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Toma de contacto // Job y Libre

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Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Dom 6 Nov - 11:59

Frustración. Aburrimiento. Rabia contenida. Desgana. Algunos conceptos abstractos pueden llegar a percibirse como algo dolorosamente físico. En ésta ocasión, el desagradable olor de la rutina se intuía en el ambiente. El pequeño pueblo estaba en movimiento, y me invitaba a unirme a su ritmo con la suave cadencia del sonido de los quehaceres matutinos. Aproximadamente trescientos adolescentes se dirigían o entraban ya en el instituto, envueltos en charlas animadas o en pequeños momentos de íntima soledad a solas con sus reproductores de música.

Tuve un fugaz instante de sorpresa, al comprender que mi anticuado Ford no destacaba en el aparcamiento, donde una mayoría de los vehículos eran de épocas anteriores. En realidad tampoco le presté mucha atención a la variedad automovilística, porque mi mente luchaba con asuntos más importantes. Revisé una y otra vez las cosas que se me podrían haber olvidado sin llegar a ninguna conclusión en especial. En realidad solo buscaba una forma de retrasar lo inevitable, pero no tuve suerte: no encontré ninguna excusa.

Creo que era mi nonagésimo "primer día" de instituto. Era increíble el cómo, a pesar de las diferentes épocas, las palabras que llegaban a mis agudizados oídos no cambiaban en demasía. “…Me llamó Karen, y estuvimos hablando media hora, así que al final no hice los deberes.”” Ayer hablé con Matt, y no sé… yo creo que le gusto”. En ese momento di con un buen sitio para aparcar el coche, así que desconecté de las insulsas conversaciones.

El sonido del motor murió con un último ronroneo y procedí a quitarme el cinturón. Sólo entonces me permití girar la cabeza para encontrarme con los ojos de Job, intentando no revelar mi inseguridad con mis expresiones. Pero verle sólo me confundía más, ya que debía llamar hermano al que consideraba mi hijo. Los minutos siguientes iban a ser, como mínimo, violentos, ya que teníamos una cita concertada con el director, en la que yo iba a ser la pequeña adolescente embarazada a cargo del heroico hermano mayor.

Me tomé unos segundos para entrar en mi papel. Mentir no era mi mayor don, pero con los años había conseguido ser una buena actriz. Inhalé profundamente y agarré mi mochila. Después logré sonreír de forma bastante convincente.

Nos encaminamos al edificio y no llevó mucho tiempo encontrar la oficina que buscábamos. Una secretaria, que debía realizar por lo visto gran parte de las funciones administrativas del lugar, nos indicó que esperáramos un segundo. Y exactamente veinte segundos después, ella salía del despacho y se oyó una voz profunda que dijo un seco “Adelante”.

Me iba a ser más fácil pasar por una chica normal si ignoraba los latidos perfectamente audibles de los corazones allí presentes, así que respiré hondo para concentrarme. Por supuesto, mi “hermano mayor” debía entrar conmigo, y escuchar lo que probablemente serían una serie de preguntas indiscretas, para asegurarse de que no iba a alterar la tranquilidad del pueblo y para mostrar la preocupación general por el hecho de tener a una adolescente embarazada. Eso apenas hubiera tenido importancia en una gran ciudad, pero allí había sido citada antes de poder incorporarme a las clases. Seguramente también sería fruto del cotilleo de gran parte del alumnado.

Me volví hacia Job antes de entrar.

- ¿Qué dices, doy el pego?

Señalé de forma significativa todo mi cuerpo. Era el de la edad que pretendía tener, modificado únicamente por una ya notable protuberancia a la altura de mi estómago. Vestía ropa juvenil, pero cómoda, y quizá todo aquello del rollo adolescente comenzaba a hacer mella en mi, porque de pronto me sentía muy desprotegida. En ocasiones el rol se invertía, y era Job el que tenía que cuidar de mí; sobretodo desde hacía unos meses atrás. Supuse que eso nos ayudaría con la farsa.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Lun 7 Nov - 17:22

Fuerza y quietud, alevosía y alegrías, calma y ruido, allí reinaban los contraste del mundo. El poblado rayaba la tranquilidad de sus habitantes y el ímpetu de esa misma tranquilidad convertida en energía. No era de mis favoritas, no cuando podías sumergirte en la melancolía de los bosques, en el sosiego del clima, en la mezquindad de sus habitantes -pensando en ellos que en muchas ocasiones te miran con la curiosidad morbosa y la frialdad que transmiten al hablar-, pero si parecía un buen lugar para mi madre y el futuro miembro de la familia, y yo aceptaría cualquier cosa por ella, incluso si hubiese querido ir a vivir en la Antártica o en el Sahara, hubiera aceptado con la mejor de las caras.

Aunque seguía sin acostumbrarme, puesto que siempre me han llamado la atención las grandes ciudades con el bullicio de la gente que me da la impresión de que realmente no estoy solo, al menos no cuando Alma estuviera lejos, hablando de lejanía cuando iba al supermercado yo estaba fuera en el jardín en pleno juego. Hasta en las noches era mejor escuchar el sonido de las sirenas, o el cláxon de los vehículos impacientes, eso me reconfortaba porque me recordaba que allí afuera había vida. Pero ahora, solo podía recalcar la vida al prestar atención a los corazones de los habitantes que siempre atraían a mí un recuerdo de antaño que se perdía en la memoria de mi subconsciente y que por ahora me hizo sumir en un pavoroso sueño, que al cabo de un par de horas volvió a traerme a la realidad y las preocupaciones me alcanzaban otra vez.

Y así una noche había bastado para ahogar las preocupaciones que saltaron a mi cuando mi madre había dicho que iríamos a Forks, donde ella comenzaría su vida de adolescente por enesima vez y que esta vez no podría acompañarle, ya no volveríamos a pasar los días de colegio que solíamos tener, compartiendo las mismas situaciones de ser nuevos, de hacer tareas, los exámenes o los bailes que nunca asistíamos. Esta vez era diferente, esta vez tenía que dejarla allí en un momento que también era bastante diferente -por su ya sabido embarazo-, esperando que mi menuda madre fuese a encaminarse lejos de mí o quizá era yo quien me alejaba de ella. Realmente me era preocupante y a la vez temeroso tanto para ella como para mí. Después de todo siempre había pasado las etapas de la vida juntos.

No obstante, hoy debía dejarla en el instituo e irme. Un momento por demás angustioso y triste, aunque estoy siendo algo dramático podía vermelas por mí solo. Pero seguía siendo extraño. Y me hacía sentir indeciso, cosa muy rara en mí, puesto que mi seguridad -misma que mi madre siempre me había hecho sentir toda la vida- me predecedía, aunado a ver el rostro de mi madre que se perdía en sus pensamientos haciendo la misma mirada que tanto conocía mientras conducía directo al colegio.

Jugueté con el radio un par de veces para dejar de mirar la neblina por el parabrisas, pero en el no había nada más que pitidos que lastimaban mi oído, rodé los ojos recargándome de nueva cuenta en el respaldo para cuando habíamos aparcado y sin decir palabra alguna bajé del vehículo contemplando a pocos alumnos que allí estaban ya que llegamos minutos antes.

Caminé a su lado mirando el pequeño edifición, prestando atención a cada detalle y agudizando mis sentidos entre el que destacaba era el auditivo, distinguiendo las diferencias entre todas las escuelas a las que habíamos asistido. En nada se parecía a esta, que daba un aspecto triste y abandonado. Y otra vez recalcaba el hecho de que no me gustaba nada de este lugar. No importa, muéstrate feliz, pensaba a menudo mientras caminaba al mismo paso suave de Alma (porque ahora ya podría llamarle por su nombre, única cosa que me agradaba aunque algunas cuantas veces reprimía el impulso de llamarle mamá).

Llegamos a la dirección. Me senté me incliné recostando mis codos sobre las rodillas, esperando a que nos hicieran pasar. Mientras esperábamos me centré en contar los cuadros que componían el piso, en cierta medida esto solía relajarme, el contar, tararear o juguetear con cualquier cosa que cayera en mis manos, y ya que éstas últimas no podía hacerlo, me dediqué a contar. Le dediqué una mirada de soslayo a mi madre y volví la vista al piso.

En cuanto la secretaria nos dijo que podíamos pasar me puse de pie de manera despreocupada y ágil. Solo nos quedaba esperar a ver que pasaría allí adentro con el director y las dudas que seguramente tenía, pero toda la historia la teníamos perfectamente estudiada y con mis dotes artísticos -que sin duda NO poseía- seguro nos saldría bien. Sonreí a la mujer que nos guiaba con cierta coquetería, para que no admitir lo que se tiene ¿no? hay que hacer buen uso de ello.

Iba a dirigirle la palabra a la mujer cuando mi madre me habló la miré con gesto evaluativo, seguida de una sonrisa burlona. -Uhmm- alargué el momento un par de segundos -sí, eso creo..., madre- dije con aire divertido donde la última palabra solo fue un susurro dirigido a sus oídos. -Yo diría que pareces muy robusta- reí para después callar en seco y acariciar sus cabellos -mentira, luces hermosa y amm normal- tomé su mano dándole un ligero apretón para animarla y entramos a la oficina.

Buenos días, saludó el hombre detrás de un pequeño escritorio del mismo material corroído -pero bien disimulado- plagado de hojas. -Buenos días director- dudé un segundo alcanzando a leer el nombre en un insignificante letrerito en su escritorio -Keneth- me adelanté cruzando la estancia en grandes zancadas para alcanzar la mano del sujeto que despedía un olor a grasa que atribuí a la laca de sus zapatos.

-Job Priego y mi hermana Alma- informé haciendo una seña a "mi hermana" para que se acercara más de lo debido, le sonreí escuchando a mi propio corazón acelerar un poco y al suyo siguiendo el ritmo como si ambos estuviesen sincronizados. -Aquí nos tiene, ¿para que somos buenos?

-Es un placer señorita Priego- dijo éste con un semblante dudoso y algo sórdico, parecía reacio a tenerla allí aun sabiendo sus antescedentes. Pero no iba a poder negarse, no conmigo allí. Porque inmediatamente que las dudas le asaltaron me ocupé por cambiar aquellos pensares en un poco menos conservadores. Su semblante inmediatamente cambió para con Alma. -Tomen asiento por favor- dicho esto nos sentamos en el mullido asiento -todos sabemos de su condición señorita- ¿su condición... a qué se refiere con eso?

Enarqué una ceja y me reí interior mente al girar mi mirada hacía mi madre y a su pequeño, a veces era un tanto despistado en cuanto al habla ajena. Recargué mi codo sobre el posamanos y mi dedo índice lo posé sobre mis labios, lo que me daba un semblante un poco más maduro. Escuché las palabras del director que se referían a tener el control de los adolescentes y que anduviera con el cuidado debido para que su ejemplo -el de la maternidad- no fuera un caso que se le saliera de las manos, ya que por lo visto en el poblado ésto no era tan recurrente.

Resoplé indignado por ello, después de todo mi madre no lo había buscado, no había salido de jarras, ni estaba saliendo con nadie de manera irresponsable. -Con todo respecto Señor Kenneth, pero todos aqui sabemos que sus palabras no son fundadas, además de que una adolescente embarazada no va a inducir a nadie en probar la maternidad. No de muestras de su racismo, Director - me erguí y lo miré intentando otra vez con mi don, algunas veces los principios más arraigados eran los que menos se pueden manipular con pensares sobrepuestos.

-Oh, no descuide señor Priego, yo no he dicho eso- comenzó con su excusa al tiempo que limpiaba su sudorosa frente a capricho del clima cálido que en su habitación acunaba.

-Solo quería recalcarlo- sonreí con sorna.

-Claro- sonrió con poca más seguridad -aqui cuidaremos bien de su hermana, pero queremos que se muestre discreta con el asunto del embarazo y la concepción del mismo- ahora hablaba con rapidez y mi lenta manera de captar las cosas solo me hizo mirar a Alma ante lo dicho y rodar los ojos con un gesto por demás aburrido ante tanta palabrería sin sentido. A la que más le importaba del hablar sobre su vida era mi madre, así que no tendría porque haberlo mencionado siquiera.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Mar 8 Nov - 13:28

Tranquilidad. Calma. Alivio. Jamás podría entender qué era lo que tenía Job, que con su sola presencia y dos o tres palabras conseguía acabar con mi ansiedad e incluso provocarme una sonrisa. Con todo, no pude dejar de preguntarme si en verdad me veía robusta, o había sido sólo una broma. Bueno, llevaba una persona en mi vientre ¿acaso podía verme de otra manera? Decidí ignorar preocupaciones tan superficiales – aunque fueran acertadas para el papel que pretendía interpretar - y reuní valor para entrar en el despacho.

Observé cómo se desenvolvía quien hace poco había sido mi hijo, y ahora debía ser mi hermano y tutor legal. Quise centrarme sólo en él, porque eso lo hacía más fácil, ya que estaba claro que al director yo no le agradaba o que al menos me consideraba un problema. No me gustaba la forma en que me miraba, y por eso decidí apartar la vista. Sin embargo su rostro se hizo más agradable de pronto, y enarqué una ceja, bastante segura de que el culpable de eso era Job. Jamás le hubiera impedido utilizarlo, pero no era plato de mi gusto el que modificara pensamientos ajenos. Me gustaba pensar que no solía usar su poder conmigo. Al menos, si lo hacía, yo no me daba cuenta.

Tomé asiento tal y como el Señor Kenneeth nos indicó y me preparé para ser juzgada. Miré a Job de reojo, y me di cuenta de que su postura era muy adulta. De forma casi sistemática, crucé mis piernas y cambié la mía por una más informal; más típica de adolescentes. Inconscientemente al principio y mecánicamente después, comencé a jugar con mi pelo y a morderme el labio, como hacía siempre que estaba nerviosa e impaciente.

