vamos no tenía porque estar demostrando que me apasionan algunas cosas en común con él. —Supongo que te va mejor— comenté. Pues claro que le iba bien con semejante complexión, era difícil imaginarlo dentro del pequeño volvo donde estaba recostado.

Su movimiento me hizo enarcar una ceja, tenía un buen tiempo desde que había visto a un vampiro desenvolverse y admito que gozaban de gracia, estilo y elegancia. Incluso el grandote que me daba un aire a esos animales grandotes y perezosos. Yo no tenía ese porte, supongo que es por la mezcla de razas, aunque, sé en lo que son mejor, en velocidad. Sí, bien podría ganarle en un abrir y cerrar de ojos sin necesidad de transformarme -aunque me gustaba más mi esencia licántropa- pese a que no poseía sus sentidos tan desarrollados. Tengo poco más de esto y poco menos de aquello. Me fastidia. Ádios ilusión de ganar.

Metí la llave en la puerta del copiloto abriendola con un chasquido que sonó fuerte para mis oídos. El último alumno tardista estaba cruzando el estacionamiento y me dedicó una mirada reservada pero al vampiro -que llamaba más la atención con ese porte de "Aqui mando yo" recostado en un lujoso automóvil- ni un vistazo. Con lentitud giré mi rostro hacía él, entrecerré los ojos dedicándole una mirada sombría. ¿Qué no había quedado claro ya? Desde mi garganta subió un leve gruñido y mi labio se tensó mostrando los colmillos que si bien eran de un gran tamaño solo se debía a la sangre licántropa. Mis colmillos eran más pequeños y delgado que los de Alma, terminaban en una delicada punta filosa que recordaba a los colmillos delicados de los vampiros. Al igual que todo yo también compartían lo de ambas razas.

Tranquilo Job. No ha preguntado nada malo. Una pregunta, curiosidad pensé calmando mis propios instintos que me hacían querer golpearlo. ¿Podría dolerme si lo golpeo en esa cara burlona y compasiva? Porque si él me golpea si que me dolera, mi piel tiene la fuerza que la suya pero a diferencia de ellos -que tienen fama de no sentir- yo tengo sensibilidad en todo el, además que no poseo el poder de regeneración que los licántropos. Me fastidia no tener todo de los dos, ¿por qué me limitan tanto?

—No me mantengo ignorante a... ustedes— dije con recelo —es obvio que nos hemos cruzado con vampiros, ustedes se reproducen como conejos— sonreí con sorna lamiendo mis labios mientras dejaba atrás mi postura defensiva y suspiré me daba por vencido otra vez. Mi subconsciente trabaja de diferente manera, siempre hace lo que quiere y yo me atengo a ello. —Es solo que siempre son vampiros comunes, no raritos como tu— y regreso la broma. Después de todo ellos también eran raros, querían seguir sus propias reglas, digno de admirar pero sin caerme bien.

—Y mi progenitor esta muerto. Se lo merecía era un simple chupasangre — mi desprecio se reflejó en cada palabra me encogi de hombros y recargué mi peso en la puerta del coche. —Y deja de mirarme con cara de lástima, que no conocerlo ha sido lo mejor a estas alturas iba ser yo quien lo hubiese matado— recordé otra vez la historia de Alma, lo mucho que lo había amado y que él había traicionado toda la confianza que había puesto en él con una mujer. Una mujer que era un licántropa, su enemiga natural.

No me di cuenta y de pronto me encontraba sonriendo, trayendo a mí una memoria arraigada que siempre me ponía feliz y que me recordaba al amor mismo. Un sonido quedo y rítmico, que me hacía sentir sereno y contento cuando el miedo me embargaba. Una melodía escuchada a la distancia y que me resultaba enternecedora, y que ahora lograba escuchar con mayor nitidez, tan cerca de mí. Hace tres noches me había despertado aquel sonido, como si estuviera muy cerca. Por más que busqué a mis alrededores no lo encontré sino que se alejó más y más a cada paso que daba. Sin embargo cuando regresé a casa el sonido volvía a ser fuerte, me escabullí silencioso buscando la procedencia y lo único que pareció haber sido -y que no estoy seguro de ello- era Alma y su bebé. Un recuerdo.

Sacudí la cabeza y una vez más mi rostro se tensó. No debía estar permitiendo que me llegaran los recuerdos cuando tenía a ese amendrador vampiro a poca distancia. Y menos cuando bien podría irse o atacarme o yo que sé hacer otra cosa de vampiros. Eso no pasará Job. Quizá no pero más vale ser precavido, yo nunca lo he sido pero algo debí haber aprendido de Alma ¿no? Ella ha sido, es y será siempre mi mejor maestra y guía. Así que era el momento de poner en práctica todo lo aprendido. Si es que yo he sido un buen pupilo, cosa que dudo pero hay que hacer el intento.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Mar 6 Dic - 5:21

Para mi con las palabras de Edward era suficiente. Me pregunté si estaba en sintonía con ellos dos mientras hablábamos. ¿Cómo era estar en su cabeza? Confuso, sin duda confuso. Se debían de escuchar cosas no muy agradables.

Por el plural que utilizó, deduzco que teníamos la misma clase. No pude evitar sonreír al saberlo. Ir a clase parecía menos aburrido si iba a estar con él, y así podríamos continuar nuestra conversación. Había muchas cosas que contarse. Además, Literatura me gustaba mucho. Aunque no existía nada que un profesor de instituto pudiera enseñarme a esas alturas. Pero siempre era interesante ver cómo explicaban las épocas en las que yo había vivido. Me sentí vieja de pronto, y eso me sacó otra sonrisa. Creo que en ese momento lo único que podía pensar era “feliz feliz feliz feliz feliz”. Con musiquilla infantil y todo.

Con que era el más rápido de su familia. Sería interesante verle competir con Job, si es que ese juego amistosos se llegaba a producir. No es por ser su madre, pero apostaba por mi hijo. Vale. Quizá si fuera por ser su madre.

El caso es que todo parecía ir bien en el “frente de batalla”. Más que atenta a Emmett y Job, cuyas acciones y palabras me llegaban de forma difusa a través de la distancia, me fijaba en Edward, porque en función de sus reacciones podría saber si estaba pasando algo malo. Y entonces sacaría velocidad de donde no la tenía para llegar junto a mi hijo.

Como todo estaba bajo control, y puesto que aun le tenía esperando una respuesta, comencé a caminar en la dirección que Edward había indicado, tyratando de no llegar tarde. Sería incómodo sentir todas las miradas sobre mí y mi embarazo, y aunque no iba a poder evitarlo, si podía hacer lo posible para evitar que la clase hubiera empezado y la gente estuviera en silencio y sentada en sus pupitres, sin más entretenimiento que fijarse en la nueva.

