Twilight Cronnos & Los hijos de Sangre
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Alma Priego

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Alma Priego

Mensaje por Alma Priego el Lun 31 Oct - 13:00





Nombre completo:
Alma Priego
Fecha de Nacimiento:
1508
Edad:
Unos 16 aparentes. 500 reales.
Fecha de transformación:
1524 (primera vez que entró en fase)
Nacionalidad:
Americana
Raza:
Licántropo
Descripción física:



Alma es alta y delgada, con una figura totalmente femenina, dotada de muchas curvas. Sería difícil determinar su edad sin conocerla, porque hay algo infantil en sus rasgos, como si fuera una niña encerrada en un cuerpo de mujer. Y eso es, en esencia, lo que es, al haber visto frenado su crecimiento, a la vez que acelerado su desarrollo por el gen de la licantropía.

Es morena de piel, al ser hija de un español y una nativa “india”. Sus ojos son oscuros y ligeramente rasgados y sus labios, gruesos. Tiene el pelo negro y largo, ligeramente ondulado, aunque suele alisárselo. Es bastante guapa, en especial cuando sonríe.


Como loba, tiene el pelaje blanco y espeso. Es muy grande y desde luego un animal hermoso. Es físicamente más fuerte que un humano promedio, y en su forma lobuna capaz de presentar batalla a un vampiro, siendo además el “alfa” de una manada sin miembros. Es rápida como lobo y como todos los de su raza tiene un vista agudizada un oído muy sensible, un gran sentido del olfato y una capacidad de curación sobrenatural. Para un vampiro, huele bastante mal.

Su voz es dulce y melodiosa.

Spoiler:






Psicología & gustos

Orientación sexual:
Heterosexual
Gustos:

+ La música: le gusta escuchar a los grandes clásicos, pero además le gusta crear su propia música, ya sea con el piano o con su voz.

+ La pintura: dibujar nunca ha sido su fuerte, pero sabe casi todo lo que se puede saber de la Historia del Arte.

+La fotografía: ¿Cuántos recuerdos se pueden almacenar en una sola imagen? Según Alma, los que uno sea capaz de rememorar. Una foto es un instante congelado… A ella no le gustan las fotos que enseñan a personas posando, sino aquellas que congelan una mirada, un pensamiento, una conversación, una pequeña locura. Es muy común, entonces, verla con una cámara en la mano, y haciendo fotos a traición.

+ Los libros: le apasiona la lectura, pero es además una escritora aficionada. Con la
cantidad de años que ha vivido, quizá podría haber intentado publicar
algo bajo un nombre falso, pero siempre ha tenido otros asuntos de los
que ocuparse, que se lo han impedido.

+ Los juegos infantiles:
es el ejemplo viviente de que la infancia nunca muere. Tampoco es que vaya por ahí arrastrando muñecos y jugando al escondite, pero de hacerlo no se sentiría avergonzada de ello.

+ Las alturas: lo primero que le preguntó al vampiro que conoció fue si podía transformarse en murciélago y volar o se trataba sólo de un mito. No deja de ser paradójico, porque jamás se ha montado – y si puede evitarlo no se montará – en un avión: le dan miedo.

+ La velocidad:una de las cosas que más le gusta de su condición, - por llamarlo de alguna manera – es la capacidad de correr más rápido de lo que cualquier humano podría soñar.

+La psicología: le encantan las conversaciones profundas, que desentrañan el interior de las personas. Le interesa mucho la forma de pensar que tiene la gente, sea cual sea su raza, y saca muchas conclusiones, casi siempre acertadas, a éste respecto.

+Los animales y la vegetación: verde, mucho verde. El verde, además de esperanza, significa vida. Más allá de la belleza que puede encerrar un paisaje, está la certeza de que lo habitan una cantidad incalculable de formas de vida. Además, la naturaleza forma parte de ella; le agrada más que un paisaje artificial construido por el hombre, aunque también disfrute de las comodidades de un hogar.

+ El pelo largo: para gustos los colores, pero ella siempre defenderá el pelo largo tanto en hombres como en mujeres. Le gusta que las chicas tengan el pelo por la cintura, y que los hombres lleven una pequeña melena, quizá por las orejas o por la barbilla. Aunque no a todo el mundo le queda igual de bien…

+Los vampiros que han elegido no beber sangre: provocan en ella un montón de buenos recuerdos, aunque también alguno triste. Le gustan en primer lugar porque son hermosos, y a ella le encanta la belleza. Pero más allá de lo superficial, sabe que son seres diferentes entre los diferentes, al igual que ella, y que no tienen la culpa de la vida que les ha tocado vivir. El único inconveniente que tienen en su olor, pero es algo a lo que una vez aprendió a acostumbrarse.