Me sentí un poco dolida por las palabras del director, como si yo fuera alguna clase de monstruo – quizá no era la metáfora más indicada – que venía a alterar la moral del pueblo y a malinfluenciar a la gente. Para aquél hombre yo era una adolescente que se había echado a perder, aunque en realidad pudiera ser la abuela de su abuelo. Yo había vivido en épocas mucho más rígidas en ese aspecto, y aun así nunca se me hubiera ocurrido ser tan cruel con alguien por mucho que pensara que había tomado una decisión equivocada o irresponsable. Además…¡yo no había decidido nada!. Como si se hiciera eco de estos pensamientos, Job salió en mi defensa, y el director respondió con mucha más moderación. Sentí que llegaba el momento de que dejaran de hablar de mí como si no estuviera delante, y me metí en la conversación:

- Yo no he buscado éste embarazo. – aunque me alegraba infinitamente - Ya le explicamos las circunstancias – aludí a la edulcorada historia del asesinato de mis padres, adjudicando a aquellos asesinos la paternidad de mi hijo. Aunque no fuera la verdadera, en ambos casos, realidad y ficción, no había sido mi culpa.

- Claro, claro. – asintió el director, visiblemente incómodo. Me dedicó una breve mirada y luego me ignoró de nuevo, como si le hiciera sentir alguna clase de culpabilidad. Puede que yo fuera la malvada y pervertida embarazada, pero también era la pequeña y desprotegida huerfanita. – Todos entendemos su situación, y déjeme decirle, señor Priego, que es admirable la forma en que usted… se hace cargo del asunto...

Genial, ahora yo era un asunto. En algún rincón de mi mente seguí escuchando cómo aquél hombre se deshacía en alabanzas hacia Job mientras me concentraba en las manchas de la pared. Si uno prestaba atención, podía ver la cabeza de un gato formada por lo que debían ser los restos de un líquido mal limpiado. A juzgar por el olor que llegó hasta mi nariz, debía ser café derramado esa misma mañana, o tal vez el día anterior. Pude oler también algún producto de limpieza y algunos pocos olores más, pero en definitiva nada demasiado importante. Por eso mi atención no pudo mantenerse demasiado tiempo en esas pequeñeces. Volví a la conversación al escuchar una frase realmente perturbadora:

- …¿Han hablado sobre la custodia del bebé? Cuando el niño nazca habrá que replantearse la situación, pues me consta que aun no tiene trabajo señor Priego, y no sé como piensa mantener a una familia que próximamente va a aumentar. Su hermana es, además, muy joven para ser madre y….

En ese momento tuve bastante. Me puse de pie haciendo ruido con la silla, y el director enmudeció mientras volvía a prestarme atención. Hice un esfuerzo por aclarar mis ideas, y traté de que no me afectaran sus palabras más de lo necesario. A juzgar por lo que dije después, no tuve mucho éxito en ésto último.

- ¿Desde cuándo nada de eso es asunto suyo? – salté de forma brusca - ¿Está sugiriendo que lo de en adopción? ¿Por qué no me arrancan un brazo también?

Enseguida me arrepentí de haber saltado de esa manera. Por regla general me costaba más perder los estribos, pero supongo que hacía excepciones en lo que atañía a mi pequeño nonato. Si no tenía cuidado mi coartada social podía ser un problema que a la larga podía obligarme a irme si no quería separarme de mi niño, y eso se hizo patente en las palabras "custodia del bebe". La posibilidad de que alguien pudiera oponerse a que mi hijo fuera "mío" provocó en mí una furia desmedida. Además dicen que las hormonas hacen de las suyas durante los nueve meses; seguro que eso también influyó. En cualquier caso, había estado un poco fuera de lugar, porque me di cuenta de que el tono empleado por aquél hombre implicaba una sincera preocupación, y que su intención había sido buena.

- Lo siento – dije con un suspiro y me volví a sentar. Hubiera sido mucho mejor tranquilizar al inmiscuido director explicándole lo de la “supuesta herencia” de mis “supuestos padres muertos”. Con esa reacción tan sólo le daba más motivos para temer que pudiera ir haciendo por ahí apología de la maternidad adolescente. Pero yo sólo iba a limitarme a defender a mi pequeño, y mi derecho a experimentar la maternidad. No podía culpar a aquél hombre por no saber cuánto significaba para mí ese pequeño mini yo.

El director se limitó a toser, como si hubiera perdido el hilo de lo que quería decir, y yo miré a Job intentando acabar con eso cuando antes.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Vie 11 Nov - 13:18

Que increible circunstancia era ésta, no podía comprender que la ignorancia de las personas era tal que solo nos demostraba que la evolución humana eran meras hipótesis de la gente "estudiada" que piensa que el homo sapiens es el ser más pensante. Menuda ridiculez, era sorprendente saber que en las grandes ciudades las adolescentes embarazadas abundan en los colegios y son "aceptadas" por la sociedad, pero aquí era tan cuestionable -aun sabiendo la situación en la que se había dado la concepción- y señalado por los lugareños, incluyendo a los que habían gozado de educación.

Pero más sorprendente era que se pusieran a juzgar a las personas, nadie tiene derecho tal de hacerlo, y menos cuando saben las circunstancias tan superficialmente, no por nada se dice que nadie entiende hasta que es vivido. Ok, es una modificación de algún dicho popular, pero tiene algo de cierto. ¿Qué podría comprender aquel sujeto cuando hablaba como si mi "hermana" tuviera la culpa de una decisión mal tomada? E incluso si eso hubiese sido cierto, no importaba cuando se tiene la ganas de superación. Un hijo nunca puede truncar las oportunidades y menos cuando se tiene el apoyo necesario, digo a mi madre nunca le pasó y sí que había tenido una vida por demás complicada, más sin embargo siempre tuvo la fuerza necesaria para hacerlo. Así que cualquier cosa que se pensara de ella en estos momentos comenzaba a irritarme.

-Lo sabemos ma... hermanita- me adelanté a decir mirando con severidad al director, sabía que ésto afectaba a mi madre, sabía que siempre le hacía sentir impotente ante un pasado que ahora le traería dicha -un aspecto que podría rescatarse de lo ocurrido-. Además de que al director le hacían falta unas buenas clases de tacto y delicadeza al hablar, más tratándose de una adolescente -que ha pasado por esas circunstancias- y que vive con el recuerdo de lo vivido, que necesita de intenten entender su sentir, que le ayuden a superar lo ocurrido y que le hagan sentir bien consigo mismas. Pero no, solo se dedicaba a decir cosas sin sentido y que lastimaban sentimientos.

Al parecer este sujeto no comprendía lo que realmente ateñía los problemas. Suspiré mostrando una mejor sonrisa, aunque comenzaba a sentirme abrumado con lo que pasaba, ¿por qué rayos no le daba la bienvenida, le mostraba la institución y ya? o ¿por qué se desvivía en alabos cuando se supone que la familia lo hace por el amor sentido? Me era incomprensible el como se vivía allí, de la forma de pensar y que a pesar de mi don era difícil plantarle pensamientos cuando se encuentran tan enraizados como las raices en el árbol de su vida.

-... después de lo que ha sucedido con sus padres y siendo ambos tan jóvenes...- y bla, bla, bla, aquí lo que menos importaba era yo, sino mi hermana que debía comenzar una nueva vida alejada de los problemas que un pasado había causado -aun cuando la muerte de los supuestos padres no existiera- esperando criar a su hijo en un ambiente tranquilo, estable y sin recuerdos desagradables.

-Es lo que hace la familia señor Kenneth, no estoy haciendo nada estraordinario, pero gracias por mencionarlo... volvamos a lo que nos atañe- agradecí fingidamente para callar su largo discurso de mi magnificiencia no existente, no del todo, aunque si buscaría un trabajo para pasar mi tiempo libre y devolver algo de lo que mi madre me ha dado durante todo mi existir, así como dar la finta de nuestra caracterización en el poblado. Y es allí donde entraba el otro sermón donde mi indignación creció pasos agigantados.

Entrecerré los ojos escuchando las sandeces que él estaba mencionando, ya que independientemente de lo que no tuviera un trabajo o mi "hermana" fuese una adolescente, lo que se supone se fomenta en los colegios es el amor de familia y los principios éticos y sinceramente -aunque esta idea también fuese algo arcaica- la idea de la adopción estaba por demás alejada a esa clase de vínculos. Resoplé esperando a que terminara porque mi madre siempre había dicho el respeto de la libertad de opiniones, cosa que por ésta vez yo respetaría -y que cuando reñíamos no existía, no por mi parte- pero que ella no esperaba hacer. y sinceramente me sorprendió la forma en que constestó.

Hice una mueca divertida para negar después. -Tranquila Alma, no te exaltes, solo era un comentario sin precentes... le hará daño al bebé- posé mi mano sobre el brazo de Alma alentadoramente. -Agradezco su preocupación director Kenneth- mentí contemplándole con aspereza -y la opción que nos ha planteado- si es que a eso se le hubiese llamado opción, no entendía el porque había abordado ese tema cuando ninguno de los dos habíamos dado pauta para que eso ocurriera, Alma aceptaba su maternidad y yo el cargo de ambos, ¿de dónde había sacado tal idea?

-Lo siento señor Priego, no quería incomodarlos, solo quería plantearle diferentes elecciones que pudieran resultar mejores para su hermana- se apresuró a decir haciendo pensar que tenía una falta de caracter tan impresionante que me cuestiono su liderazgo como director.

-Pero eso no será necesario, mi hermana quiere a Su hijo y el trabajo es lo de menos- continué modulando mi tono de voz ya que me desagradaba estar aquí y por lo mismo temía perder el control y que pasara lo de siempre. -y para serle sincero no me agrada que se esté inmiscuyendo en asuntos que no le importan, pero para que se sienta más tranquilo, mis padres dejaron un fondo para mi hermana lo suficientemente razonable para que viva feliz con cuantos hijos se le antoje tener- me levanté haciendo un ruidito estridente con la silla -si eso es todo lo que quería hablar entonces doy por terminada la reunión, ya que estoy en el entendido de que mi hermana ya ha sido aceptada por el sistema. Le agradecería infinitamente que para futuras reuniones se guarde los comentarios que afecten la integridad de mi hermana.

Antes de que tanto él como yo siguiera hablando me dediqué a utilizar mi don, obvio era una de mis cosas favoritas de hacer, manipular pensamientos era lo más divertido, excepto cuando eran de mi madre. Cuando me descubría llegué a pensar que ella tenía un don de saber cuando usaba yo el mío. Sin duda alguna, las madres no solo tienen un 6to. sentido sino miles de sentidos más. ¿La prueba? Alma Priego.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Vie 11 Nov - 15:00

Siguiendo el consejo de Job, intenté relajarme, y que todo aquello no me afectara. Era lo mejor para el bebé. No obstante, oírle llamarme “Alma”, en vez de “Mamá”, fue muy extraño, y también me alteró, aunque no era la primera vez que teníamos que hacerlo de cara al público. El problema era que desde la última ocasión algunas cosas habían cambiado. La genética había hecho que el aspecto físico de Job facilitara que ya no fuéramos madre e hijo, sino hermano y hermana; y las circunstancias personales hacían que en ciertas ocasiones yo me creyera ese rol que antes suponía sólo una farsa. Ahora, el que me llamara “Alma” era como la firma del documento que sentenciaba que los papeles habían cambiado. Fue como si de pronto cobrara conciencia de que había sido presentada como su hermana, y que para todo el mundo en aquél lugar es lo que sería. Temí que no tardara en hacerse realidad también para nosotros. Por unos segundos me hubiera gustado volver a los instantes de mi vida en los que sólo éramos mi hijo y yo, sin farsas. Pero en realidad, no me gustaba la vida de ermitaños, y tampoco creía que fuera lo más adecuado para mi bebé. Iba a tener que acostumbrarme al cambio de nombre, y a tratar de impedir el intercambio de lazos familiares.

Con un aplomo que yo había demostrado no tener, Job logró zanjar el tema para siempre. Muy pocos podían saber lo que le costaba comerse sus palabras y sentí una repentina - aunque no desconocida - admiración por él. Sabía que a esas alturas era absurdo tener esa sensación de "qué orgullosa estoy de mi hijo" Al fin y al cabo Job era un adulto, desde hacía bastante años en realidad, y yo lo había asumido de la mejor manera posible, sin tratarle eternamente como un niño. Aun así, y pese a todo, en momentos como ese me apetecía presumir delante de un inexistente grupo de madres, como si hubiera dado sus primeros pasos o hubiera ganado alguna competición.

No obstante asomó la sombra de la sospecha; y de pronto intuí que el discurso no había sido todo. Enseguida me reproché éste pensamiento. Me daba igual si había usado su don o no: había sido sutil y útil, y nos había sacado de un problema. Me había facilitado las cosas y le estaba muy agradecida. De todos modos trataría de no decírselo: no me gustaba hinchar su amor propio, y menos en lo concerniente a su habilidad para la manipulación.

- Cómo no – casi me sorprendió escuchar la voz del director, como si de pronto estuviera fuera de lugar – Ha sido un placer charlar con usted, señor Priego. Por lo que a mí respecta, su hermana puede incorporarse a las clases. Sea bienvenida al instituto de Forks.

El director lucía contrariado, pero satisfecho a la vez. Pobre hombre: probablemente jamás sabría que sus preocupaciones se habían extinguido de su cerebro por causas ajenas a él. Ahora que yo había dejado de ser el centro de atención, podía permitirme sentir compasión hacia él.

Salimos de allí y creo que el cambio de habitación tenía hasta un efecto físico en mí. No me hubiera extrañado parecer de pronto más animada, y es que había salido viva de la primera jaula de las fieras. Sin embargo la euforia duró poco, porque ahora tenía que enfrentarme a la mamá león: tenía que camuflarme entre los adolescentes, y ésta vez, Job no estaría conmigo. Esto me molestaba más de lo que era capaz de expresar. Hice un mohín y me giré para hablarle.

- En unos minutos tú y tus ojos azules me vendríais muy bien. Las chicas estarían demasiado ocupadas persiguiéndote como para inventar maldades sobre mí.

Podía imaginar los rumores sobre la chica embarazada. Además puede que alguno se preguntara por qué no estaba en la reserva, aunque eso quedaría claro una vez se suiera que no había nacido por la zona. Era un poco absurdo que me preocupara la opinión popular, pero tampoco creía estar pidiendo demasiado por querer ser aceptada; conseguir algo parecido a la normalidad, y criar a mi hijo en un sitio en el que fuera querida. Y donde no importara mi procedencia, o el mestizaje de Job. Tal vez, si tenía un golpe de suerte, podría encontrar incluso alguien con quien compartir esa existencia utópica que perseguía.