- ¿Cuánto tiempo lleváis aquí? ¿La gente no….? – no acabé la pregunta,, aunque con él no era necesario no formularla en voz alta. ¿La gente no sospechaba lo que eran? En fin, parecían modelos de televisión, su piel era blanca como la de un cadáver, sus ojos de un color imposible que además si recordaba bien se oscurecían en función de su hambre, y estoy segura de que alguien se tenía que haber fijado en que, en realidad, no comían. Y no enfermaban. Y no tropezaban. Y eran perfectos en todo.

Al doblar la esquina vi el número del aula al que teníamos que ir. ¿Me pedirán que me presentara? ¿alguien preguntaría en voz alta quién era el padre de mi hijo? ¿Importaría mucho, aunque fuera absurdo el racismo en ésta época, el que yo no fuera un “rostro pálido”? Me mordí el labio. ¿Por qué se habría ido Job y con él su efecto sedante?
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Miér 7 Dic - 19:20

El bullicio había quedado reemplazado por el cuchilleo de los alumnos mientras tomaban su asiento, sus corazones retumbando gracilmente, uniéndose a ellos el de la licántropa y el pequeño que por momentos se sincronizaban armonizando una melodía. En el exterior solo se apreciaba el caer silencioso de la lluvia, el corazón vivaracho del híbrido y la mente rosagante de su hermano. Alcanzaba a enterder las palabras que se dedicaban y la parlanchina mente de Emmett a la perfección, pero las dejó en un tono más bajo en su propia cabeza para prestar la atención necesaria a lo que se desarrollaba entre ellos así como seguir en la conversación con Alma sin que las frecuencia del exterior simulara un distractor para él.

Sin embargo estaba consciente que no se debía deslindar del todo de esos dos. En cualquier momento podría salirsele de control y debía ser lo bastante bueno para ir en ayuda; aunque no sabía exactamente en ayuda de quien era por el que debía de inclinarse. Suponía que sería cuestión de hacer que ambos se alejaran el uno de otro, en todo caso debía dejar de pensar en ello cuando tenía mejores cosas en qué hacerlo, como en diseñar bien lo que quería preguntar y lo que tenía que dejar a que la mente de Alma se lo respondiera. Al parecer ella estaba dispuesta a hacerlo, por lo que no tendría que preocuparse por hacer todo un plan para abordarle.

Comenzaron a avanzar mientras escuchaba de manera silenciosa los pensamientos de Alma, algunos de ellos le eran de mucha gracia, le hacían pensar que ella conservaba lo que muchos de su especie -los vampiros- había dejado atrás, su alma joven. Si bien conservaban la juven en sus rasgos, movimientos y esencia, en cuanto a los pensamientos era donde se marchitaban, se llenaban de telarañas de su historia pasada y dejaban de sentirse jóvenes en su interior. Incluso él mismo lo sentía, la eternidad le arrebataba la juventud de su yo interior, lo que en Alma no hacía falta, sino que se mostraba animosa y palpable. Solamente compartía un mundo inmortal y un rostro eternamente joven, ya que difería en esa chispa rejuvenecida que movía su pensar.

—Llegamos hace poco— rió entre dientes —o quizá ya venimos de regreso— se encogió de hombros —y... solo nos han tachado de extraños pero no han llegado a especularlo, supongo que es porque su vida gira en torno a ellos y su zona de confort, en los pequeños poblados se tiene la garantía de que todos los habitantes prefieren vivir ajenos a la realidad— suspiró —Somos invisibles solo porque la gente se niega a vernos— citó lo que una vez había leído y que se apegaba a la su realidad, la de él y los suyos, la de todos los seres extraordinarios que comparten su inmortalidad.

Sonrió de lado llegando frente al aula, puso una mano sobre el hombro de la mujer, un gesto que en nada iba con Edward, su mayor don era la indiferencia de sus palabras. Además de que el establecer contacto físico con un licántropo estaba fuera de lo habitual en cualquier perspectiva y más cuando era un dama a la que abordaba, un ser diferente de lo que era.

Su tacto era demasiado caluroso -o quizá fuese solo su impresión- no poseía la dureza de su piel, ni la fragilidad de la de los humanos. Una oleada le un sentimiento febril cruzó su sistema en cuanto su mano se instaló sobre su hombro e inmediatamente la quitó sin quitar la sonrisa amistosa, dejando ese momento solo para él y su mente en que experimentó un extraño sentir que por demás se atrevía a concluir era distinto a lo antes sentido. No podría reflejar todo lo que alcanzaba a sentir porque significaba que lo estaba considerando..., el sentimiento.

—Adelante, todavía no llega el profesor— musitó quedito —y no creo que nadie pregunte nada solo— dudó y se alzó de hombros —lo pensarán— después de ello abrió la puerta, esperó a que ella se armara de valor y entró tras ella con sus pasos silenciosos y sigilosos que ya todos conocían, por lo que como siempre no prestaron atención. Siempre pasaba como él mismo lo había dicho "Invisible". La actitud de los Cullen tan apegados a ellos y sin que su círculo se abriera hacia nadie más había dejado de ser centro de curiosidad para los estudiantes, incluso los profesores se sentían recelosos con las habilidades de los chicos.

Edward siempre tenía un espacio en el fondo, donde nadie se atrevía a compartir, era una excelente ventaja para él puesto que era un huraño para con todos. Pero, ahora se le antojaba provechoso tener ese sitio para reservado para Alma, aunque para ella simbolizaba la caída en el status quo del mundo estudiantil. Si alguien se juntaba con los Cullen se alejaba de la "popularidad" en el grupo selecto del que él no sabía quienes lo conformaban. No obstante se limitó a indicarle donde había un espacio libre -aunque todavía estaban algunos- pero vamos que si querían seguir con la plática, ella tendría que optar por el asiento que él señalaba con un rápido movimiento de labios no captado por nadie salvo Alma.

Mientras caminaba hacia su asiento los curiosos dedicaron una mirada a la chica nueva y a su bebé por nacer. Sus pensamientos giraban en torno a aquella "metida de pata" donde había truncado su futuro por la maternidad, sin saber lo que realmente había pasado para llegar a concebir. Ante tales pensamientos que por lo menos nada tenían que ver con la segunda preocupación de Alma, tensó su mandíbula sintiéndose enojado, adelantándose a las habladurías sobre ella que se desencadenarían. Por ahora solo eran pensamientos pero después serían chismes hirientes.




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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Amethyst White el Vie 9 Dic - 11:05

Ese día estaba siendo horrible, no solo había perdido un objeto preciado de George, si no que había chocado con unas chicas y éstas se habían enfadado y destrozado parte de mis dibujos de la carpeta, por lo que entré a clase con lágrimas en los ojos.
Miré alrededor y me senté al lado de Edward Cullen.
Saqué los pedazos rotos de mis dibujos que con tanto trabajo y esmero me había costado hacer y ahora habían sido destrozados, no tenían arreglo alguno, pues hacerlos de nuevo era imposible, ninguna obra quedaba igual.
Mi vida era un desastre, no tenía amigos, no tenía nada. Solo burlas y ya.
Miré de reojo y vi el ambiente de la clase como todos hablaban de manera entretenida porque aún no llegaba el profesor.
Como los envidiaba.
Yo solo teía mi cámara y mis dibujos. Como siempre...
George me decía que buscase amigos, que él sea popular no significa que todos seamos como él. Odiaba ser yo.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Lun 12 Dic - 14:47

OFF: Holas Amethyst. Bienvenida! Tenemos aquí un post un poco raro, con dos conversaciones simultáneas...