+La gente con sentido del humor: le gusta mucho que le hagan reír y sobretodo aprecia el humor inteligente.

Disgusto:

+El calor: la temperatura de su cuerpo es superior a la normal, por eso siente alivio en los lugares fríos, que la ayudan contra el calor. Sin embargo, a temperatura cálida, se siente muy incómoda, y la gustaría poder despojarse de su ropa.

+ La soledad, cuando ella no la ha elegido: hay momentos en los que precisa algo de intimidad, quizá incluso más que otras personas. En esos casos, obviamente, no la importa estar sola. Pero cuando desea estar acompañada y esa posibilidad le es arrebatada no lo soporta. Puede llegar a provocarle ansiedad.

+Los “alfa” de una manada que imponen su voluntad: Durante toda su vida ella ha sido un alfa sin manada y por eso nunca se ha visto en la situación de necesitar dar órdenes. Pero le parece una bajeza utilizar ese poder para anular la voluntad de otro miembro de la manada. Un buen jefe debe saber liderar sin recurrir a esos medios. En cierta manera, le recuerda a su pasado, y al dominio bajo el que vivieron los miembros de su tribu.

+ La cobardía: tiene un gran sentido de honor, y no le agradan los ataques por la espalda. Del mismo modo la gente que se deja dominar excesivamente por sus miedos le parece débil, aunque la prefiere a la gente en exceso imprudente.

+ El alcohol: no le gusta el olor, ni el efecto que produce en algunas personas que no saben medirse.

+La violencia:no comprende que placer puede existir en provocar el daño de otros. El único objetivo de la lucha que para ella es válido, es la defensa de aquellos a los que se quiere.

+La crueldad:es capaz de comprender aunque no la gusten, aquellos actos de maldad provocados por los celos, la ira, la venganza, el instinto y cualquier otro impulso. Pero lo que jamás comprenderá será la maldad por la maldad. El dolor por el dolor. La alegría obtenida a partir de las desgracias ajenas. Es algo, no obstante, que suele estudiar, como si esperara encontrar algún día la respuesta de por qué algunas personas son crueles.

+La traición: es algo que conoce muy bien, y una de las cosas que más le cuesta perdonar. Para ella la lealtad, en todos los sentidos del término, es muy importante.

Manias:

+ Arrancarse las puntas abiertas del pelo cuando las encuentra.

+ Enrollarse el cabello alrededor de un dedo, de forma compulsiva, cuando está impaciente.

+ Morderse el labio cuando está nerviosa o triste

+ Rascarse la mano cuando miente.

+ Mirarse las manos cuando está avergonzada por algo.

+ Parpadear más de la cuenta cuando tiene miedo.



Defectos:

 Es demasiado inocente, aunque a ella en concreto le gusta este rasgo de su forma de ser.
 Miente bastante mal.
 Es muy insegura.
 Es muy melodramática en todo lo que hace. Más que una exageración de los sentimientos, es una forma de ser.


Virtudes:

 Tiene un gran corazón
 No es rencorosa
 Es tolerante y no tiene prejuicios.
 Evita los conflictos

Personalidad:

Es todo corazón. Casi todo lo que hace, aunque pueda equivocarse, tiene una buena intención. Quizá el motivo de ésta personalidad tan bondadosa sea su empatía hacia los demás, o el hecho de haber sufrido tanto y desear mejor suerte al resto.

Su miedo básico es quedarse sola, sentimentalmente hablando. Aunque también teme perderse a sí misma, perder su identidad con el paso de los años. Es difícil mantenerse fiel a unos principios, cuando has vivido tanto tiempo y tantas cosas que los ponen a prueba.

Es introspectiva, eterna buscadora de su ser interior. Muy espiritual y sentimental. Siempre está en contacto con sus sentimientos e impulsos internos, lo que no quiere decir que siempre los escuche.

Es sensible e intuitiva respecto a sí misma y a los demás, así como compasiva, discreta, prudente y respetuosa. En ocasiones puede resultar bastante tímida. A veces se trata sólo de ese sentido común, de esa prudencia que la hace mostrarse reservada ante los desconocidos.

Casi siempre se muestra honesta y auténtica. Tiene un gran sentido del humor, pero una apariencia más bien seria, para quien no la conoce mucho. Hace esfuerzos por ser sociable con todo el mundo, sin discriminación alguna. No obstante, las relaciones de cualquier tipo nunca se le han dado demasiado bien.