Última edición por Alma Priego el Dom 13 Nov - 6:50, editado 1 vez
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Sáb 12 Nov - 2:29

Una cascada de emociones se desarrollaba en mi interior pero poco a pocas éstas fueron mitigadas por la quietud de la húmeda habitación y mis nervios se iban controlando -llamándole nervios a los estribos que estuve a nada de perder- al ver el rostro tranquilo del director que gracias a mi don -que usaba por tercera vez en él este día y que seguramente terminaría el día con un terrible dolor de cabeza- había logrado apaciguar con una imagen de una adolescente racional que vendría a poner en alto su papel de mujer dentro de una sociedad; y que sin duda convencía mucho más a el arcaico hombrecito que una adolescente entristecida por la las circunstancias de un pasado.

Eso pareció que daba resultado en el señor Kenneth y me sentí realmente agradecido porque todo esto hubiese terminado puesto que no sabría que debía seguir diciendo y que tanto de mi don debía seguir usando con él. Nunca había utilizado varias veces en un humano asi que no sabía a ciencia cierta que alcance tendría el uso indebido del don en la mente humana. ¿Qué tal y deshace el cerebro? pensé con morbosidad divertida claro era de esperarse de alguien como yo que solo gustaba de jugar con la vida que tenía y pensar en algo como un momento entre zombies era por demás gracioso.

Pero éste no es el momento suspiré asientiendo a lo dicho por el director -gracias director Kenneth, agradezco el tiempo que nos ha brindado- estreché su pequeña mano sintiendo una leve repugnancia hacia su persona, quizá sea demasiado cruel pensarlo pera cierto, el sujeto no me agradaba nada de nada y me hacía sentir más incómodo aún sabiendo que mi madre se quedaría en el colegio sola sin mi protección. Demonios la ansiedad volvía.

Salimos de la oficina y rodé los ojos con fastidio por la temperatura del lugar. Sí, recalco lo dicho, odio Forks. Es por el bien de mamá, solo por ella. Caminabamos el uno junto al otro como siempre solíamos hacerlo mientras pensaba en la idea de dejarla allí y de tener que irme solo a casa o más bien a buscar un empleo. Fruncí el ceño mientras mis ojos se entrecerraban en un gesto pensante y un tanto aturdido por la situación que había pasado y las que me esperaban, nos aguardaban.

Parpadeé con una sonrisa risueña al escuchar lo que mi madre decía. -Uy que lástima que esta vez no pueda serte de ayuda mami- reí por la última palabra -bueno cuando inventen un chisme desagradable pues mándalas a....- callé pensando en que seguro me regañaría por la mala palabra que estaba punto de decir -... acusar- otra vez reí y me encogí de hombros.

Suspiré una vez más retomando nuestro caminar por los pasillos donde los alumnos se congregaban listos para su inicio de jornadas estudiantiles. Enarqué una ceja al ver tan pocos pero sin asombrarme demasiado, después de todo en el poblado casi ni habían habitantes, ok eso si es exagerar. Acaricié los cabellos de mi madre y le sonreí para darle ánimo -Bueno, creo que debo irme- le di un beso en la frente recordando cuando ella hacía lo mismo cuando niño y envié ese pensamiento a su mente como un recordatorio de que no todo estaría bien -vendré por ti a la salida asi que- la contemple con un gesto risueño -dame las llaves me toca el auto- y eso era justo lo que necesita en el feo poblado mientras buscaba que hacer.

-Anda no me hagas quitártelas hermanita- enfaticé la última palabra con un tono burlesco pero con una sonrisa traviesa surcando mis labios, porque lo que más quería es que ella se sientiera feliz estando allí y tranquila para que yo pudiera sentirme de igual forma. Ambos lo merecíamos...
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Sáb 12 Nov - 7:57

Entrecerré los ojos, entre suspicaz y divertida, pues estaba segura de que iba a terminar la frase de otra manera mucho menos educada, y que cambio de idea en el último momento pensando en mi reacción. No podía dejar de pensar que era irónico que después de todo conserváramos ciertos tópicos familiares. Aquello me hizo sonreír.

Seguimos caminando y le oí suspirar. Me frustraba no saber por qué. ¿No quería separarse? ¿Estaba deseando irse ya? ¿Se aburría? ¿Estaba molesto? ¿Consideraba todo eso una tontería? ¿No le gustaba estar allí? Eran demasiadas posibilidades y tuve que forzarme a permanecer callada, y evitar la tentación de preguntar. Me había propuesto desde hacía un tiempo dejarle su espacio pero no podía evitar preocuparme; era algo implícito en mi forma de ser, y supongo que también era parte del trabajo de madre, aunque en muchas cosas no fuera de lo más “convencional”.

Llegó el momento de que se fuera, y sentí una ansiedad creciente al oírle expresarlo en palabras. Pero antes de que esa ansiedad cobrara forma, una idea vino a mi mente: recordé la situación inversa, cuando era yo quién le dejaba a él en el colegio; en aquellos tiempos donde una podía y solía ser madre a los dieciséis años, y él aun era un niño. No podía estar segura de si esa idea era mía o era suya, pero desde luego me hizo sonreír y me dio las fuerzas que necesitaba para comportarme de forma más madura. Fue un alivio saber que vendría a por mí… con el coche.

Durante unos momentos me quedé quieta, como si no pensara darle las llaves. Por eso volvió a pedirlas, bromeando con quitármelas. Cuando esbozó esa sonrisa pícara pude ver en él al hombre de quien había heredado su belleza. Cierto que con los años el pelo de Job se había vuelto más oscuro, y que sus ojos eran azules en vez de dorados, pero era idéntico al vampiro con quien había compartido una mitad de mi vida. En pocos meses la mitad de la población femenina estaría tras él. Quizá acabara por encontrar a la persona hecha para él antes de que yo encontrara la mía.

Sacudí la cabeza y regresé a la conversación, hurgando en mi bolsillo en busca de las llaves. Hice un gesto compungido, totalmente exagerado, y las dejé caer en su mano, como quien se despide de algo que no va a volver a ver.

- No sé si tengo más miedo por ti o por el coche. – protesté, en broma, pues por supuesto confiaba en su capacidad de conducción. Más o menos.

Como yo ya no podía despeinarle tal y como hacía él conmigo – era indiscutible y endiabladamente más alto, a pesar de que yo no fuera precisamente bajita – me puse de puntillas y le abracé, en un gesto espontáneo y cariñoso.

- Diviértete. - Aunque la verdad, no sabía qué podía hacerse en un pueblo, sin conocer a nadie. Quizá precisamente eso: conocer gente. Lo que me recordaba… - Y no te aproveches de los incautos pueblerinos: me parece que ya has usado demasiadas veces tu poder.

Aun así, no podía estar segura de que no fuera a hacerlo, y me pregunté si eso podía perjudicarle a él de alguna manera. No solía, según creía yo, usarlo muchas veces en un día.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Sáb 12 Nov - 19:53

Me encantaba verla sonreír hacia que me sintiera menos ansioso, podía dejar de tener los nervios a flor de piel cosquilleandome y recordándome que tenía que dejarla, pero era imposible dejar de pensarlo cuando en breve me marcharía y no solo eso sino que mañana tendría que hacer lo mismo y después otra vez y así sucesivamente. Supongo que tendría que acostumbrarme o hacer de cuenta que todo saldría bien. Claro que saldrá bien, siempre se debe tener una mente positiva y yo era ese chico el que siempre tiene una palabra de aliento, una sonrisa animosa y un comentario atinado a la situación. Más ahora que Alma lo necesitaba y ¿por que no decirlo? Yo también lo necesita.

Todavía continuaba sonriéndole cuando ella me dedicó una de sus cariñosas sonrisas, lo que me dio a entender que mi pensamiento le había llegado, a veces no podía saber si realmente me metía en su mente, bueno solo si mi radio había servido bien, puesto que en ocasiones ella no mencionaba nada solo se limitaba a guardarse sus pensamientos fuesen suyos o no. Cosa que me disgustaba por momentos ya que no sabía que pasaba por su mente, me hacía desear tener la habilidad que poseían los licántropos de comunicarse entre ellos mentalmente.

Y luego estaba esa mirada que me decía que estaba yendose al jardín de sus recuerdos, retrocediendo en el tiempo como solo ella sabía hacerlo. Donde incrementaban mis ganas de tener la habilidad de los de su raza, aunque también me hacía falta tener su habilidad para perder el hilo de las conversaciones, yo casi nunca lo hacia, siempre estaba consciente en todo lo que había -solo fingía no hacerlo- como cuando me regañaba por no haber hecho los deberes o me había dicho que compraba alguna cosa y alegaba haberlo olvidado cosa que no era cierta porque me gastaba el dinero en otras cosas y ella no sabía como funcionaba mi híbrida mente que también poseía una excelente memoria.

Rodé los ojos al tiempo en que sacudía su cabeza -oh vamos en realidad no crees lo que estás diciendo- reí al ver su gesto dramático, tomé las llaves haciendo un gesto ansioso por el metal y las jugueteé en mis manos.

No puedo decir que me sorprendiera su abrazo aunque me tomó desapercibido, ella suele ser cariñosa como una madre, y siempre me hizo sentir que realmente quería mi presencia a su lado, pero en momentos como éste me recalcaba ese hecho y sin duda aumentaba mi seguridad porque sabía que ambos estaríamos bien pasase lo que pasare.

Sonreí dándole unas palamaditas en su espalda y besando su mejilla en cuanto nos separamos. -Uy si, iré al centro comercial o quizá vaya a la agencia a cambiar esta chatarra- mostré las llaves con gesto burlón para después cambiarla por una cara de niño bueno -¿yo?- dije señalándome -que hiriente que los pienses si solo han sido un par de pensamientos-

Reí y lamí mis labios -bien no haré nada de eso, pienso ganarme un empleo por mis propios encantos- sonreí con coquetería -más bien tú portate bien, pon una linda sonrisa amigable no la huraña que sueles hacer, trata a todos con amabilidad- miré pasar a un par de adolescentes que contemplaban a Alma con curiosidad -después de todo era una mujer atractiva- -..., y bueno en general sé tú misma seguro encontrarás buenos prospectos- solté una risita divertida volviendo la mirada a ella.

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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Dom 13 Nov - 8:01

Ignoré el comentario sobre el coche. Puede que no fuera un último modelo, pero funcionaba que era lo importante. Además, precisamente él, que aun podía transformarse en lobo, no necesitaba el coche salvo para hacer de tapadera; iría más rápido por su propio pie.

Tampoco me importó su tono inocentón y sobreactuado. Pero lo que me llamó la atención, fue lo de encontrar trabajo. Es cierto que era lo mejor para callar a la gente y sus posibles comentarios, pero no tenía por qué hacerlo. Ciertamente no necesitábamos un sueldo, si no hacíamos gastos innecesarios como lo de comprar otro coche, y yo siempre había pensado que él no quería trabajar. Quiero decir que ¿acaso alguien quiere hacerlo? Sentía curiosidad por ver el trabajo que elegía. Yo por ejemplo, sería maestra, o quizás algo relacionado con las artes.

En ese momento pasaron dos chicos a nuestro lado, e hizo otro comentario jocoso. Sentí que me ruborizaba un poco y protesté, ante sus acusaciones:

- ¡Soy amable! Casi siempre…Y si soy yo misma me temo que más de uno se llevará un buen susto. Te recuerdo que tengo años suficientes para ser una momia. Aunque creo que las vendas no me favorecen.

Sonreí, relajada. Una vez él se fuera, no iba a tener más oportunidades de hablar con tanta libertad, pues allí nadie sabía ni debería saber nuestro secreto. Tenía que buscarme un tema de conversación más propio. Y un hobbie. Entonces pensé en la pequeña cámara digital que se escondía en mi mochila. Eso era bastante normal ¿no? Todo aquello podía ser una oportunidad para liberar mi lado infantil. Acordándome de eso, me descolgué la mochila y saqué la cámara. Apunté hacia Job e hice una foto rápida, sin enfocar. Después, me reí.

- Puede ser divertido.

Me gustaba la fotografía, y era algo que podía explotar en el mundo adolescente. Pero además me encantaba sacarle fotos a Job, sobretodo en su forma de lobo. Era como un sistema de autoengaño, que me hacía creer que nos parecíamos en algo físicamente: los dos siendo licántropos aunque él lo fuera sólo en parte. Me acordé entonces del olor que percibí en las cercanías; lo que en parte me había llevado a Forks.

- ¿Crees que habrá algún problema con los licántropos que viven por aquí cerca? ¿Nos estaremos metiendo en su territorio o algo así?

Hasta ahora había pensado que mi mayor problema podía ser un grupo de niños malintencionados, pero había otro tipo de criaturas por ahí sueltas, y según creía no muy lejos. Debido a mis malas experiencias no me atrevía a conocerles. La Push estaba vetada para mí, de momento. Y por supuesto, debía hacer lo posible para que no tuvieran conocimiento de Job. Eso sí que podía ser un conflicto.

Off: Molaría si se mete algún Cullen "estudiantil" cuando Job se vaya o antes de que lo haga. ¿No crees? Después de todo Los Cullen no se encuentran con alguien como tú todos los días (siéntete especial xD)
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Dom 13 Nov - 14:05

Y es aqui donde las ansias me golpeaban ferozmente y en cada palabra que producía y pensaba me repetía que todo estaría bien. Sí, todo estará bien aun cuando no me gustara la soledad, ni pasarme el día sin hablar con nadie, me daba cierta nostalgia pensar en ello en este momento. Pero, ¿qué me pasa? Yo soy muy decidido, seguro en la primera tienda en la que entre ya estará haciendo amistades, ok es muy precipitado este pensar, pero no estaría como todos los foraneos. Yo sería diferente, no hay nada que me intimide, bueno no tanto.

Sé que ésta vez no tendría a mi madre a mi lado haciéndome sentir seguro, pero no siempre puedo escudarme en ella, no cuando ya tengo... un par de años. Así que bajo ese pensamiento debo regirme, debo sentirme feliz porque podré tener un poco de independencia ¿qué no es lo que más quería? Sí, eso creo, ahora comienzo a pesar que esa idea es algo extraña, porque se sabe que no se puede obtener "libertad" sin sacrificar la seguridad que la familia te provee. El llamado costo de oportunidad, hay A y B, si eliges una dejas la otra, así de fácil.