ON:



Escuché con atención esforzándome por no interrumpirle. Me forcé a ser paciente, recordándome la intención con la que estaba manteniendo esa conversación. Me hizo gracia que pensara que nos reproducíamos en gran número, cuando hasta hace poco, no sabía que los de mi especie pudieran tener hijos naturales. Además, tampoco había tantos vampiros por ahí sueltos, por suerte para los humanos.

Algunas cosas de las que dijo me chocaron… Ciertamente Job era un tipo con grandes contrastes. Me quedé pensativo, porque tenía muchas cosas que decir y en realidad yo era de pocas palabras. De repente solté una risotada.

- Vaya. ¿Matarlo? ¿De veras? ¿Y cómo pensabas hacerlo? – lo dije en un susurro, como si fuera más para mí que para él. Tampoco quería que se pensara que me estaba riendo a su costa, por lo que me apresuré en explicarme – No es porque no seas físicamente capaz, sino porque no te veo yo de asesino, y menos de parricida, aunque quién sabe….. Y no te miro con lástima, sino con curiosidad. Hace tiempo que dejé de sentir lástima por la gente.

Apoyé las manos en el capó del Volvo y, con cuidado de no abollarlo, o Edward me mataría, hice fuerza, me impulsé, me subí encima y me senté, en un gesto rápido y desenfadado.

- No sé mucho sobre tu pasado, ni me importa en realidad –mentí – Pero algo he podido deducir de la conversación de ahí dentro. Aunque le odies, tu padre debía de ser un “rarito” como nosotros, o sino no habrías podido nacer.

Miré las nubes –grises y aburridas como siempre – y me pregunté a dónde quería llegar; a dónde estaba dispuesto a llegar, y a dónde me dejaría llegar aquél chico. No digas nada que no dirían Edward o Carlisle.

“Lo que te define no es lo que eres sino lo que haces. “ ¿Has elegido ser un híbrido? Porque yo no he elegido ser lo que soy, aunque ahora, tras tener una familia, lo elegiría. No voy a negar que me gusta ser vampiro – sonreí – Probablemente soy la criatura más fuerte del planeta, y eso me encanta. Pero no todos mis hermanos comparten mi entusiasmo. Hemos elegido ésta vida porque no queremos matar a los humanos, aunque su sangre nos llame, nos sea necesaria, y nos duela…Si te pareces en algo a la hija de Edward, puedes resistirte a la sed, si es que la sientes. Tan sólo eres un vampiro diluido. Te envidio por ello. Si yo fuera como tú, no tendría ganas de matar a mi hija a cada segundo –revelé con algo de fiereza en la voz – Tengo una hija humana –expliqué con una sonrisa.



- No te estoy pidiendo que te gusten los vampiros. Tú no me gustas, y tu madre me es más bien indiferente. Te estoy pidiendo que no juzgues sin conocer y que no fastidies los planes de mi hermano. Él, por alguna razón que no entiendo, quiere que tu madre vaya a nuestra casa. Por cierto, que a ella la podría ser útil, ya que mi padre es médico. Un médico que no hará preguntas si ve algo raro en la analítica de la madre o del niño….Y ella no irá si no vienes tú, porque por lo visto sois un pack, o algo…Pero eso no me preocupa. Acabarán por convencerte. –conocía los dotes de persuasión de Edward y me faltaban por conocer los de Alma – La cosa es que tu presencia va a traerme algunos problemas con la gente que más me importa y quiero asegurarme de que vales la pena. Porque chico, de momento no me estás resultando muy coherente con todo eso de odiar lo que te hace ser como eres



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Spoiler:
Si para ti sólo es un juego, que sepas que venceré [Solamente los administradores pueden ver esta imagen]

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RETOS:
Retador: Kya --> Te reto a que muerdas a una humana hasta el punto que tenga que ir urgente al hospital.

Retador: Kate Denali----- Te reto a que le digas a Rosalie que encontraste a una humana mas linda que ella y que si le puede dar un hijo

Ratador: Kate Denali ---- te reto a que le digas a esme que no te gusta la decoracion de la casa que os hizo y por eso la desarmaste

Retador: Alice Cullen - Te reto a que le confieses a Edward que si fueras mujer también estarías interesada por él y rendido a sus encantos pero como eres hombres te toca aguantarte...





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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Miér 14 Dic - 17:18

La lluvia discurría como una cortina plateada que caía perezosame en una danza silenciosa que hasta cierto punto lograba tranquilizarme, porque pese a que odiaba estar aqui -cosa que ya he dicho miles de veces- en un poblado que decía "Bienvenido a la lluvia eterna", escuchando al vampiro "dorado y amendrador" que decía cosas que ya sabía, que mi madre había dicho tantas veces, se volvía tranquilizador, incluso la calma reinaba en los alrededores, en el bosque donde muchos animalillos disfrutaban de la vitalidad de la lluvia mientras que otros se escondían felices de tener un hogar.

—Uhmm— me encogí de hombros, tampoco él tenía la pinta de ser capaz de matar, de darte un golpiza al grado de no reconocer tu propio rostro en el espejo sí, pero matar bueno mi madre tenía confianza en sus ojos ¿no? Pero bien se sabía que tenían cara de no romper ni un plato pero eran capaces de romperte los huesos con un beso —pero ya sabes, se puede hacer todo por tus seres queridos — no podía cesar en mí el pensamiento de mi padre, de su susurro escalosfriante que me hizo dar un brinco aún en el vientre materno. Eran esta clase de extraños sucesos que solía recordar cuando a veces ni de las tablas de multiplar me acordaba. Qué ridiculeces.

Yo sé que este comportamiento no era usual, siempre he sido una persona controlada y diplomática, mi madre me ha educado así, no obstante estos vampiros me ponen los pelos de punta. Me hacen sentir extraño, distante. Como si su sola presencia moviera fibras sencibles dentro de mí y las hicieran jirones con un gran zarpazo. No me he detenido a pensar que parte de mi es lo que mueven, es decir, para bien o para mal, aunque eso termina de importar un bledo cuando estoy comportándome de ésta manera. Una vez más insistiendo en mi tonta percepción.

Le hice un mohín de disgusto, si no quería saber mi pasado entonces qué rayos hacía aquí preguntándome o más bien dando comentarios de persona adulta? Vaya no creí que alguien como él pudiera aparentar tener mayor edad con sus palabras, digo, el cobrizo inmediatamente mostró su postura que me hacía intuir que llevaba varios siglos en este mundo, pero éste... —baah, nadie ha dicho lo contrario, era raro y mentiroso igual que todos los vampiros— musité, sabía que él escucharía, los vampiros y los licántropos comparten un sentido auditivo muy agudo —y creeme, no lo odio, solo...— sonreí con picardía. ¿Solo qué? Solo lo desprecio, no a él ni a lo que era -ok solo un poco a lo que era- pero el verdadero desprecio estaba en la falta de moral y honor hacia quien decía decir era su amor.