Es más fuerte de lo que parece, emocionalmente hablando, pero no deja de ser muy vulnerable y se daña con mucha facilidad. A todo le da mucha importancia ya sea bueno o malo. Por eso si está feliz vive en la más absoluta alegría, y si está triste en el pozo más profundo de depresión.

Es muy creativa, en todos los ámbitos de su vida. Da una orientación artística, estética y romántica a la vida revelando sentimientos personales a través de algo hermoso. Intensifica la realidad mediante la fantasía, la imaginación y los sentimientos apasionados.

A veces siente, por motivos evidentes, que es diferente a los demás, y que no puede o no tiene derecho a ser feliz como las demás personas. Tiene que tener cuidado, porque en ocasiones la autocompasión la conduce a distintas clases de autoindulgencia, a convertirse en alguien decadente y revolcarse en un mundo de sueños, ilusiones y expectativas poco realistas. El hecho de ser protagonista de muchos mitos y leyendas, hace que tenga más facilidad para autoconvencerse de esas expectativas irrealistas.

Es muy inocente e insegura. Esto la hace muy vulnerable y hasta cierto punto manejable, aunque tiene las ideas muy claras. Su personalidad hace que necesite atraer a un salvador. Alguien que la proteja, y la cuide de un modo que a otras personas les resultaría frustrante. Quizá eso favoreció su historia con Dimitri.

En más de un sentido, tiene una personalidad infantil, que no inmmadura, ya que de hecho es bastante responsable. Aprende de sus errores; tiene la cualidad de transformar sus experiencias en algo valioso. Y desde luego, ha tenido mucho tiempo para acumular experiencias.




Historia:

Alma nació en el seno de una familia humilde y desestructurada, en la América de principios del XVI. Se la consideraba de sangre mestiza, al ser su madre una de los llamados “indios” que habitaban el recién descubierto continente.

En aquella época no eran pocos los varones españoles que emprendían viaje hacia el Nuevo Mundo. Para muchos, era una liberación el hecho de alejarse de una sociedad con una moral muy arraigada en torno a lo tradicional. Y es que en América, todo valía. Aunque más adelante Felipe II cambiaría las cosas, en un principio, y siendo rey Carlos I, los hombres dejaban a sus familias en Castilla para emprender un viaje del que tardaban mucho en regresar. Era así como un incalculable número de hombres casados se comportaban como solteros, y se juntaban con mujeres exóticas amparados por la ley del libertinaje. No es extraño, entonces, que el nacimiento de los mestizos fuese visto como algo natural, aunque casi siempre era la madre la parte nativa de la unión, debido a esa carencia de mujeres españolas.

Los mestizos solían integrase en la nueva sociedad con bastante éxito, ya que eran arrebatados a sus madres y criados bajo la cultura supuestamente superior del padre. Esta era la regla general, pero no fue el caso de Alma. Ella se crió con su madre y su tribu, al fallecer su progenitor en una reyerta con un nativo enfermo del peor de los males: los celos. Debería ser mencionado el hecho de que no se solía consultar a las parejas de las mujeres, antes de unirse con ellas. Debería ser mencionado también que el tamaño medio de los nativos de ciertas tribus, superaba el de los “rostros pálidos” lo suficiente como para que algunos se plantearan el defender su territorio, o a su mujer.

Así pues su madre y el asesino de su padre fueron la única familia que Alma llegó a conocer. Pero no era esa una buena época para ser hija de indios, y es que el hambre maltrataba a todos aquellos que, como su familia, trabajaban como hombres libres, pero bajo un régimen de esclavitud, a las órdenes del pueblo español. La situación empeoró cuando la tribu quedó diezmada por una de las enfermedades que trajeron los castizos, y que se propagó con rapidez debido a las favorables condiciones térmicas: la viruela. Con catorce años, y quizá gracias al mestizaje de su sangre, Alma fue la única que sobrevivió en su entorno.

Su condición de mestiza la cerraba puertas entre otras tribus nativas, y no se las abría entre los españoles, al carecer de la educación europea que se le presuponía. A falta de un lugar a dónde ir, y negándose a someterse al dominio castellano, se dispuso a iniciar una nueva vida.

No se prestó a sí misma los cuidados necesarios, envuelta como estaba en una depresión profunda ante la pérdida de todo cuanto había conocido. Mal comía de lo que recolectaba o robaba y se forzaba a caminar cada día más kilómetros de los que estaba preparada para soportar. Al cabo de unas semanas bastante duras se topó con un hombre hermoso, muy hermoso, cuyo ser entero le atraía. Tenía el pelo del rubio más claro que ella hubiera visto nunca. Parecía una persona creada expresamente para ser admirada, pero Alma creyó estar bajo los efectos de alguna clase de fiebre o tal vez de una profunda deshidratación. Lo habría tomado por alguna clase de alucinación, de no ser porque aquél ser semidivino contemplaba una res muerta, recién cazada. Ella no sabía cazar y se moría de hambre, así que la convenía creer que ese hombre era real, y por eso lo creyó.