Aunque ya me estoy yendo a los extremos, no tenía que sacrificar nada porque solo me separaría de ella unas horas. Viendolo desde este ángulo creo que mis sentimientos se disipaban y me hacían caer en la tranquilidad cosa que me gustaba porque me daba el poder de decisión sobre mí mismo. Y eso era todo lo que necesitaba como el motor impulsor que me dijera "vamos Job, deja a Alma ya para que comience a socializar" sonreí por mi pensamiento y quise mandárselo a mi madre pero desistí, no le gustaba que usara mi don ella.

Rodé los ojos y reí -si claro, tienes razón Alma tu mal humor haría que todos salieran corriendo, mejor relájate e intenta pensar que estoy cerca, actua con precausión- bufé -mmm aunque no estoy seguro de que conmigo cerca acúes mejor... ok cambio de planes inventate una personalidad- reí eso era una tontería, mi madre nunca haría eso y yo sabía que si se comportaba como ella misma tendría amistades en un parpadeo -y lo de las vendas es una excelente idea, podría ser una moda original.

La miré con cierta curiosidad cuando sacó su cámara que me dio un flash directo entrecerré los ojos frunciendo el entrecejo -si, divertido- mascullé -es buena idea, ande hermanita tome fotos y me las muestra en casa, igual y podrías ser parte del periodico escolar eso te vendría bien- sí era buena idea que gastara sus energías con gente a fin de ella.

Miré a mi alrededor y los supuestos adolescentes seguían mirando en nuestra dirección. Eran extraños y fue en ese momento en que me percaté que su aroma era distinto al nuestro, quizá mi sentido no fuese el mejor pero podía identificar las diferencias entre los humanos, los licántropos y la mía claro.

Negué con la cabeza -no creo, en todo caso el fin de semana debería ir a echar un vistazo a la llamada reserva, ya sabes hay que llevar la fiesta en paz- la miré con cautela -¿qué hay de ellos?- hice un gesto hacia los muchachos pero hable entre murmullos, me eran extraños, o quizá asi fuese su aroma como licántropos de esta región ¿no?
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Dom 13 Nov - 16:52

¿Visitar la reserva? No estaba segura de que fuera una buena idea. No, no era buena en absoluto. Era como agitar un pañuelo de colores en sus narices y decir “Hola, estamos aquí. Mi hijo es fruto de esas criaturas a las que tanto odiáis, y yo mantuve una relación con su padre-nomuerto. ¿Por qué no acabáis con nosotros?” Una de mis mayores prioridades era mantener a Job alejado de allí. Pero tampoco podía pretender estar tan cerca y que nunca se dieran cuenta de nuestra presencia. Era un problema que debía meditar, sin duda, pero en ese momento la dirección del aire cambió, y con ello algo irrumpió con fuerza en mi cerebro, borrando cualquier otra cosa que pudiera estar ocupándolo.

Un olor, un fuerte olor…. Oí que Job decía algo, pero no pude prestarle atención porque aquello era…olor de vampiro. Giré la cabeza, y vi a lo lejos a los dueños de ese aroma. Podía distinguir su palidez a la perfección. Me quedé congelada. Noté cómo me ponía rígida y mi cuerpo empezó a temblar, aunque ya sabía que me sería imposible transformarme, como siempre desde que estaba embarazada. Aun así intenté controlar el temblor, porque no sería normal ver a alguien vibrando como un diapasón.

Sabía que era absurdo reaccionar así. ¿No era yo la promotora de la paz y armonía entre nuestras especies? Pero era algo instintivo, y además el que me hubiera llevado bien con un vampiro que no mataba humanos, no significaba que me tuviera que llevar bien con todos los vampiros del mundo: era consciente de que nuestras especies debían odiarse. ¿Y si provocaba una pelea con mi presencia en ese lugar? ¡Agh! Había evitado cuidadosamente toparme con alguno, y tenía que ser precisamente allí y en ese momento cuando rompiera ese
aislamiento...

Dejé de pensar y actué: me puse delante de Job de forma protectora: su olor delataba su extraña procedencia. Lo desconocido significaba peligro. Apenas podía hilar dos ideas, pero sabía que debía proteger a mi hijo. A mis hijos me corregí, y me llevé una mano al vientre también en ademán protector.

No sabía qué hacer. Estaba en clara desventaja, ya que no podía transformarme por razones que no acaba de enteder, relacionadas con mi bebé. Además a ninguno de los dos bandos nos interesaba revelarnos delante de los humanos. Estuve a punto de voltear la cabeza hacia Job, para comprobar si se había dado cuenta del problema, pero no podía bajar la guardia. Mis ojos no se separaron de aquellos dos seres, a los que podía ver con relativa claridad pese a que estuvieran algo alejados.

Pero ¿qué hacían ellos ahí? ¿Acaso estaban de caza? ¡Iba a ser una masacre! No podía dejar que todos esos niños humanos sucumbieran ante…

Espera pensé ¿qué es ese reflejo en sus ojos? ¡Dorados! ¡Son dorados! ¿Serán…?

¿Podían ser vampiros que se alimentaban de animales, tal y como había hecho Dimitri? ¿Podía darse esa casualidad? Me relajé enseguida, como si eso acabara con todos los problemas.

- Hola –dije en voz baja, sabiendo que su desarrollada capacidad de audición les permitiría escucharme. Enseguida cambié mi postura, consciente de que llamaba un poco la atención. Me coloqué el pelo detrás de la oreja y esbocé una sonrisa tímida, buscando de pronto caerles bien. – Vaya, ¡éste sí que es un pueblo interesante!

Sólo entonces me permití observarles. Eran guapos, por supuesto. Dimitri también lo había sido: hirientemente hermoso. Uno era muy grande. Caramba ¿encajaba en un instituto? ¿Sería profesor? Quizá estaba de visita, pero llevaba mochila como los demás. El otro se amoldaba más al canon de edad establecido para los estudiantes, pero me pregunté cuántos años tendría en realidad. El olor que ambos desprendían era tan potente y desagradable que me pregunté cómo había tardado tanto en darme cuenta. Me había centrado demasiado en parecer humana; había descuidado mis sentidos. Eso podía haber sido peligroso.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Dom 13 Nov - 17:31

Días como éstos les esperaban a los Cullen, días en que veía el despertar desde su habitación mientras la música sonaba tranquila y distante, y sus pupilas divisaban el mover del viento, la neblina atiborrando los grandes árboles y la claridad que se asomaba entre las nubes como pequeños halos que en otras ciudades serían fuertes luces amarillentas que indican el nacimiento de un nuevo día, pero que aquí solo eran fragmentos de luz que hacían desear que el día estuviera terminando.

Pero nunca tenía tal dicha, siempre era de mañana y tendría que volver a fingir tener 17 años otra vez, en el instituto con profesores y alumnos que hacía mucho le habían dejado de mirar con curiosidad y que sus mentes ya no dedicaban pensamientos para los Cullen, no muchos. Y otra vez tendría que enfrentarse a Isabella Swan, haciéndole sentir esa marea de emociones, con sus torrenciales lluvias de dudas y muchas otras cosas más que comenzaban a darle un poco de temor. Temor por no saber que hacer, por sentirse atraído hacia una humana con tanto ahínco y sin tocar el amor sentido por Tanya.

Y ese día no sería diferente, al menos así lo pensaba Edward quien aparcó su volvo plateado en el estacionamiento divisando a lo lejos un vehículo que nunca antes había visto. Pero, lo ignoró y comenzó a avanzar a paso lento hacia el edificio. Hasta allí todo marcaba la normalidad, sin embargo cuando pisó el escalón un fuerte efluvio embriagó sus pulmones, olía como los licántropos que había conocido décadas atrás en la reserva, aunque según sabía estos estaban "extintos".

Agudizó su sistema y captó un efluvio extraño, y el corazón que le recordaba al de su hija. Eso era imposible, otro híbrido? Hizo una señal hacia Emmeett para que fuese a su encuentro y sin decirle nada -gracias a los años juntos ambos vampiros se comunicaban aun sin necesidad si hablar- entraron al instituto, siguiendo el camino de los extraños efluvios.

Pronto dio con ellos era una menuda mujer de oscuros cabellos que pensó que era una chica de la reserva, pero su acompañante era un joven blanco de ojos azules que tenía una extravagante mezcla de efluvios que le desconcentraban. Pasó de largo situándose a la espalda de la chica mientras se recostaba en el casillero para así poder apreciar al muchacho.

Comenzó a usar su don, leyendo la mente de la mujer que se expresaba de él como su hijo y podía rescatar su amor hacía él. Le desconcertó pero siguió y al pasar al chico se encontró con una radio averiada, como si sus ondas de frecuencia estuvieran contrariadas por el clima. Era sumamente extraño, con Nessie si podía usar su don pero él. Después de todo era completamente diferente, su aroma lo predecedía. Ahora lo notaba...

Se irguió cuando el chico lo miró y habló con la adolescente embarazada. ¿Embarazada? Sí, podía escuchar el latido del pequeño corazón de neonato. Entrecerró los sin apartar mirada de los foráneos, pero en un momento después ella se estaba poniendo en posición que le advirtió que se había percatado de su presencia. Tardía presencia.

-Si lo és... tanto como ustedes- musitó yendo a su encuentro, no quería una escenita allí que revelara los linajes de ambos, pero estuvo seguro de que la había visto temblar, como los licántropos al transformarse, lo recordaba con claridad. -El tratado no ha sido corrompido, no veo el porque nos hagan una visita- continuó hablando entre susurros sin dejar de observarle con un gesto inescrutable.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Lun 14 Nov - 15:48

Terminé de abrocharme el último botón de la camisa y contemplé mi reflejo durante unos segundos. Después me aparté del espejo y me despedí de mi hija, que debía quedarse con Esme mientras los demás fingíamos ser estudiantes y Carlisle practicaba la medicina. Era una rutina invariable y soberanamente aburrida, pero no teníamos más remedio que continuar haciéndolo, si queríamos permanecer en un mismo sitio durante varios años.

El viaje hacia el instituto era muy corto en el Volvo de Edward, pero hubiera sido más rápido aun si hubiéramos ido por nuestro propio pie. Claro que eso llamaría un poco la atención, y nos había costado mucho conseguir esas miradas de indiferencia por parte del alumnado. Bajé de un salto mientras mi hermano terminaba de aparcar y me quedé mirando los coches que tenían arañazos y abolladuras; algunos de los cuales eran tan pequeños que probablemente no serían visibles para sus dueños. Iba a hacerle un comentario a Edward cuando me di cuenta de que él ya estaba casi dentro del edifico, y me hacía señas para que me acercara. Algo no iba bien, se veía en su rostro.

Al avanzar solamente un poco pude entender cuál era el problema. Ese olor…. Ese horrible olor a licántropo impregnándolo todo. ¿Qué diablos estaban haciendo allí? Distinguí también un aroma extraño, pero no lo supe identificar con algo que hubiera visto u olido jamás. Según avanzábamos por los pasillos, guiados por nuestro olfato, comencé a distinguir el sonido de un aleteo: un corazón vibrante como el de mi supuesta sobrina. Asocié el olor extraño con esos latidos.

Pasamos muy cerca de una chica, cuyo tono de piel delataba su mestizaje. Tuve que contener el impulso de taparme la nariz, aunque en parte su olor quedó camuflado por el del chico que la acompañaba, blanco, extraño, y probablemente no del todo humano. Estaba dispuesto a enfrentarles allí mismo, pero Edward siguió avanzando, y se quedó a una distancia prudencial. Le seguí, aunque no dejé de mirar a los otros dos sin que al parecer se dieran cuenta.

Agudicé el oído para escuchar su conversación, bastante seguro de que Edward estaba escuchando además sus pensamientos. Entonces por fin, la chica reparó en nuestra presencia y adoptó una posición que no sabía si calificar de ataque o de defensa. Yo la imité, divido entre las ganas de combatir y la necesidad de proteger el secreto. Noté como un gruñido subía por mi garganta, pero entonces ella habló, como si de pronto no pasara nada, aunque estábamos demasiado lejos para una conversación normal entre humanos.

Más bien, al venir aquí, ellos acaban de romperlo – le dije a mi hermano, pero con el volumen suficiente para que ellos también lo oyeran – Si fuera a la inversa, ya se habrían lanzado a por nosotros

Eso último era en parte un reproche hacia Edward, por esa postura pacifista que había adoptado. ¿Qué es lo que habría escuchado en su mente para estar tan relativamente tranquilo? ¿Tal vez que no tenían intención de iniciar una pelea? De todos modos, ¿qué o quién era el extraño chico que acompañaba a la loba?


Última edición por Emmet Cullen el Miér 16 Nov - 8:04, editado 1 vez



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Retador: Kya --> Te reto a que muerdas a una humana hasta el punto que tenga que ir urgente al hospital.

Retador: Kate Denali----- Te reto a que le digas a Rosalie que encontraste a una humana mas linda que ella y que si le puede dar un hijo

Ratador: Kate Denali ---- te reto a que le digas a esme que no te gusta la decoracion de la casa que os hizo y por eso la desarmaste

Retador: Alice Cullen - Te reto a que le confieses a Edward que si fueras mujer también estarías interesada por él y rendido a sus encantos pero como eres hombres te toca aguantarte...





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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Mar 15 Nov - 21:21

Como me fastidiaba no poder la mente de mi madre. Porque no era capaz de entender el porque de sus mohínes, ¿qué es lo que pasaba en su pequeña cabecita? Me preguntaba muy a menudo cuando tenía sus cambios de humor, como cuando se comportaba como una madre en toda extensión de la palabra, reprendiéndome por mis "malas" acciones, o tan delicada y cariñosa como solo ella podía ser, cuando andaba por la vida con tranquilidad o cuando se tornaba majestuosa en esa piel blanquesina que adquiría el color de la probidad con la que ella misma actuaba. Cuando se comportaba como la mujer madura que era o incluso cuando se daba el lujo de ser una chiquilla caprichosa haciendo una rabieta. Nunca podía saber el porque de sus acciones, pero pese a que ella era así, multifacética siempre... siempre demostraba su amor hacia a mí. Su hijo, persona que no compartía un DNA pero que sí tenía más de ella que de cualquier ser humano en el mundo.