Lo que me define. Hasta la fecha nada me define, soy tan cambiante como mi estado mismo. Me revelo ante mis propias rebeldías, es absurdo, pero, cuando marco mis propios límites de comprensión los sobrepaso, cuando establezco aquellas frágiles murallas las rompo. Nunca estoy entre los márgenes que yo mismo me impongo, tanto buenos como malos y, qué decir de las reglas y normativas ajenas. Si las mías no respeto...

Sin embargo algo dijo ese vampiro que me pareció totalmente salido de una novela barata -igual que mi propia historia- él tenía una hija humana. Adoptada supongo, porque si me dice que su hija ha salido ilesa de cualquier gen híbrido sería una idea estrafalaría que seguramente muchos estarían dispuestos a cubrir. Yo sabía que a los vampiros les costaba trabajo suprimir esos deseos incontrolables de sangre, era un verdadero suplicio. Lo sabía porque Alma solía contarme algunas cosas reelevantes de los fríos -puros-. En eso mantengo mi postura de respeto ante su sensibilidad de la humanidad, aunque también tenía entendido que en cualquier momento podrían perder aquel control -como mi padre- y caer más bajo aún.

—¿Por qué quieren ser diferentes— inquirí con voz melódica apasiguada por la misma lluvia que empapaba mis cabellos volviéndoles más oscuros —... si la sangre de los humanos es taaan apetitosa? Tu hija no ha de tener tanto tiempo contigo, pero has dicho que volverías a elegir esa vida ¿por qué?— alcé la mirada hacía él que ahora se encontraba en el capo, realmente me sorprendió ver que el pobre artilugio seguía en pie con semejante especímen sobre el —simplemente se engañan así mismo porque seguro han de tener sus tentaciones, no creo que no hayan sucumbido a...— dejé la frase sin terminar, pasé de mirarlo a él a fijar mis orbes en el pequeño charco de estacionamiento. Allí donde el agua hacía contacto con el aceite regado de los automóviles se formaba un discreto arcoíris de colores iguales al de los cielos.

Me quedé mirando al espeso arcoíris en el piso mientras recostaba mi cabeza sobre los brazos que yacían recargados en la puerta del conductor abierta. Seguro que la lluvia ya había mojado parte de la tapicería pero qué más daba, Alma ni cuenta se daría. Sonreí cuando él dijo que yo no le gustaba, menos mal ya en algo estabamos de acuerdo, él tampoco era de mi agrado. Y una vez más se preguntaba el porque el otro vampiro nos había propuesto algo tan inusual, a no ser qué... Puff que tontería. Levanté la cabeza contrariado por lo que se acababa de ocurrir, pero después solté una carcajada limpia y nada discreta, le di la espalda recostándome sobre la puerta, pasé mis brazos en la nuca y miré el cielo, la lluvia acaricio mi rostro y lamí mis labios, el agua era mucho más limpia que la de la ciudad. Vaya que descubrimiento Job.

—Así que tu padre es médico— afirmé volviendo a reir —ustedes sí que son raros— dije entre risas mientras volvía a girarme —déjame recapitular que mi mente no es tan brillante como la suya— fruncí el ceño y comencé a capturar cada una de sus palabras en un listado mental que fui señalando con los dedos de la mano —haber, tú Emmett— arrastré las palabras de su nombre con desgana —Edward y su familia que quien sabe cuantos integrantes son, pero por lo que pude apreciar en el edificio habían dos o tres vampiros más— suspiré —tenemos qué, hay 4 o 5 vampiros en el instituto, vegetarianos y que son "estudiantes", el chico cobrizo tiene una hija híbrida con uhmm...— dudé —una humana— ok solo lo dije al tanteo —tienes una hija humana y— reí por lo bajo —un PAPÁ que es médico— miré mis dedos con cierto recelo, acto seguido bajé la mano. —Lo admito, es una bonita familia— sacudí la cabeza y las gotas de agua se resbalaron con gracia sobre mis cabellos.

Suspiré frunciendo el ceño —Alma irá a su casa, tarde que temprano lo hará— analicé la situación, si dejaba ir a mi madre sola era un riesgo muy grande que no estaba dispuesto a correr, pero ir con ella, bah sé que será un fastidio. En este momento llega el gusanito de la confusión a enroscarse en mi mente, gracias te esperaba. No obstante era mejor ir y cuidarla y sí era cierto que había un vampiro que se dedicaba a la medicina -hecho que sigue queriendo arrancarme carcajadas- mi madre tendría mejores cuidados que... la madre naturaleza; bien que yo. —No entiendo qué peligro podríamos significar. Mi madre— lo miré entrecerrando los ojos luego resoplé, él ya había hecho una confesión -la de su hija- no? Demonios —no puede convertirse en licántropo por su embarazo y yo, tengo mi sangre tan mezclada que mi control es excelente— rodé los ojos —admito que en mi adolescencia eso era un caos, pero ahora tengo un control notable y por tu hija humana... bueno algo que no heredé de mi padre el sanguijela es la concepción de la sangre como mi alimento principal, y aunque la he probado— sonreí las únicas dos veces que sentí la sangre en mi boca fue cuando peleé en el colegio con el tipo que me sacaba de mis pasillas y era mi propia sangre, así que no cuenta, y la segunda cuando peleamos Alma y yo y logré desgarrar la piel de otro licántropo, aunque tampoco creo que cuente, era de nuestra especie después de todo. —Otra cosa más, si tu no sabes el porque tu hermano nos ha invitado a su casa y temiendo por la seguridad de los tuyos ¿por qué rayos sigues aquí?, ¿por qué no haces caso omiso a las palabras de tu hermano? Después de todo a tí te convendría que nosotros no fuéramos ¿o es que se traen algo en manos?— después de eso recordé el don del cobrizo, leer la mente ¿cuál sería la del grandote? Oh, oh.. ¿fuerza? Creo que estoy perdido.


Off: Bulla otra alumna, jhejhe aunque lee por lo menos los últimos dos post de Alma y Edward, corazón, porque Edward aún no se ha sentado xDD
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Amethyst White el Jue 15 Dic - 5:53

Off bueno ya pero aunque este de pie está en su asiento xD
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Jue 15 Dic - 8:15

Off: Perdón por la tardanza. Amenthys ¿te parece que el orden sea "Alma, Edward, Emmett, Job y tú"? Digo, es el orden que estábamos siguiendo, y me parece lo más lógico.

Edward aparentaba estar de buen humor. Su risa me sorprendió, y me pareció uno de los sonidos más maravillosos que había escuchado en mucho tiempo. Me propuse hacer que lo repitiera el máximo número de veces posible. Aunque se riera de mí, daba igual.

“…O quizá ya venimos de regreso". ¿Cuántos años tendría? ¿Sería indiscreto preguntar? Dudaba que esa norma de cortesía se aplicara también a los inmortales. …”Somos invisibles sólo porque la gente se niega a vernos” Pues, para no verle a él, había que estar ciego. Sin embargo eso me infundió esperanzas, tal vez a mí llegaran a aplicarme el mismo “vacío” y no sería tan malo como me había estado imaginando. Aunque pensándolo mejor, eso estaba bien para ellos, pero yo de alguna forma seguía siendo humana. Quería sociabilizar, aunque sólo fuera un poco, con quienes compartían mi humanidad, y no deseaba ser ignorada ni condenar a mi futuro hijo al mismo ostracismo.

Llegamos a la clase, y sentí tanto pánico que me odié por ello. No me esperaba un ejército enemigo, sino tan sólo unos cuantos críos cotillas. Y además, aunque me hubiera gustado tener a Job conmigo, no estaba sola. Tenía a Edward, y ello me tranquilizaba más de lo que hubiera podido esperar. Me puso una mano en el hombro. La sensación de frío traspasó la ropa, y contuve un escalofrío. En otro tiempo, un contacto semejante habría provocado que entrara en fase, pero hacía mucho que había logrado controlarlo. Él apartó en seguida la mano, como si se hubiera arrepentido de su gesto por algún motivo que se me escapaba, pero seguía mostrándose amistoso.

Finalmente entramos, y me pareció curiosa la forma en que Edward pasaba más que desapercibido entre los estudiantes. En un principio no me fijé tanto en cómo me miraban a mí, sino en cómo se esforzaban por no mirarle a él. De no saber el motivo, lo habría considerado hasta grosero, pero no parecían hacerlo de forma intencionada, sino que era una actitud adoptada desde hace ya tiempo y casi instintivamente.

Yo no tuve tanta suerte, claro. En mi interior escuché las preguntas que nadie hacía. Pude ver como pasaban del “Oh, una chica nueva” al “Oh, ¿está embarazada?” Quizá alguno se preguntara también por qué venía con Edward, en vez de ignorarle como hacían todos. Tras un ligero silencio, vinieron los cuchicheos, pero imaginé que lo peor vendría en la hora de las comidas y cosa así. De momento no fue nada demasiado descarado. Escuché algunas cosas que de tener un oído normal no debería haber escuchado, pero eso fue todo.

Me pregunté entonces dónde nos íbamos a sentar. Me fijé el que él miraba hacia los sitios del fondo y nos dirigimos allí. Por lo visto era donde acostumbraba a sentarse. No era un buen lugar para… para nada, en realidad, salvo para poder hablar nosotros dos. Me indicó los lugares y supe que podía negarme, pero ni siquiera lo consideré. Primero, no había muchos otros sitios, y segundo, quería estar con él.

Sin embargo, cuando iba a sentarme, otra chica ocupó el lugar. Fruncí el ceño ligeramente, deduciendo que el otro sitio era el de Edward, porque era hacia dónde él se dirigía. Me fijé en que sobre la mesa de la chica descansaban unos papeles rotos. No debía tener un buen día; quizá por eso no había reparado en mí. Bueno, daba igual. Detrás de ella había otro asiento libre y lo ocupé. De ésta manera quedaba en diagonal respecto a Edward, en el banco de atrás. Me pareció increíble que me sintiera tan desamparada, como si tenerle delante en vez de al lado supusiera que tenía que bajar unas escaleras sin barandilla.

Al ir a acercar la silla a la mesa me di cuenta de que estaba bastante incómoda. Y no por mi incipiente tripita – aunque también – sino porque hacía cierto tiempo que no me sentaba en un pupitre, y sentía que las piernas no me encajaban. Con cuidado, busqué una postura cómoda, tratando de no hacer ruido y de no llamar la atención. Me sentía en ese momento como un barril que trataba de encajarse en un espacio demasiado pequeño. Tampoco veía que en esa mesita pudieran caber mis cosas. ¿Es que todo era de tamaño reducido? Evité la mirada de Edward, porque me había dado un repentino e injustificado ataque de vergüenza. Me ruboricé, y me alegré de que mi piel fuera lo suficientemente oscura como para que no se notara. Aunque él, sin duda, lo habría notado en mi flujo sanguíneo. Eché el pupitre hacia adelante, y sin querer golpeé a la chica.

- ¡Uy, lo siento!
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Jue 15 Dic - 15:43

Seguía asombrándole su capacidad cognositiva, su esencia misma que hacía una serie de revelaciones ante el vampiro, que despertaba un interés inusual. Nunca antes había tenido que llegar a tanto, porque podía admitir que muchas otras mentes habían causado un gran interés en la antiguedad, no obstante nunca fueron una revelación, como una llama. Sí, exacto, ahora podía definir a la mujer, su mente y en sí ella misma como una llama. Una poderosa flama que se extendía por todo su ser -como muchos llaman chakra- iluminando un sendero, su sendero... el de Edward. Le inquieta tentar a su suerte con este descubrimiento, porque ahora tenía algo diferente fluyendo en su interior. Algo diferente que hasta cierto punto le llenaba de temor. Pero, ¿de qué puede temer un eterno como él?... de los Sentimientos.

Sentimientos que no se acallaban aun cuando él se encontraba en silencio; cuando intentaba frenar esa simbólica jungla donde las serpientes se enroscaban entre sus ya de por sí atormentadores sentimientos. Una desquiciante sensación que no hacía más que sumergirlo en el mar de tristezas que se asomaban regocijantes a recalcarle su insulsa eternidad. ¿Qué había hecho mal para merecer tal suplicio? La respuesta era fácil de hallarse... matar. Mataba cada ser vivo que lograba llenar una minúscula parte de su vacío, mataba ilusiones marchitas de hombres que creía no valían su existencia en el mundo, mataba la felicidad de su familia por un acto vil de egoísmo, mataba las esperanzas de todo aquel que se acercaba y lograba despertar aquello que creía dormido y se mataba así mismo, lentamente mientras combatía contra su propio instinto, mientras buscaba desesperadamente encontrar la solución atrayendo consigo a más problemas. Y no es que Alma fuese precisamente un problema, pero sí aquello que lograba ocasionar en él; porque donde reinaba un caos ahora imperaba el tormento que marcaría su inmortalidad.

Una vez más arrastraba consigo a la perdición a seres inocentes que querían luchar por su paz. Una vez más reflejaba su egoísmo y falta de respeto por lo demás. Una vez se envolvía en la irrealidad de buscar una felicidad... una vez más. Cada segundo que pasaba ese pensamiento y muchos otros tantos se desencadenaban en su mente, como perros rabiosos que querían arrancar su escasa lógica y sobriedad.