Pero no dejaba de serme desconocido el porque de sus gestos pensantes. Como ahora, que quizá estaba pensando en que la idea de ir donde los de la reserva era una mala idea. Porque no siempre eran aceptados en los territorios los foráneos, no por nada se dice que somos una raza territorial, donde me incluyo por la proporcionalidad que poseó de los licántropos que es una medida baja, pero existe. Y además estaba el hecho del que acabo de mencionar, en donde soy parecido y diferente a ellos. Está de más pensar el motivo por el cual nos habíamos ganados muchas peleas, sí, era por eso... mi parte vampírica, que también era minúscula pero estaba, allí presente y casi palpable para mí.

Ni siquiera me daba respuesta cuando al haberle señalado a los supuestos adolescentes ella se giró. Sí madre es bueno salirte por la tangente, pensé con acritud, misma que se difuminó en cuanto ella adoptó una postura para qué... ¿defenderme? ¿Por qué? ¿Qué rayos pasaba aquí? Otra vez Job iba a atrás, solía sucederme cuando dejaba pasar las cosas de largo, quizá era porque me escudaba demasiado en Alma, puesto que siempre sabía que ella estaba allí para defenderme. Pero algunas veces eso me causaba irritación como ahora. Ella podría salir peor de herida que yo ya que no podía entrar en face, no desde su embarazo.

Fruncí el entrecejo mirando a los tipos cayendo en la cuenta de algunas cosillas que se me habían pasado. Eran pálidos, demasiado, pero un achaque del clima, creo. Tenían una mirada sombría, uno era amendrador y el otro daba mi ancho, aunque no de la edad, claro ésta. Pero no era eso la única diferencia sino su peculiar aroma.

Miré a ambos lados para comprobar que nadie estuviera prestando una atención especial a la escena, la de Alma por supuesto, era ella quien adoptaba una postura de defensa. Quería darle un zape para que se hiciera a un lado y me dejara a mí la pequeña batalla. Que obvio no se desarrollaría y no era porque yo no lo quisiera -que no lo quería-, sino porque pronto mi madre se relajó y todo en ella cambió. Inclusive su forma de hablar era distinta. ¿Qué demonios haces? pensé poniendo mi mano sobre su hombro en cuanto uno de ellos comenzó a avanzar hacia nosotros.

Entonces lo noté de verdad. Había cometido un error, bueno más bien dos errores. El primero es que su corazón no latía, todo en el dormía, no habían torrentes sanguíneos llenando su carótida, dentro de su pecho no se escuchaba el rítmico sonido que tanto me gustaba. No, solo había silencio. Vampiros? Negué en mi interior. Creo que ya los había visto con anterioridad, me refiero a los vampiros y no a los chicos. Pero en su momento no había puesto la atención requerida, y ahora estaba frente a unos. Que extraño.

Y el segundo es que me atreví a mandarles una señal de aviso, para que no se acercaran. Era una advertencia, pero muy sutilmente diseñada que solo consistía en que se alejaran y le dejaran en paz. Pero al mandarla al castaño una onda me asaltó, era como si existiera una lucha de poderes. ¿Protección... un muro? Quizá mi don ya estuviese cansado. Sí, eso debe ser porque no hizo efecto, él avanzaba a nosotros.

Ok era la hora de la retirada. Al menos yo lo quería pero mi mamá no, por el contrario se llenaba de saludos. ¿Qué de interesante había en ese poblado? -Alma ¿qué haces?- musité quedito esperando que esos seres pudieran escucharme, un medio inexacto puesto que yo sabía que tenían desarrollado su sentido, el mío lo estaba y no era del todo vampiro.

Enarqué una ceja en cuanto éste habló y el segundo -el amendrador- le siguió. ¿De qué tratado hablaban? No me digan que aquí existe el pacto de guerra por escrito. Bah que tontería. -Nosotros no venimos a visitarlos- murmuré al igual que ellos, creo que eran ellos como mi madre. Y como siempre ella dice: "Hay que conciliar cualquier problema mediante el uso de palabras". Era eso o "No hay que hacer uso de la fuerza bruta cuando existan las palabras". El caso era el mismo. No pierdas los estribos o te castigaré. Eso sonaba más sencillo de explicar. -y tampoco sabemos de lo que hablan... explíquense vampiros-. ¿Es una guerra declarada? Vamos, existe el pacto de paz y esas patrañas en las que mi madre creía, aunque había algo que no se podía negar, su batalla interna producto de un instinto natural.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Miér 16 Nov - 11:15

No podía dejar de mirar los ojos del que habló primero, el del pelo cobrizo. Ese dorado imposible, enmarcado por esas ojeras lavanda… Mi mente se llenó de imágenes de un pasado demasiado lejano. La primera vez que vi unos ojos como aquellos me asusté; estaba segura de que iba a morir, a manos de un frío en cuya leyenda ni siquiera creía. En cambio, en ese momento, esa mirada me tranquilizaba, como si fuera la garantía de que no iba a pasarme nada malo.

Por eso me sorprendieron tanto sus palabras, que demostraban que, evidentemente, mi tranquilidad no era compartida. No parecían sorprenderse de nuestra existencia, sino de nuestra presencia allí: conocían a mi especie. Asocié ese conocimiento con el efluvio de los licántropos que percibí en La Push. Estando tan cerca, era imposible que no se conocieran mutuamente. Lo extraño era que los miembros de una raza, no hubieran exterminado aun a los de la otra. “El tratado no ha sido corrompido, no veo el por qué nos hagan una visita“ Intentaba comprender el significado de esas palabras, pero sólo alcanzaba a entender que nos tomaban por unos de los licántropos que conocían. ¿Acaso no veían que Job no entraba exactamente en el estereotipo de “metamorfo”?

Iba a tratar de explicar el malentendido, cuando el otro vampiro, el más grande, intervino. Tenía una actitud algo más agresiva que la de su compañero, como si estuviera esperando a una señal para lanzarse sobre nosotros. Sus palabras apoyaban ésta sensación, y nos acusaban de la ruptura de un tratado que no conocíamos. Haciéndose eco de mi desconcierto, Job les exigió una explicación y me hizo caer en la cuenta de que yo era la única que estaba a gusto de los allí presentes. Mi hijo no entendía ninguna de mis reacciones y podía notar el esfuerzo que hacía por contenerse, al igual que el chico grandote.

A raíz de las palabras del segundo vampiro, creí entender el fundamento básico del tratado que habían mencionado. No sabía en qué consistía exactamente, pero parecía una especie de pacto de tolerancia. Eso explicaba por qué las dos especies habían logrado convivir en relativa cercanía. Algo parecido a lo que una manada había tenido con Dimitri. La misma manada que terminó por matarle aquél día que prefería no recordar.

Apreté la mano de mi hijo, que yacía en mi hombro, para indicarle que se calmara; que no ocurría nada malo. Pero lo cierto es que el había sido bastante sensato, ya que aun no tenía un razonamiento lógico, para saber si podía fiarme de ellos, por muchos ojos dorados que tuvieran. Por eso había llegado el momento de acabar con la tensión.

- No hemos roto ningún tratado, ya que no hemos hecho ninguno. Acabamos de llegar a Forks. No buscamos ninguna clase de pelea, pero entenderéis que sí tenemos algunas preguntas. - ¿Quiénes eran y qué hacían allí? - Supongo que vosotros tendréis las vuestras. – me refería por supuesto a Job, que era un interrogante en sí mismo.

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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Miér 16 Nov - 22:52

Había olvidado lo mucho que le desagradaba el aroma de los licántropos y es que hacía tiempo que no se topaba con ellos que ciertamente ahora era como un golpe en su olfato. Como una bofetada de un peculiar aroma que por demás lo definiría como ligeramente asqueroso. Bien eso era demasiado despreciativo y le hacía pecar de una baja moral, pero no importaba cuando ese pensamiento se alojaba únicamente dentro de su cabeza. Además estaba bien despreciar a la raza que por naturaleza era su dispar, su enemigo su contrapunto.

Pero para poder establecer contacto con los allí presentes, con la chica de la reserva y el muchacho de estraña procedencia se limitó dejar de respirar, solo contenía el poco aire puro que había alcanzado a tener. No obstante su curiosidad por el chico era tal que prefirió estar inhalando su aroma para descifrar que era él, ya que en su efluvio se distinguía en parcialidades su sangre humana, licántropa y... vampírica. Eso no podía ser, donde lo que no podía ser era el hecho de que su mente emitía un frecuencia que no lograba captar. Cada que creía haber alcanzado un pensamiento del muchacho éste se distorsionaba, haciendo un ruidito parecido al que hace la tv cuando ya no hay programación.

Le dedicó una mirada de soslayo a Emmett ya que éste como siempre hacía unos comentarios bastante bruscos era fácil de saber que el más feliz de tener motivos para luchar era él. Sin embargo Edward se dedicó a inspeccionar el pensamiento de la única persona a la que podía accesar después de su hermano. La chica. En ella podía leer su confusión que por obvias razones se presumía como genuina. Muy honesta del no saber que hacer, aunque rápidamente captó la dirección de las palabras de los vampiros al atar cabos. Sí, ella es bastante inteligente y perspicaz.

-Tranquilízate Emmett- musitó clavando su mirada en el ojos azules. El chico mostraba casi la misma seguridad e impertinencia de su hermano, cosa que se le antojó gracioso puesto que podría ser un buen amigo para el fortachón, siempre entrando en peleas de chicos, gestos y bromas pesadas. Ya casi podía plantearse la escena de ambos forcejeando y siendo tan competitivos y que terminarían enfadados por un empate.

Gustaba mejor de la manera de expresarse de Alma, porque ese era su nombre lo había escuchado en el murmullo del castaño. Enarcó una ceja mirando a ambos sujetos. Pero quien llamaba la atención era el chico, ese efluvio delicado como si su DNA hablara mezclando todas las razas en un solo lugar. -No son de la reserva- afirmó recalcando las palabras de la morena. -¿Qué hacen aquí? ¿por qué Forks y por qué están ustedes en el instituto?- en efecto ambos tenían preguntas, pero ¿cómo debían ser planteadas? -¿qué clase de híbrido eres?- no había sido un cuestionamiento de lo más acertado, pero quería saber y lo quería saber ahora.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Jue 17 Nov - 8:02

Edward, igual que yo, no dejaba de mirar al chico. Él no olía mal, al menos, y es que el tufo a lobo lo impregnaba todo. Aunque no me gustaba la sensación, finalmente decidí no respirar. Sin embargo, mi hermano parecía más impaciente que enojado o preocupado y supuse que estaba leyendo algo interesante en la mente de los dos extraños.
No entendía por qué se molestaban en negar el tratado. ¿Acaso uno de ellos no era licántropo? ¿Iban a negar eso también? De nuevo mi hermano me sorprendió, porque les creyó a la primera. En fin, el telépata manda, supongo.
Conque no eran de la reserva. Con más razón entonces ¿qué hacían en aquél instituto? Edward fue más rápido en preguntar… Como siempre, iba un paso por delante. Me moría de ganas por saber qué estaba pasando de una vez por todas. Una loba aparentemente embarazada y un…bicho raro, que sin duda podría darme una buena pelea. Sentía que él me evaluaba de la misma manera.
¿Híbrido? – pregunté, sin tener muy claro hacia quién lo dirigía. No olía como Renesmee. No era un licántropo. Tampoco era humano, y desde luego no era un vampiro. Pero sí que era muy pálido, y parecía tener la suficiente confianza como para enfrentarse a nosotros, conociendo que éramos vampiros. Eso quería decir que se sabía fuerte, y lo convertía, tal y como había pensado, en alguien a tener en cuenta.
Parecía poco probable que su presencia allí tuviera algo que ver con nosotros, pero la chica no parecía sorprenderse demasiado por nuestra naturaleza, o por nuestros ojos. Pese a su primera reacción, tampoco parecía dispuesta a pelear y tenía un algo que me recordaba, de alguna forma irritante, a Carlisle. También veía en ellas cosas de Esme, como esa actitud protectora que aun no había abandonado, aunque su postura fuera más relajada. ¿Qué relación tenían esos dos, que no se parecían en nada? Y la loba, ¿Por qué no se sentía amenazada? ¿Por qué no se había transformado? ¿De dónde venía ese autocontrol? ¿No era que los lobos no podían controlarse?
¿Por qué parecía, de un modo imposible y absurdo, alegrarse de mirarnos, en especial de mirar a mi hermano? ¿No se preguntaba qué esperábamos para merendarnos a los humanos? ¿No se sentía llamada a protegerlos? ¿Qué clase de licántropo era? Parecía que supiera que nuestra dieta era diferente, y que ello la bastara para aceptarnos de una forma excesivamente cordial. Bien pensado, hasta era raro que fuera loba una mujer.
 



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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Vie 18 Nov - 0:34

Si creía que la situación antes me desagradaba es mentira, porque ahora si comenzaba a molestar, y es que me fastidiaba la superioridad y condescendencia con la que hablaban esos fulanos. Era desagradable vernos en sus tierras, ya que al parecer lo eran o al menos la forma en que lo decían daba a entender ello. Ciertamente odiaba estar aqui con ellos porque algo dentro de mí se despertaba como un instinto o no sé que era pero me hacía querer transformarme, dar batalla por algo. ¿Acaso sería que ellos poseén alguna clase de don que motive esto? No, creo que ya me hubiese dado cuenta ¿no?

Los miraba con severidad en cuanto dieran alguna señal con la pena para ellos y los humanos pero mi madre estaba antes de cualquier persona o secreto, además siempre podía usar mi don. Aunque no en tal magnitud pero bien podría hacerlo si me lo proponía. En todo caso siempre habían otros planes como el de la huída y dejarle los problemas a los vampiros y el de matar a todos. El segundo sonaba bien, dudo que Alma quiera llevarlo a cabo, de hecho creo que yo no lo haría tampoco. Un mal plan...