—Uhmm— musitó con un dejo de diversión —quizá sean menos que los tuyos— no podría estarlo cuando ella no había revelado nada de su vida pasada, no al menos fechas, ni datos concisos. Además de que el don de Edward se basaba en leer los pensamientos presentes, los que están pasando justo ahora por la cabeza. Lo que le dejaba en las mismas, simples probabilidades.

Agradeció que ella no se hubiese tomado a mal el atrevimiento de tocarle. Desde el inicio de los tiempos los licántropos y los vampiros se habían declarado una guerra no tan silenciosa, donde el motivo -que Edward entendía el porque- radicaba en terminar con una vida humana por un momento de saciedad. Y como era bien sabido los metamorfos fueron creados para salvaguardar la integridad humana. Ese pensamiento seguía hoy en día, y un par de vampiros con ojos dorados no lograrían persuadirles de retirar tal pensar. Después de todo no estaban muy lejos de la realidad, aun los "vegetarianos" tenían sus tentaciones. Edward estaba siendo partícipe de una de ellas a unos cuantos metros de distancia. Incluso si ponía la suficiente atención lograba encontrar a la humana.

Para Edward pasar desapercibido era algo tan normal que ni siquiera se inmutaba, salvo ahora que al escuchar los pensamientos de los adolescentes le hizo cambiar su eterno gesto de indiferencia a uno un poco más hosco. Sabía que para Alma no vendrías días fáciles, pero si ella lo permitía podrían ser menos atareados con su ayuda. También tenía en cuenta los pensamientos de la licántropa, y que ella contaba en ser normal, tener una vida emocional compartida con gente de su "edad" recalcandole que ella poseía un alma. Un alma joven. Cosa que por supuesto Cullen ya no, no tenía juventud en él -solo sus rasgos- y tampoco un alma que dejara ver lo que en realidad era. Sin alma. Vacío.

Pasó de largo y pensando en que podrían seguir platicando sin que nadie pudiera escucharlos, aunque no contaba con que una humana -que por cierto nunca había visto- se sentó justo en el asiento destinado para su compañera. Un momento desconcertó a Edward que no había reparado en la chica, acto que lamentó inmediatamente ya que tal como él parecía invisible para los alumnos, ellos eran invisibles para él. Pero al siguiente instante una sonrisa burlona apareció en sus labios.

Soltó un suspiró imperceptible y se fue a sentar en el mismo lugar que solía ocupar. Miró de soslayo a Alma quien batallaba con su asiento, parecía un poco aturdida. Ella le desvió su mirada adquiriendo un tono rosado en sus mejillas mismas que lograron arrancar una risita por lo bajo al vampiro, esa simple reacción que los humanos siempre intentan ocultar le parecía encantador -aunque no en todas las personas-. Recargó su codo sobre la mesilla y echó una mirada furtiva a la humana, alcanzando a leer su pensamiento. Un día malo para muchos pensó llevando su mano a su sien. Miró los papeles arrugados seguido de escuchar a Alma disculparse. Esto sería un día largo.

off: por mí esta bien
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Amethyst White el Miér 21 Dic - 14:40

Tal y como le había dicho a mi hermano, no soportaba el instituto, era horrible, saqué una hoja de papel, y me puse a dibujar cosas para distraer mi mente y vagar por mundos donde no tuviera que preocuparme por las estúpidas animadoras, un lugar de fantasía, vampiros, hombres lobo, criaturas mitológicas de un origen fantástico...
En mi interior siempre me preguntaba si algo de aquello podía ser cierto, pues era tan detallado y majestuoso como para poder haber sido inventado.
El profesor seguía sin aparecer, por lo que saqué un libro que me había regalado mamá en mi cumpleaños, el último que celebraría con ella, unas lágrimas corrieron por mis mejillas, era de aquellos seres que yo tanto adoraba.
Abrí sus páginas y leí.
-Ojalá existieseis.-susurré-
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Miér 21 Dic - 18:18

Estaba segura de que Edward había sonreído. No me atreví a mirar, pero casi podía sentirlo. ¿En qué mundo surrealista estábamos, en el que un vampiro y un licántropo compartían una situación tan “humana”? Me esforcé por adoptar una posición más decente y exhalé aire ruidosamente. Con que así se sentía ser adolescente: un debate interno sobre mirar o no mirar a un chico al que acabas de conocer. ¿Me estaba él mirando? ¿Le molestaría no estar sentado a mi lado? ¡Madre mía! ¿Me estaba oyendo pensar todo eso? Mi rubor alcanzó cotas casi imposibles, y necesité preguntarme que rayos me estaba pasando. Reacciona. Ya no eres una niña. Tienes más de 500 años. ¡Deja de hacer el tonto! ¡Espabila!

Pasado el momento histérico, me dispuse a hacer una de las cosas que mejor se me daban: complicarme la existencia a base de pensamientos que era mejor no dejar crecer, pero que aun así crecían. El primero en arraigar y reproducirse como una bacteria en mi cerebro, fue el que me hacía ver lo absurdo de todo aquello. Acababa de conocerle, por lo que no debía dejar que lo que él hiciera, o dejara de hacer me afectara tanto. El segundo pensamiento que tomó posiciones hasta convertirse en un gigante dentro de mi mente, era el que contradecía al primero. Precisamente por que acaba de conocerle, sus acciones me afectaban: de ello dependía que mi familia y la suya se llevaran bien. Y el tercer pensamiento fue el que no debía haber tenido, y que dejaba a los otros dos en el escalafón más bajo en la escala de importancia. Hasta donde yo sabía Edward tenía una niña, cuya madre estaba viva. Él tenía una familia. Una de verdad, quiero decir, y no la que yo me había montado, aunque para mí fuera el tesoro más valioso. La razón de que sintiera tentaciones de no apartar mis ojos de Edward, es que él representaba todo lo que Dimitri no había sido. ¿Qué tenía él que no hubiera tenido el que estaba destinado a ser mi compañero para siempre? No había nada tangible. No había ningún cartel que pusiera “fiel” o “amor verdadero” en él. Ni siquiera parecía – y me sentí culpable por pensarlo – particularmente adecuado para una relación. No por nada: le tenía por una buena persona, y si nos poníamos superficiales, obviamente era muy apuesto, pero estaba demasiado a gusto estando sólo como para ser bueno en eso de compartir una vida ¿no? Yo por ejemplo no soportaba la soledad. De ahí que me juntara con Dimitri y que toda mi vida en ese momento se basara en Job. Y pese a todas esas “carencias”, pese a no tener nada físico que indicara que él no haría lo que hizo Dimitri, él tenía una familia.

Lo que me pasaba, por tanto, era el saber que si la diferencia no estaba en Edward, estaba en mí: era yo quien tenía el problema, y por eso no había sido suficiente para Dimitri. Siempre había sabido que estaba estropeada, pero verle a él había sido la confirmación. No conocía a la chica de Edward, pero evidentemente ella debía ser mejor que yo. Debía de tener algo que le permitiera convivir con un vampiro. Algo que yo no había tenido…. Ella, si hubiera logrado hacer feliz a Dimitri.

Al mismo tiempo envidiaba a Edward por haber alcanzado todo lo que yo siempre había deseado, aunque era una envidia sana. El descubrir lo insignificante que yo era en comparación con él no fue tan deprimente como hubiera cabido esperar. Al contrario, me alivió el haber identificado el sentimiento que me provocaba. Ahora tan sólo debía bajarle del pedestal en el que le había colocado, para lograr hablar con él sin decir demasiadas tonterías. Si no, corría el riesgo de que la amistad se transformara en admiración, y la admiración en otra cosa que no hubiera acabado bien. Era tan fácil hablar con Edward, que de pronto me di cuenta que tenía que medir mis palabras, y mis pensamientos.

El profesor aun no había llegado, y eso era una lástima. Me hubiera venido bien alguien que hablara reclamando atención, y así me distrajera de ese pequeño bache depresivo que la perfección de Edward había provocado en mí. Tenía que haber imaginado que encontrarme con otro vampiro reavivaría viejos y dolorosos recuerdos. Si encima ese vampiro es amable, es muy fácil perderse a uno mismo en su demoníaca influencia… Pero mi voluntad era fuerte, y mis deseos y aspiraciones, claros. Anhelaba su amistad, pero nada más. Únicamente tenía miedo de estropearlo, tal y como estropeaba todas mis relaciones, fuera cual fuera su clase.

Debía buscar otra cosa en la que ocupar mis ideas. Sólo cuando salí de mi burbuja íntima, me di cuenta de que la chica no me había respondido ni tampoco pareció inmutarse, por lo que supuse que tenía mejores cosas que hacer. O eso, o que había decidido ignorarme, lo cual no era del todo malo, aunque sí molesto. Dudaba si debía presentarme, o si era más sensato dejarlo para otro momento, cuando escuché unos ruidos extraños en ese contexto, pero perfectamente reconocibles. Estaba llorando, de una forma bastante silenciosa pero llorando al fin y al cabo. Al menos, me pareció ver el brillo de una lágrima cuando ladeó un poco la cabeza. Una repentina tristeza que yo no sabía entender. Susurró una frase que carecía de sentido para mí y no pude evitar sentir algo de lástima por ella. Compadecerme de los demás, ayudaba a no compadecerme de mi misma. Me levanté del asiento – mala idea eso me hizo pasar muy muy cerca de Edward – y me puse a la altura de la chica.

- Oye, ¿estás bien? – pregunté, con interés.

Off: Perdonad chicos, no tengo el día inspirado.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Vie 23 Dic - 13:11

Cerró los ojos con el rostro inclinado hacia la ventana; escuchando el pensamiento de Alma que le volvía a hacer caer en una clase de sueño, donde podría imaginarse tal situación -y que ahora vivía a menos de un metro- en otro tiempo, cuando sus pasos eran marcados por la eterna soledad y mientras se perdía de todo lo que realmente valía la pena vivir. Podía verse sumergido en lo que la licántropa era, fantaseando en lo bien que se habría sentido de tenerla solo a ella y a nadie más. Solo tendría que dormirse en sus pensamientos para sentirse vivo otra vez, para recuperar las fuerzas y ganas de existir. Pero ahora, ahora era un caso perdido, ya no podía seguir fantaseando con ello llenándose de ¿qué?... ¿ilusiones? ¿sueños? ¿disparates?

Ya no se comprendía a sí mismo, ya no hallaba a Edward Cullen en sus propios pensamientos. En este interminable camino en donde intentaba encontrar las respuestas de su existir se había perdido. ¿Y qué encontraba? Sentimientos que ya no eran suyos, pertenecía a tantas personas menos a él. En efecto se había perdido en un desesperado intento de hallarse a sí mismo, en encontrar el camino a la eternidad, en querer relegar a la soledad, en querer compartir una dicha como la de sus hermanos y padres. Perdido.

Una sonrisa pudo haber surgido cuando ella pensó en su edad, pero no tenía ánimo de hacer nada ahora que ya se encontraba abrazado de sus propios pensamientos. Alma tenía razón en todos esos cuestionamientos que se hacía. Y por un instante él quiso pensar a la par que ella, ir entretegiendo los pensares que no le pertenecían, pero, Alma se defendía perfectamente puesto que ella sola había llegado a un razonamiento que Edward quería apartar. Ella anhelaba algo que se supone él ya tenía. Una familia.

Veía la luz que discurría entre las ventanas tras sus párpados mientras intentaba pensar, reclamando sus propios pensamientos pero cada vez que quería hacerlo, los de Alma volvían a envolverle como una suave tela de satín, tan delicada y fina. Y en cierta manera era bueno, lo era puesto que lograba adentrarse en pensamientos que ni él mismo hubiera tenido y que le ayudaban ¿Le ayudaban? Sí, le servían para tomar sus propias decisiones.

Alma estaba en lo cierto, Bella debia tener algo que la hiciera lo suficientemente loca -porque quien querría convivir con un vampiro?- para estar con él. Isabella Swan, Bella... Reneesme. Maldición seguía teniendo las mismas complicaciones. Ya no podía seguir así, ya debía afrontar todo como la persona racional que era. ¿En busca de qué estaba? ¿Felicidad? Patrañas, eso no existía. No, tal cosa solo es subjetiva y se encuentra en todas las buenas decisiones que se toman.

Amistad pensó amistades valiosas es lo que necesitaban. Tanya no lo aceptaría, pero Alma ya lo había dado por sentado. Pobre chica, después de tanto tiempo completamente sola con esas dudas, preguntas y reproches sin que nadie sirviera de ayuda emocional, sin que nadie se preguntara qué es lo que pasaba por su cabeza cuando las noches de completa soledad le acompañaban silenciosas. Seguro habría sido duro, él no había concebido eso, puesto que Edward había vivido solo, con familia a su alrededor pero a fin de cuentas solo, nunca había compartido una ilusión como la de la licántropa y no lo había perdido para experimentar otra clase de soledad.

Ahora era distinto, en la actualidad sí que había perdido esa fantasiosa vida de eternidad al lado de su ser amado, pero no por una infidelidad -cosa que Edward estaba a punto de cometer- sino por un suceso que quizá nunca hubiese llegado a pasar; y no es que culpara de todo a Nessie ni siquiera a Amber Lee, sino a sí mismo por no ser lo suficientemente fuerte para decidir. Cobardía...

Tanya no lo entenderá se dijo ella no lo merece ¿pero qué otra cosa debería de hacer? No tengo alternativa.
Felicidad, por un minuto la vio clara y palpable cerca de él y después al acercarse se dio cuenta que solo había sido un cruel espejismo en su dura caminata por el desierto de su exitir. Al menos la pude sentir, pequeña, frágil como una esfera de cristal, pero la sentí. Supuso que eso ya era algo digno de recordarse cuando hiciera una vida con Bella, la persona que lo había elegido a él. ¿Qué importa la felicidad de uno mismo cuando se puede dar a tantas personas? Sus padres lo creían, que Edward debía optar por querer a Bella, Nessie más que nadie lo deseaba por sobre todas las cosas y era por ella por quien haría hasta lo imposible por verla feliz.