Enarqué una ceja puesto que todos aqui querían hablar. Mi madre era una mediadora, una pacifista eterna y el castaño tambien tenía esa irritante amabilidad envuelta en seriedad y cierta cortesía. Pero quien no terminaba de gustarme era ese, el grandote. Me miraba extraño, no como el otro chico quien en su mirada se notaba su curiosidad ante todo, pero en el moreno estaba su lacerante mirada retadora. ¿Qué quería, un juego de fuerzas? Si, bonitos nos ibamos a ver jugando.

-No, no somos de la reserva- resoplé -expliquense con lo del tratado- yo a fuerza queria saber a que se referían y si alguien no me lo informaba ahora entonces... mmm bueno mis estribos se verían perdidos, y es que porque no decirlo? soy caprichoso y me gusta estar enterado de las cosas que nos atañen, donde por supuesto mi madre y mi hermano estaban implicados y yo debía velar por su bienestar incluso si eso implicaba ir en contra de los chupasangre.

Miré a mi madre, pero dado que ella estaba un par de pasos por delante de mí ella no podía mirarme para darle una señal. Suspiré esperando que mi madre diera explicación del porque estabamos allí, porque yo ni siquiera lo sabía. Bueno solo entendía de que ya no quería una vida de sedentarismo y que la tranquilidad para el embarazo de mi madre era esencial. Pero Forks solo había sido escogido al azar.

Y luego de ello estaba la pregunta principal. ¿Qué clase de híbrido era? Sonreí con diversión para después mirar al fortachón quien tambien preguntó, mas o menos. -¿Qué les hace pensar que soy un híbrido?- inquirí saltando mi mirada en ambos vampiros mientras mi sonrisa se ensanchaba. No pensaba decir nada si ellos no lo hacían y puesto que se demoraban entonces yo también lo hacía. A menos que pudiera enviarles un pensamiento. ¿Otro? ¿Sería pertinente hacerlo?

Primero intenté con el grandote. "¿Híbrido? ¿De qué hablas? El chico es un licántropo su aroma lo delata" creo que mi pensamiento no iba con la fuerza e intensidad necesaria porque ya había gastado mucha energía requerida para usar mi don en el director Kenneth, quizá ese pensamiento en lugar de quedar como algo certero como un gran árbol bien cimentado, solo quedaría como una semilla de la duda. Haber que pasa.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Vie 18 Nov - 17:17

Entrecerré los ojos. Por lo visto yo no era la única en sacar conclusiones. El de pelo cobrizo parecía saber demasiado. Mostraba una seguridad atípica, como si gozara de información privilegiada, y eso lo alejara del resto de los insignificantes mortales. Aunque bien pensado, él no era un mortal así que quizá tuviera sentido.

No podíamos seguir echando balones fuera porque si nadie daba el primer paso, la conversación no nos llevaría a ningún sitio. Sería absurdo provocar una pelea porque alguien se impacientara. Y no lo pensaba por los vampiros, sino por Job, cuyo autocontrol estaba siendo probado con demasiada dureza.

Por eso sonreí, sin poder evitar mostrarme amigable ante alguien que compartía mi mundo de fantasía; mi universo paralelo dentro de una falsa normalidad. Ellos también eran criaturas mitológicas, sus ojos delataban que también eran diferentes, y me costaba mucho verles como peligrosos. Aunque lo eran, sin duda lo eran.

Me acerqué otros dos pasos, extrañándome, aunque lo oyera a la perfección, por mantener una conversación estando tan alejados. ¿Qué por qué estaba en Forks? Porque era un pueblo. No había mucha gente, lo que implicaba una vida sencilla y tranquila. Había mucha vegetación, lo que me gustaba, y podría estar en la naturaleza. Era demasiado lluvioso para mi gusto, pero era parte del encanto. Además, me parecía un buen lugar para mi bebé; sin los riesgos de una gran ciudad o tanta construcción artificial. Un nuevo lugar significaba un nuevo comienzo; la ruptura con mi vida anterior. Empezar con buen pie. Tal vez abandonar la vida de ermitaños. Y lo más importante, porque en la reserva, mi primer destino, había olido el aroma de los de mi especie. Y ellos no recibirían bien a Job. No podía arriesgarme a otra pelea, como cuando él era apenas un bebé…

Pensé todo esto, pero no lo dije en voz alta. Era muy complicado de explicar y pensé que tenía cierto derecho a conservar mi intimidad. No era justo que ellos supieran algunos de mis más íntimos detalles, antes de que yo conociera el más mínimo rasgo sobre ellos.

- Tengo dieciséis años – dije en tono burlón, y obviamente irónico. Tenía más, muchos más de los que aparentaba - ¿Dónde iba a estar sino en el instituto? ¿Acaso no os retiene aquí el mismo motivo? ¿No es esto una cuidadosa fachada?

Pensé en otra de sus preguntas, la referente a la procedencia de mi hijo. Job parecía haberla evitado, así que sí él no quería responder, yo iba a respetarlo, aunque sentía cierta curiosidad por el motivo. ¿Tanto desconfiaba de ellos? ¿Tan fuerte eran sus instintos? ¿Cuán grande era entonces su parte de licántropo, para sentir una pulsión casi tan intensa como la mía? Una enemistad que nos venía de lejos, y que yo había logrado superar a duras penas con años de práctica y tras la convivencia con uno de los de su especie.

- Os toca – afirmé, en tono jovial y sin poder retener mi curiosidad. A fin de cuentas, yo también quería saber más sobre ese tratado, que podía llegar a afectarme de forma indirecta o directa.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Vie 18 Nov - 20:46

Que pensamienrtos tan volátiles tan llenos de maestría y claridad eran los de la mujer puesto que ella parecía ser la clase de chica que pensaba con la honestidad tiñendo todos y cada uno de ellos. Pero los del chico, esos si que eran turbios y no por el hecho de que en ellos encontrase algo que turbara su propia mente sino porque éstos no podían ser captados por él, lo que volvía a llenarle de frustración al igual que la mente de Bella. Podría ser que ese híbrido poseía un escudo como don, aunque si eso fuese verdad, entonces ¿por qué ella se había interpuesto entre ellos y el muchacho?

Con mucho cuidado escuchó o más bien leyó rompiendo con la intimidad de la morena. Inmediatamente el rostro de Edward cambió, ahora entendía o quería entender. Al igual que su familia, ellos buscaban el refugio que un poblado como éste incitaba a tener. Comprendía el hecho que le llevaba a estar allí, incluso él gustaba de lo mismo puesto amaba la tranquilidad de Forks. Pero, al leer su pensar otra vez su interrogante se abría camino. ¿Qué clase de híbrido era? ¿Podría ser que...? No, eso era una tontería.

Edward deliras. Su rostro mostraba confusión, haciéndole ansiar con mayor fuerza el poder leer la mente del híbrido. Que frustración. Negó con la cabeza ante sus propios pensamientos. Todos allí -excepto el chico híbrido porque no alcanzaba sus frecuencias mentales- pensaban con una bandera de curiosidad ondeando en su mente. Donde cada pensar iba por el mismo camino... la verdad.

-Tu aroma- musitó -el latido de tu corazón y ....- iba decir que su mente pero eso no podría saberlo. Bien atando cabos Edward se olía la respuesta. Job el nombre del chico como había leído en la mente de la mujer, no era bien recibido por los metamorfos de la reserva -que no existían tales desde décadas anteriores salvo su herencia contenida en sus genes- por un factor que era captado por sus fosas nasales, su "sangre" vampírica.

Chasqueó la lengua porque quería informarles que ya había adivinado su secreto, pero decidió que era mejor callar hasta el momento en que se sintieran en confianza. Misma que ella parecía también tener cuando se acercó a ellos y con su comentario que no iba muy de acorde al momento de seriedad que allí se desarrollaba.

Sonrió de lado asintiendo -tienes razón, ¿qué otra cosa se puede hacer para gastar el tiempo en un pueblito cuando solo se tiene dieciséis años?- se cruzó de brazos y soltó un suspiro acto seguido le dedicó una mirada significativa a su hermano. Si quería que ellos confiaran tendría que demostrarles indícios de que los Cullen también lo hacían.

-Bien hablemos- miró a su alrededor, todavía quedaban unos minutos para que la jornada de clases comenzara -soy Edward Cullen y él- señaló a Emmett con su cabeza -es mi hermano, Emmett- sonrió ligeramente -Job y Alma, ¿cierto?- aseguró aunque al final terminó con una pregunta para que no sonara tan seguro de sí mismo aunque lo estaba, el nombre de la chica lo había oído en labios del híbrido pero había cometido un error al nombrarle porque su nombre solo había salido a colación en la mente de su madre...??

Una vez más los pensamientos de Alma le caían como valde de agua fría, tan extraordinariamente extraños. Si ella era su madre... entonces él estaba en lo cierto, era un híbrido con padre vampiro y madre licántropa. No sabía que eso podría darse pero vamos que tampoco había sabido que los vampiros podrían procrear y la prueba estaba en Nessie.

Dedicó una mirada de compasión al muchacho y prosiguió -el tratado es entre la reserva quileute y mi familia, los Cullen- alternó su mirada entre Alma y Job -y consta en que nosotros no nos acercamos a sus tierras y está terminántemente prohibido alimentarnos de sangre humana ni transformar a nadie por estos lares, sino ellos están facultados a... defender la integridad humana- explicó a largos rasgos mientras sentía la curiosidad en la punta de la lengua.

-Ya he respondido a una de sus preguntas, les toca- ahora se convertía en un juego de pregunta y respuesta, verdad o reto donde solo se podía elegir la verdad. -¿Cómo superaste tu aberración por los vampiros para tener un hijo de uno de nuestra especie?- una vez más la pregunta fue de golpe, si ella era su madre puede que... no, seguía siendo extraño, demasiado. -Lamento mi brusquedad es solo que... nunca antes habíamos visto algo similar, - comenzaba a sentir la compasión por el chico de su pasado y futuro y sentía la necesidad de ayudarle a ambos... más cuando tenían a la reserva cerca y los Vulturi cuestionando el mundo vampírico.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Sáb 19 Nov - 6:15

A la fuerza, había tenido que tomar aire para hablar, así que su olor me había asaltado de nuevo e intenté buscar alguna diferencia entre ese efluvio y el de los antiguos quileutes. A grandes rasgos, era lo mismo, pero sí que era más fuerte respecto a los niños con el gen latente de la reserva. Ella era un lobo completo, o eso creí deducir. El misterio seguía envolviendo al chico, que parecía mayor y menos diplomático.
¿Que qué nos hacía pensar que era un híbrido? ¿Acaso no se olía a sí mismo? ¿No veía las mismas extrañas combinaciones que veía yo? Sin embargo, pensar esto provocó una extraña sensación, una presión parecida al dolor, en mi cabeza, no sé por qué. Era como si quisiera decirme a mi mismo que estaba equivocándome en mis conclusiones, y ello me confundía así que dejé de mirarlo, y me centré en su amiga.
Me ponía nervioso esa sonrisa confiada, y esa forma de mirarnos, como si aquella chica esperara que corriéramos a su encuentro y nos fundiéramos en un abrazo. A ella no la convenía que yo la abrazara. No si quería conservar sus costillas. Realmente deseaba cumplir su deseo, y estrecharlos a los dos en un eterno agarre que acabaría con el problema de una vez por todas. Deseaba sobretodo enfrentarme a su acompañante. Me parece que él y yo estábamos destinados a "entendernos" a nuestro agresivo modo, pero esperé a ver lo que decía la chica, que parecía empatizar con mi hermano.
¿Dieciséis años? Bueno, los aparentaba. Pero algo en su tono y en su comportamiento en general, me hizo ver que no los tenía. En realidad, yo no sabía mucho de licántropos. Hacía bastantes años que no nos topábamos con alguno, pues aquellos que conocimos ya habían muerto. ¿Significaba eso que vivían los mismos que los humanos? ¿Vivían más? No lo sabía. Aquello me dio que pensar, puesto que ella parecía conocernos muy bien, o al menos, que no la importaba demasiado nuestra especie, como si fuéramos únicamente algo curioso e interesante, y no un enemigo.
Le tocó el turno de hablar a mi hermano. Una respuesta por otra, supongo, y con ello reveló la naturaleza del tratado y parte de la información que había escuchado en sus cabezas. Creo que mi boca se abrió de forma similar a la de los peces; haciéndome quedar como un tonto. ¿… un hijo de nuestra especie? ¿A qué… a qué se refería? Miré a Edward con los ojos muy abiertos, entendiendo que no se refería a un vampiro completo, sino a una mezcla extraña. Y de pronto yo también sentí curiosidad sobre cómo podía un licántropo tener un hijo vampiro, aunque eso explicaba, de alguna manera, su tolerancia hacia nuestra especie. La presión en mi cerebro volvió con más fuerza, como si algo quisiera abrirse paso entre el resto de mis ideas.
-¿Quieres decir que….? Tú, ¿eres vampiro? - sonó como una acusación, dirigida directamente hacia el chico, al que mi hermano se había referido como Job. De pronto, algo más hizo clic en mi cabeza, como si lo hubiera pasado por alto en la frase de mi hermano - ¿Y eres su hijo? ¿Su hijo biológico? ¿el hijo biológico de un licántropo?
Eso explicaba la primera reacción de la chica, protegiendo a la extraña criatura a quien acompañaba. Entonces, pasó algo extraño. Por fin entendía lo que mi subconsciente quería decirme. Me sentí como un tonto, por no haberme dado cuenta antes. Había vuelto a coger aire, y capté claramente el olor de DOS licántropos. El efluvio de ella y… el de él. Un pensamiento que había estado bloqueando, por lo visto, por que llegó a mi cabeza justo en el momento en el que volví a aspirar, liberando con ello la extraña presión que había estado sintiendo en mi cerebro. Estaba tan claro, que no sé cómo había llegado a preocuparme.
-Espera. ¿De qué hablas? Es un licántropo. ¿Acaso no lo hueles? Son dos lobos, y seguro que…
¿…Seguro que qué? ¿Eran licántropos? ¿No lo eran? ….¿qué eran? Estaba tan seguro de que eran lobos… Pero a la vez, era extraño que Edward se equivocase. Y él parecía convencido de que era un híbrido. Apreté los dientes, provocando un ruidito desagradable para todos aquellos que teníamos un oído sensible. Sentí impulsos de llevarme la mano a la cabeza, pues sentía que se me estaba escapando algo justo delante de las narices.