Su pequeña hijita que se sentía triste y desolada por no estar con su verdadera familia. Sí, por ella valía la pena cualquier sacrificio. ¿Qué importa tú felicidad cuando se la puedes dar a tu hija? Bella Swan pensó desterrando el magnífico lugar donde había puesto a su bien amada, dejando que el recuerdo de Tanya se volviera eso, solo un recuerdo de cuando tuvo la paz entre las manos; recolocó la esencia febril de Alma junto al de su familia porque también eran los amigos de su vida, donde seguro podría formar parte de ella aunque solo fuese para Edward; y allí donde se supone debería ir todo amor, añoranza y felicidad para el amor de tu vida colocó a Bella, ella ocuparía ese espacio a costa de un sentir.

Abrió los ojos sabiendo lo que debía hacer y sintiéndose realmente devastado de lo que había decidido. No se veía al lado de Isabella aunque su hija ya había pensado millones de veces en eso y él ahora tenía la vista de ambos juntos. Él por tanto tiempo se vio en brazos de Tanya y por unos segundos fantaseo con Alma y le convencía más esa alternativa que Bella, pero era ella a quien debía de elegir, amar y respetar, convertirla en su esposa y compañera eterna. él había tenido la fuerza suficiente para convertirla en vampiro y ahora debía tener la misma entereza por dar el primer paso hacia su futuro.

Miró a Alma pasar y una delicada sonrisa apareció. Sus pensamientos sí que le atraían, más de lo que deberían pensó sin percibir al profesor por ningún lado. Frunció el ceño y se puso de pie. Algunas ocasiones pecaba de egoísta y de no mostrarse atentos con todos pero era su escudo que no dejaba que nadie se acercase a él, le había funcionado ya por varios meses -aunque con Bella no- y no tenía la intensión de cambiarlo.

Suspiró —te veo después Alma— musitó solo para que ella lo escuchase, acto seguido salió del aula. Tenía demasiados problemas ya en la cabeza como para tener el de una chiquilla humana. Tenía tanto en qué pensar que tampoco se le ocurrió ser él quien preguntara a la humana qué era lo que le ocurría aunque ya lo supiera. Pero así era Edward, inmutable en ciertos factores y demasiado voluble en otros.

off: jhajha ojalá no tuviera día inspirado como tu xD oie además querida le tocaba a Emmett =S Tuve que contestar como Edward sino Job no tendría las contestaciones y eso xD
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Vie 23 Dic - 18:33

Off.: Ui. Pe....perdón Embarassed Algún día tenía que pasarme, con tanto lío de personaje. Por tu post deduzco que Edward se va – a no ser que se reúna con Emmett y Job - , y por mi metedura de pata, ¿ahora va Emmett, luego Job, luego Amethyst y luego Alma? ¿Si Edward siguiera, iría después de Alma? De momento posteo yo, si no estáis de acuerdo con el orden, edito y borro ^^

Aquél chico me provocaba sensaciones antagónicas. Creo que nos parecíamos demasiado como para caernos bien, pero por eso mismo tampoco podíamos odiarnos. Al menos, yo no podía odiarle, siempre y cuando no supusiera un peligro para mi familia. Algo en su primera alocución me dejó pensativo. ¿Que por qué habíamos elegido esa vida? En realidad, cada uno de nosotros tenía un motivo. El mío era Rosalie.

Ya de humano, yo no era un buen tipo. Ok, no me definiría como “malo” pero a veces me imaginaba como hubiera sido mi vida de vampiro – si es que alguna vez llegaba a serlo – sin Rose. Probablemente habría sentido algo de asco al principio, pero hubiera terminado por hacer como Edward en su etapa “adolescente”: cargarme a los tipos malos para convertirme en un antihéroe a la par que saciaba mi sed. Sólo que yo nunca hubiera dejado esa vida, porque no me hubiera sentido culpable.

De todas formas, todo eso eran divagaciones. Lo cierto es que ahí estaba; perfectamente controlado. Y en realidad, no me agradaba la opción de matar a ningún humano; y menos ahora que tenía a uno por hija. En cualquier caso, como él había dicho, teníamos nuestras tentaciones. Y yo había sucumbido a ellas y aun podía hacerlo si me descuidaba. Decidí que era mejor no comentar el hecho de que había probado la sangre humana, aunque no le creía tan inocente como para pensar que siempre había sido un santo varón.

Asentí discretamente cuando enumeró a mi familia. Estuve dudando si informarle del número exacto, pero antes de comenzar a hablar, el prosiguió con su discurso No pude evitar abrir los ojos ante su confesión. ¿Ella no se transformaba? Bueno, eso era… ventajoso. En cuanto a él, no podía estar seguro de sus características, al tratarse de un ser tan “especial” pero básicamente se describió como una mezcla. ¿Eso le hacía más débil que yo, o más fuerte?

De pronto se mostró más agresivo, casi acusador. Realmente parecía que temiera una conspiración o algo parecido. Casi sonaba divertido.

- Con que la loba no tiene colmillos, y el cachorro es inofensivo.. –dije en tono socarrón – Si me trajera algo entre manos, no podríais hacer gran cosa ¿no? No te preocupes, no os vamos a chupar la sangre ni nada parecido. El olor a lobo no es apetitoso.

Me puse serio para añadir:

- Sigo aquí porque vosotros vais a seguir aquí, y no creo que sea sensato ignorarnos, hasta que uno de los dos explote. Si mi hermano quiere intentar llevarse bien, yo también lo intentaré. – decidí mostrarme sincero – Algo ha visto en tu madre y hasta en ti, que le ha gustado. Nunca me verás dudar de un lector de mentes. Además, aunque ahora te quejes, te gustará conocer el lado bueno de lo que eres. Sigues siendo un vampiro, no lo olvides. Mi madre te encantara; es la versión nocturna e inmortal de la tuya. Y mi padre, el médico… bueno, a todo el mundo le cae bien. Incluso los antepasados de los proyectos de lobo de la reserva parecían respetarle. Nada que ver con el hombre al que tanto odias.



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Spoiler:
Si para ti sólo es un juego, que sepas que venceré [Solamente los administradores pueden ver esta imagen]

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RETOS:
Retador: Kya --> Te reto a que muerdas a una humana hasta el punto que tenga que ir urgente al hospital.

Retador: Kate Denali----- Te reto a que le digas a Rosalie que encontraste a una humana mas linda que ella y que si le puede dar un hijo

Ratador: Kate Denali ---- te reto a que le digas a esme que no te gusta la decoracion de la casa que os hizo y por eso la desarmaste

Retador: Alice Cullen - Te reto a que le confieses a Edward que si fueras mujer también estarías interesada por él y rendido a sus encantos pero como eres hombres te toca aguantarte...





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