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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Job Priego el Mar 22 Nov - 7:14

Siempre he pensando que la vida me da justamente lo que necesito. Como aquellas películas animadas que veía junto a los niños del jardín de niños ya hacía bastante tiempo; donde solo tenías que pedir y todo se te daba. Si, igual que cuando estiraba la mano pidiéndoles alguna cosilla a mi madre y ella quien sabe como lo conseguía y me lo daba. Era fácil y sin tener que atormentarme para tener algo. Una vida fácil y sencilla. Aun cuando mi vida dio un giro radical con el ataque que Alma padeció seguí pensando lo mismo. “El dolor es irremediable pero el sufrimiento es una decisión” creo que algo así pensé y entonces miré a mi madre volver a ser fuerte. Lo admito tuve que influir un poco en la decisión de venir a Forks -aclarando que escogimos a este pueblo por azar- a hacer una nueva vida. Pero, tal y como ahora se daban las cosas creo que la vida en muchas ocasiones es un asco. Te lastima, ofende, se burla y no sintiéndose satisfecha te escupe en la cara.

Bien lo admito me estoy yendo a los extremos, porque mi vida no ha sido tan caótica como me lo planteo en este momento, pero sí que ha sido difícil, al menos para mi madre. Siempre ha tenido problemas, casi nunca le he visto verdaderamente feliz. Yo no sé si vuelvo a sacar conclusiones tan rápidas o si simplemente creo que la felicidad está más allá de mi capacidad de compresión. Me es complicado todo esto, incluso cuando estoy dentro del “problema” porque como yo lo veo y cayendo en la cuenta el del problema aquí era yo. El híbrido que siempre rompe los esquemas con las razas. Ya muchas tantas lo habíamos pasado. Alma defendiéndome y yo escudándome. O yo arremetiendo contra todo y mi madre siendo la mediadora. Menudo lío que es este.

Aunque, vamos que este no es el momento de ponerme a pensar pavadas que después podrían formar parte de mi tarde de dubitaciones mientras veía la lluvia caer a cántaros por la ventana. porque aunque intente negarlo me gusta ver la lluvia derramarse por el cristal, creo que me da cierta tranquilidad. Bueno un poco ya que a veces me llena de melancolía por un no se qué y me hace sentir irritado. Supongo que esto de tener mescolanza de genes “mutantes” -ok, solo mitológicas- me vuelve un tanto vulnerable ante los cambios de humor.

Reprimí el impulso de reír cuando mi madre dijo su edad. Vaya creo que si tiene sentido del humor en momentos extraños. Le daré crédito por esta vez, la mejor arbitro que existe en este mundo es mi madre y si ella quería hablar con ellos sin que yo y mi explosivo sentido del humor interfirieran me callaría y dejaría de especular y soltar comentarios que podrían perjudicarla. Demonios a callar se ha dicho Job –si es que puedo, claro-.

Estos “chicos” son realmente divertidos. Haber, ¿Quiénes eran los que se creían dioses divinos? Jha. Que gracioso era ver sus matices en los gestos. Uno con cara inescrutable que fingía muy bien lo que pensaba pero en su mirada se notaba el dilatar de sus pupilas al estar hablando y me percataba perfectamente de su sorpresa, no obstante la seguridad con la que se expresaba me daba a entender que él ya sabía algo de nosotros. Porque… ¿cómo supo que ella era mi madre? Una duda que pronto se expondría. Yo la haría.

Y hablando del fortachón, me daba mucha más gracia su rostro. Tan exageradamente lleno de sorpresa, donde tuve que volver a reprimir una risotada al verle y ganas no me faltaban de reírme en sus caras. Tontos chupasangre que creen que pueden andar por el mundo con sus aires de grandeza corrompiendo la vida ajena y llenando de problemas a personas que ni la deben ni la temen. Sí, esto suponía un pequeño triunfo para mi especie… si es que yo entraba en alguna especie… y creo que no.

—Yuck, no— negué enérgicamente —un vampiro. Que tonterías dices…— hice un gesto de repugnancia, si hay algo que no tolero del todo es esa parte vampírica de mí. No puedo decir que la odio pero tampoco es de mi agrado. Siempre me enorgulleceré de mí herencia licántropa pero del vampirismo, jamás. Mi padre obró de mala manera y eso me convierte en… qué más da, de nada me sirve atormentarme por algo que está superado. He de decir que disfruto mucho de la velocidad, la fuerza y destreza de mi cuerpo que poseo gracias a los fríos.

Ya no pude evitar reír y así lo hice cuando me nombró hijo biológico de Alma. Rescatando otra vez la duda del ¿cómo se le ocurrió tal desfachatez? Suspiré y le miré con una sonrisa burlesca. —¿Son tontos o qué?— resoplé lamiendo mis labios —¿ven acaso el parecido?— reí negando. No hablaba en el color de nuestra piel, de ojos o el cabello sino en la edad, ella parecía una adolescente a mi lado además de que vamos, no había similitud alguna.

Pero el milagro ocurrió. Mi pensamiento si había quedado como una fuerte duda. Una sonrisa burlona, irónica y satírica se abrió paso cuando me llamó licántropo. —Claro— ahora dirigí el pensamiento al castaño. Mandaba exactamente lo que su acompañante decía. “Hay dos lobos. Su aroma lo delata no te equivoques y pon atención a las señales” —somos dos lobos. Licántropos — espero que con eso quede claro y por lo menos nos dejen marchar.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Alma Priego el Mar 22 Nov - 10:04

Creo que cuando uno piensa en su primer día de instituto, no se imagina aquello. No se imagina una pelea en el gallinero, por ver quién es el gallo más fuerte del corral. Mmmm. A decir verdad, puede que el ambiente de un instituto sea justo eso, aunque no creo que en el contexto de una lucha milenaria entre dos especies de criaturas mitológicas. No, ese pequeño detalle no creo que entre en las fantasías estudiantiles.

Sólo quería un día normal, en una vida normal de estudiante normal. ¿Pedía tanto? Estaba dispuesta a luchar contra el tedio; a sobreponerme a las sombras del aburrimiento y a las redes oscuras del recuerdo, con tal de conseguir una existencia pacífica para mí y mi familia. Lo admito, me había alegrado encontrarme con aquellos dos vampiros, por raro que suene esto en la mente de un licántropo. Me había alegrado de ver a dos seres que rechazaban su naturaleza asesina, y luchaban por integrarse en la sociedad, de la misma forma que lo hacía yo. Pero si su presencia iba a suponer la tensión que percibía entre Job y ellos, sobretodo con el grandullón y esa mirada que echaba sobre mi “pequeño”, entonces, no me alegraba en absoluto.

Sin embargo, todo parecía ir sobre ruedas con el vampiro de aspecto más juvenil. Diablos, si hasta me caía bien; le veía como la parte conciliadora de su equipo, del mismo modo que yo era la parte conciliadora del mío. Por lo visto se llamaba Edward, y el armario con piernas era Emmett. Nombres de otra época, cuya cadencia me seducía por serme más familiar que algunos de los nombres actuales. Todo parecía ir bien, como digo, hasta que el tal Edward dijo el nombre de mi hijo. Repasé toda nuestra conversación, y supe que ni Job ni yo se lo habíamos revelado. Me sentí amenazada, cuando logré darme cuenta de ese detalle, y me pregunté qué más cosas sabía y cómo.

No obstante, las cosas aun siguieron en calma un poco más. La descripción del tratado confirmaba que era algo parecido a la fugaz alianza que viví en el pasado; un pacto de tolerancia, que por lo visto nosotros habíamos estado a punto de romper.

Me hizo a su vez una pregunta, y eso volvió a renovar mi sentimiento de confianza, pues me dejaba entender que no conocía todas las respuestas. Tal vez, después de todo, puede que sí hubiera dicho el nombre de Job en alto. Me aferré a esta tranquilizadora idea.

Su pregunta no fue fácil y por eso no la respondí de inmediato. Tenía que pensarlo bien, porque mis palabras podían revelar demasiado y herir sensibilidades, tanto de mi hijo como de los vampiros. Ni siquiera me di cuenta de que al preguntarme aquello, desvelaba que sabía que Job era mi hijo. Para mí era tan normal pensar en él de esa forma, que no me extrañó que otros lo supieran.

¿Cómo superé la aberración? El vampiro parecía partir de la base de que lo había superado…. Pero aun me costaba, y me temo que mi sentimiento amistoso no incluía a los vampiros que se alimentaban de humanos. No era tanto la superación del instinto, como la voluntad de superarlo. Mente versus cuerpo. Siempre había sido pacífica; rechazaba los conflictos y aun así hubiera entrado en ese juego de la guerra entre vampiros y licántropos de no ser porque había convivido con uno de ellos. Así pues la pregunta correcta hubiera sido por qué había durado tanto tiempo junto al primer no-muerto en mi vida. ¿Cómo explicar la clase de sentimientos que me unieron a Dimitri? ¿Cómo explicar la traición que me llevó a ser madre de Job? ¿Su complicada línea de ascendencia y la antítesis que su sola persona representaba? Cómo explicar que, los muchos motivos que tenía para odiar a su especie, eran también los motivos por los que no les odiaba. En definitiva, como decir, de forma creíble, que me había enamorado, o creí enamorarme, de un vampiro.

Está buscando las palabras adecuadas, cuando el tipo amenazador, Emmett, interpeló a mi hijo de forma, todo hay que decirlo, poco educada. Me dieron ganas de advertirle. No le provoques, por favor, no le provoques. ¿No te han dicho que es peligroso encender cerillas cerca de la pólvora? Cerré los ojos al escuchar las palabras “ Un vampiro. Qué tonterías dices” Mi hijo las había pronunciado con verdadero asco, no fingido. No dejaba de ser parte de su herencia genética. No estaba bien que los aborreciera. ¿Era mi culpa que les odiara? ¿Le había enseñado a odiar o era algo puramente instintivo? Si las cosas hubieran sido de otra manera, si hubiera vivido con Dimitri, me odiaría a mí, por ser licántropo. Esa clase de odio irracional –inherente a los míos- me frustraba, y me frustraba aun más que mi hijo fuera víctima de ello. Temí que fuera motivo suficiente para que saltara sobre el cuello del vampiro grandote. Sin embargo, quizá por el chiste encerrado en sus últimas preguntas, la ira de Job no llegó a descargarse, y aquello me alivió. Me sentí un poquito culpable por la desconfianza, por preocuparme tanto; mi hijo era capaz de controlarse y estaba reaccionando muy bien, dada la situación.

Pude permitirme una sonrisa a raíz de esas preguntas. ¿Hijo biológico? Ojalá, pero no. De todos modos, no comprendí por qué a Job le extrañaba tanto. Su madre no había sido muy diferente a mí. Probablemente ella nunca entró en fase, pero también tenía, evidentemente, el gen de la licantropía. Su piel era oscura, como la mía, y sus rasgos algo menos occidentalizados, ya que yo no dejaba de ser mestiza. Ese vampiro cuya raza tanto odiaba, era el culpable de que su aspecto físico fuera radicalmente diferente al de los indios nativos, pero no me gustaba que renegara tanto de ello.

Me preocupaba un poco las incoherencias en los objetos del odio de Job. Creo que nuca había pensado que él podía odiarme a mí si no me hubiera conocido como su madre. Pero por su forma de hablar, percibí de pronto un abismo entre ambos; rencores acumulados contra los vampiros que, aunque no me habían pasado inadvertidos, nunca me había dado cuenta de lo fuertes que eran.

Estos pensamientos dejaron de tener importancia, cuando procesé las palabras de “Emmett”. De pronto pensaba que éramos dos licántropos. Ese pensamiento no tuvo ningún sentido. Job no olía como un licántropo. Yo lo sabía, ellos lo sabían. Así que….Fue fácil darse cuenta de los efectos del poder de mi hijo. Mis temores se confirmaron cuando Job alimentó su confusión con mentiras.

Por primera vez desde que aparecieron aquellos dos, les di la espalda para mirar de frente a Job. De frente y desde abajo, maldita sea su altura. Creo que mis ojos delataron lo que sentía en ese momento. Una especie de sorpresa, asomo de enfado, incomprensión e impotencia. Sin embargo era hipócrita decirle “no uses tu poder”, cuando minutos atrás me había beneficiado de ello en la lejana conversación con el director. Lo que pasa es que había asumido que era capaz de discernir cuando su poder podía ser una ayuda, y cuando un problema.

¿Cuánto tiempo íbamos a ganar con esa mentira? Suponiendo que consiguiera que ambos lo creyeran, ¿cuánto tardaría en desvelarse la verdad? ¿Qué utilidad tendría además, ocultarles que también era en parte vampiro, cuando eso, al contrario, nos podía ayudar a caerles mejor? Y sobretodo…¿por qué mentía? ¿Por qué se aprovechaba de ellos? Lo único que me impidió acabar con aquél montaje de forma brusca, era saber que tenía que tener un motivo para actuar así. Algo que yo no debía entender; un sentimiento o un temor lógico que yo minimizaba. Tal vez la que se equivocaba era yo, y él actuaba correctamente. Ya no sabía que pensar…bajé la mirada, y susurré:

- Dos lobos. Licántropos. – repetí, desganada. No vaya a ser que reconocer tu sangre vampírica te causara un trauma. No fuera a ser que admitir su parentesco con Dimitri le resultara demasiado complicado. Traté de contener el sarcasmo.

En el fondo, por una vez, quería ser egoísta. Quería molestarme, por el hecho de que obviara que si no hubiera sido el hijo de un vampiro, no habría tenido que salvarle, -arriesgando mi vida por cierto – y jamás hubiéramos sido familia. Quería molestarme porque usara su poder de aquella manera. ¿Tan orgulloso estaba de su sangre de lobo? ¿Tanto odiaba los genes de su padre? Pues entonces que no abusara de ello, porque era la causa de su extraño don. A veces me parecía como un alfa con aires de superioridad, que abusa de su habilidad para imponerse sobre otros. Estaba mal, no me gustaba, y pensé que él lo entendía, mas allá de las pequeñas rebeliones sin importancia, que eran, por otra parte, lógicas. Me hubiera molestado menos si hubiera cambiado su pensamiento de tal forma que les ayudara a aceptar nuestra presencia; si no les hubiera obligado a creer una mentira. Porque esas cosas, me hacían dudar de él. ¿Acaso creía yo algo que no era cierto? ¿Me había manipulado a mí como lo hacía con ellos? ¿De dónde había aprendido a mentir así, si yo era la peor mentirosa sobre la faz de la tierra? Engañaba de la misma forma que Dimitri me había engañado. En esos momentos, no veía en él al Dimtri bueno, del que me había enamorado, sino al hombre que había jugado con mis sentimientos y había tenido un hijo con otra. No podía sino pensar que la mentira iba en sus genes y me entraba de pronto el miedo de perderle a él también. De que se fuera…

Pero una madre no puede guardarle rencor a su hijo, aun cuando piense que éste se equivoca. Aun cuando le duela ver que se ha convertido en un mentiroso profesional. Y aquél no era le momento para escenitas familiares, ni para melodramas. Era mi deber convencerme de que estaba sacando las cosas de quicio, y que sólo estaba tratando de autoprotegerse, y de protegerme a mí.

Contestar a la pregunta de Edward ya no tenía sentido. ¿Para qué decirle cómo era madre de un semivampiro, si dicho semivampiro le iba a hacer creer que era un metamorfo? Pero algo tenía que decir, por lo que volví a la conversación, y me enfrenté a ellos. Era el momento de ver el resultado de la maniobra de Job. ¿Habían caído?

- Edward ¿verdad? – pregunté, de forma innecesaria. Mi memoria, y más a corto plazo, era bastante buena - ¿Os supone algún problema que nosotros dos estemos aquí? No formamos parte de vuestro tratado, pero no tenemos intención – recalqué el plural, hablando por Job aunque no tuviera derecho a hacerlo – de enfrentarnos a vosotros.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Edward Cullen el Miér 23 Nov - 6:53

Sus pensamientos viajaban densos y complementarios, bailando para él como un mar de posibilidades, el costo de oportunidad no se aplicaba aquí puesto que no debía renunciar a un pensamiento para tener otro, sino por el contrario podía elegir todos cuanto quisiera y armarlos como un rompecabezas. No importaba realmente cual elegía primero porque al ser desmenuzado nos daba otro pensamientos y otro y otro sucesivamente hasta que se obtenía el resultado de todos, donde dos opciones se encontraban. La primera es donde todos encajaban perfectamente, sin dudas solo certezas y la segunda es donde solo se tenían dudas y nada más. Porque claro las dudas son la parte esencia de un pensar, y en Edward eran mucho más apreciadas cuando éstas no formaban alianza en su contra.

Y ahora ocurría lo mismo, sus pensamientos se deshilachaban como una prenda antigua, como aquellas vestimentas que las adolescentes solían usar hoy en día. Se debatía en pensar demasiado perdiéndose la posibilidad de seguir exponiendo sus dudas o seguir el hilo de la conversación entre su hermano, Job y Alma verbalmente y de aquella que se desataba en su mente pero perdiéndose de sus propios pensamientos –algo absurdo porque eso no llegaba a ocurrir realmente pero el estar monitoreando todo le absorbía- cosa que parecía estar más preocupado por hacer.

Justamente era la preocupación la que le hacía sentir un poco de nervios, aunque gran parte de ellos se debía a los que emanaba de la cabeza de su hermano. Algo estaba sucediendo que se estaba perdiendo. Job que renegaba de su parte vampírica al expresar tal hastío por lo que compartía con ellos ya que en su mente no podía ni echar un vistazo; su hermano que tenía una clase de conflicto donde no entendía realmente que parte era la que no alcanzaba a comprender y estaba también esa licántropa que sus pensamientos eran un deleite para el vampiro, porque plateaban tanto, desde su similitud con el híbrido contestando sin querer a la pregunta planteada por Edward, hasta su repentino reproche por una educación no dada. Los psicólogos afirman que gran parte de nuestra personalidad es dada por una educación en casa, escuela o sociedad, mientras que otra es la mera herencia, de allí el parecido con las manías que se suelen hacer aun cuando no se conoce al padre o a la madre. Pero ella se enjaretaba todo el problema, creía que era su culpa, tal y como su madre, Esme solía hacer cuando había discrepancias en la familia.

Le dedicó una mirada a su asombrado hermano, sabía de sobra que su falta de asombro se debía a su habilidad por leer los pensamientos ajenos. En cuanto el chico se encontraba negando Edward asintió pero esperó a que el híbrido diera a relucir su inconformidad ante lo especulado. Sinceramente a Cullen le causaba tristeza verle tan en descontento con lo que era, puesto que la negación hacía ver que las diferencias entre razas existirían aun cuando estuvieran unidas en un mismo cuerpo. Quizá en su apariencia física sus rasgos vampíricos fuesen más fuertes que una apariencia más lobuna, como la de la mujer, con sus características nativas, o como los de la reserva quienes sus pieles de color bronce sacaban a relucir su esencia, pero en el fondo habitaba más su herencia de la licantropía. Su aroma estaba más inclinado hacia esa esquina, con una suave oleada del vampirismo dulce y delicado donde se entrelazaba con la esencia fuerte y salvaje de los lobos, y allí donde la confusión ya no daba pie se encontraba la ternura y templanza cálida de la sangre humana. El muchacho era un matiz de aromas que atraían hasta el menos curioso de los de su especie. Todavía no entendía como se había logrado mantener vivo a estas alturas de su vida –sin dudar a sus capacidades de pelea-, pero al ver a Alma esa duda se hacía añicos. Ella era la salvadora de su vida.

Iba a interceder para decirle a su hermano el verdadero embrollo pero otro asunto ocurrió. Tal y como Nessie el chico poseía un don. Y era un don extraordinario, un poder mental. ¿Cómo podía Edward saberlo? Fácil, su mente se ocupaba de captar las frecuencias de las mentes en su cercanía, incluso aquellas a las que no les ponía atención como por ejemplo la de la secretaria que pensaba en que en menos de cinco minutos haría sonar la chicharra, o el hecho de que el director estuviera contrariado y cansado en una nueva jornada de trabajo antes de comenzar. Y volviendo al tema del don, claramente sintió la interrupción en la mente de Emmett. Era delicada como un pequeño rayo, rápido y suave. Un pensamiento se instaló en la mente de su hermano como si hubiese sido de su propia invención, hizo un clic encajando a la perfección –aunque claro el clic solo era el pensar de Emmett que él mismo creía que había pasado-. Había sido tan majestuosa la manera en que éste se metía en su mente con maestría. Siendo éste el primer momento que le desconcertó después de ver al híbrido.

Hubiera querido interceder, pero quería ver hasta donde eran capaces de llegar. Y por supuesto Alma fue la primera en comprender el caos que estaba próximo. Edward también se cuestionó el porqué Job mentía. Porque existía tal falta de confianza hacia los suyos si ni siquiera les conocía, pero mientras salía de dudas contempló a su “madre” que aunque ahora ya sabía que no era biológica si era su madre en todos los sentidos igual que Esme para él. Ella estaba contrariada, observaba a su hijo con decepción y otra vez se cuestionaba mil y unas cosas. Por un momento se sintió avergonzado por leer cosas que no le competían por incluso sentir lo que ella, experimentar ese vértigo de la decepción. Le dio pena ajena sentir ello cuando la licántropa parecía ser una buena chica, y el híbrido también, esa pinta daba y aun cuando no alcanzara su mente lo tenía por seguro. Solo está intentando defenderse pensó de mantenerla a salvo. No podía reprocharle ese acto aun cuando estuviese mal fundado.

Después de unos segundos -porque sí, su conversación estaba reducida a segundos. Por increíble que eso suene así era la vida de estos seres, disfrutando de la inmortalidad pero pereciendo un sinfín de eternos segundos- y a nada de tomar la palabra llegó a él un peculiar pensamiento. Bien pudo haber caído en la trampa y si hubiese sido menos perspicaz y sin su don estuviera en los mismos dilemas que Emmett, pero no, ahora tenía algo de su lado, su propio don. Con el entrecejo fruncido intentó descartar el pensamiento que el muchacho le hacía llegar. Había sido difícil porque se instalaba con facilidad como si fuese parte de su propio pensar, donde volvió a recalcar que era un don extraordinario. Podría hacer grandes cosas con él, incluso podría hacer algo con los Vulturi y sus ridículas leyes.

Sonrió sacudiendo la cabeza y esta vez sí tomó la palabra dirigiéndose en primer lugar a su hermano. —Hermano— miró a sus acompañantes —aquí no hay dos lobos, solo es uno que es la chica y un híbrido— suspiró —vamos aclarando el territorio. Y para hacerlo tengo que desvelarles que poseo un don y lamento estar usándolo desde… bueno desde un principio, leo la mente de cualquier persona a mi alrededor— fijó la mirada en el chico —excepto la tuya… como sea— sin darles tiempo de que comentasen prosiguió —ella no es su madre bilógica, pero sí lo era otra licántropa o al menos una mujer nativa que poseía la herencia de la metamorfosis— aclaró sus ideas —y el chico es hijo de esa licántropa y un vampiro que al parecer murió; lo que lo convierte en un híbrido, de nuestra especie— no le agradaba tal peyorativo pero aun así lo utilizó —y él también posee un don… que a como yo lo veo es implantar pensamientos en mente ajena— se giró a su hermano —lo usó contigo Emmett para confundirte, es un híbrido yo lo sé y también sé que tú lo sabes, intentó usarlo conmigo— calló y bajo la mirada para después volverla hacia el muchacho.

—No revelo tu don por placer sé que es difícil controlarlos cuando se poseen, el mío es casi inherente y se activa de la nada, es decir, siempre está presente. Pero… — admiró los rostros de los presentes que seguían siendo un matiz interesante al igual que sus pensamientos —pero, sería prudente que intentases no usar el tuyo con nosotros. No somos tus enemigos, y…— ahora se dirigió a la mujer —Alma, no volverá a repetirse la historia de siempre, lo que menos queremos son batallas que no nos competen. Y menos cuando ustedes también quieren la paz para establecerse en Forks, con tu hijo— negó y rectificó —tus hijos.
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Re: Toma de contacto // Job y Libre

Mensaje por Emmet Cullen* el Miér 23 Nov - 11:25

La mujer tuvo una reacción algo extraña, pero terminó por confirmar mis palabras y las del chico: eran dos licántropos. No estaba acostumbrado a desconfiar de mis sentidos, y mi olfato me decía claramente que allí no había híbridos ni seres extraños. Y sin embargo me resistía a creerlo tan fácilmente. Había algún argumento a favor de mi renuencia, pero no conseguía recordarlo…

Aun no me había aclarado conmigo mismo cuando nos pidieron permiso para permanecer allí. Era una petición extraña, que de alguna manera daba a entender su buena voluntad. Pelear con aquél chico era una tentación atrayente, pero por supuesto deseaba la paz. Quizá las dos cosas no fueran del todo incompatibles. Quizá nos pudiéramos llevar bien….. aunque tenía mis dudas, tendrían que hacer algo con ese apestoso olor a chucho.

Entonces Edward habló de nuevo, y sus palabras fueron como si algo me atravesara el cerebro. Al principio nada tenía sentido: la misma tontería sobre los híbridos. Pero después dijo algo sobre un don y las cosas empezaron a cuadrarme. Una idea ajena en mi cabeza…Podía tener sentido. Aunque no terminara de verlo claro, Edward no tenía motivos para mentirme, por lo que le creí sin ninguna duda. Intenté luchar contra esa idea ajena mientras él les daba la bienvenida y les contaba lo que había averiguado con su propia habilidad.

Me sentí furioso – aunque algo impresionado – por el poder del chaval. Por lo visto era hijo de la loba, pero no biológico… La telenovela era demasiado larga como para entenderla, porque estaba tratando de meter en mi cabeza la idea de que era un híbrido, para sacar esa idea externa que me confundía.

-¡Tú! –bufé, dirigiéndome al tal Job - ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Nunca! Espero que en el futuro seas más sensato en elegir con quienes usas tus...ventajas...De lo contrario, contigo no tengo ningún tratado que pueda romper.

Incluí sólo al chico, porque con la mujer -encima embarazada - no tenía nignuna intenicón de pelear. Y en realidad con él tampoco, aunque me muriera de curiosidad por probarle, pero estaba bien advertirle que nos ibamos a llevar bien o mal en función de sus futuras decisiones con respecto a ese don suyo.
Si en su momento fue extraño que Edward leyera mis pensamientos – decenas de años atrás, cuando llegué a la familia – que los manipularan me hacía sentir vulnerable, y no soportaba esa sensación. Le miré con hostilidad, considerando otras formas de hacer prevalecer mis derechos.

Es un híbrido, me dije. Recuérdalo: recuerda el primer olor que percibiste, y el latido de ese corazón. Mira su piel, pálida, aunque no tanto como la tuya. Tiene un don, como Renesmee. Es un híbrido, no un licántropo.

Caramba. Era vampiro. Y también humano; pero no uno cualquiera, sino un licántropo. Sentí tentaciones de estudiarle, como si fuera una mariposa, y yo un lepidopterólogo. Pero eso probablemente querría hacerlo el mismo Carlisle. Tendría mil preguntas, y no serían ni la mitad de las que empezaba a tener yo.
- ¿Ese segundo hijo también guarda algún secreto? - pregunté, en referencia al embarazo. Tan sólo percibía el latido de un corazón que se sincronizaba a ratos con el de la madre. Si el vampiro estaba muerto, y su acompañante era su hijo ¿de quién era el bebé? ¿Se habían traído al resto de la manada con ellos? Yupi, la fiesta de los lobos, pensé con sarcasmo.



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Retador: Kya --> Te reto a que muerdas a una humana hasta el punto que tenga que ir urgente al hospital.

Retador: Kate Denali----- Te reto a que le digas a Rosalie que encontraste a una humana mas linda que ella y que si le puede dar un hijo

Ratador: Kate Denali ---- te reto a que le digas a esme que no te gusta la decoracion de la casa que os hizo y por eso la desarmaste

Retador: Alice Cullen - Te reto a que le confieses a Edward que si fueras mujer también estarías interesada por él y rendido a sus encantos pero como eres hombres te toca aguantarte...





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