Sin embargo, un instinto que le era completamente ajeno, se le activó, y le avisó respecto a algunas considerables diferencias entre ese hombre y los demás. Se acercó pensando que era pálido incluso para ser un “hombre blanco”. Por deseos de la genética ella tampoco era especialmente morena, para ser mestiza, aunque su comportamiento semisalvaje solía delatarla. En cualquier caso tenía bastante interiorizado cómo era el color de la piel de aquellos a los que tanto se parecía y pudo entender que no era ese. Tampoco los ojos de aquél hombre, que pasaron a mirarla con desconfianza, eran comunes, ya que eran de un precioso dorado, enmarcados por unas profundas ojeras de color lavanda. Lo que sin duda la hizo alarmarse, fue el gruñido que le dedicó, como el rugido de una bestia antes de abalanzarse sobre su presa.

Corría entre los nativos una leyenda, una historia para niños que Alma nunca había creído. Hablaba de unas bestias antropomórficas que mataban a los humanos… para beberse su sangre. Eran los “fríos”, y costaba mucho no asociar el mito con aquél desconocido. Las sospechas se confirmaron cuando se fijó en que el animal que yacía muerto había sido desangrado; la misma sangre que manchaba la ropa del cazador.

Todo lo que pudo asimilar es que el vampiro saltó sobre ella enseñando unos dientes carentes de colmillos, pero igualmente peligrosos. No obstante, jamás la mordió. Aunque en ese momento ella no lo sabía, su olor no era atrayente para él, sino más bien lo contrario. Además, ese chupasangres en particular había elegido una vida de abstinencia, que era la explicación del color de sus ojos, tal y como más adelante podría averiguar.

Una vez el vampiro calmó el instinto que le avisaba que ella podía suponer algún peligro, sufrió una transformación que casi le hacía parecer humano. Sus ojos se volvieron dulces y sus movimientos, controlados. Por alguna razón, que sólo tenía su explicación en un sentimiento de bondad, el extraño se ocupó de que comiera y durante unos días, en los que ella tuvo un poco de fiebre, la estuvo cuidando. Ella sólo observaba en silencio, consciente de que estaba a su completa merced pues en esos momentos estaba muy débil. El vampiro la llevó a una cabaña modesta, pero con cierto encanto y le hablaba sin parar pese a saber que no era comprendido: tenían idiomas diferentes.

No era posible que, después de aquello, ella sintiera ninguna clase de animadversión hacia él. Pasaron los días, y empezaba a quedarse con algunas palabras que el no-muerto repetía. Hablaba en un lenguaje musical, que acentuaba el matiz aterciopelado de su voz. No era español, pues esa era una lengua que Alma conocía, pero se le parecía. Cuando recobró la salud por completo, no se separaron y al poco tiempo empezaron a entenderse.

Dimitri era un vampiro joven, que había sido convertido en contra de su voluntad unos cinco años atrás. Desde un principio odió lo que era, y no tardó en descubrir la manera de aplacar su sed sin arrebatar vidas humanas. Siempre había sido una buena persona cuya vocación durante mucho tiempo había sido el arte. De hecho, intentó con bastante éxito compartir esa pasión con Alma, a la par que le enseñaba ciertos aspectos básicos sobre su cultura. Era un romántico incurable y veía la belleza de cada pequeña cosa de la vida. Además, desde su transformación había ido notando como su autocontrol aumentaba, más allá que el de otros vampiros con los que había tenido contacto. Se podía decir que su don era ser “más humano” que los demás. Alma pudo saciar su curiosidad con cada pequeño detalle de la vida de su extraño compañero, y él nunca requirió saber la suya a cambio, aunque mostraba interés si ella decidía compartirlo.

Cuando le vio preparada, Dimitri le reveló algo que sabía desde el primer momento en que se encontraron: ella poseía en su herencia genética algo más que una mezcla de razas. Tenía el gen de la licantropía. Su olor así lo delataba, y la temperatura de su piel lo corroboraba. Ella estaba creciendo muy deprisa, y Dimitri se temía que la transformación tuviera lugar en poco tiempo. De haber sabido que era su presencia lo que activaba el gen, se habría alejado de ella, pues no quería condenarla a una vida de mito, leyenda, y soledad. El joven vampiro se había topado con otros como ella en aquella región, pero no le habían recibido amistosamente. Sin embargo cuando dos personas, por diferentes que sean, no tienen nada que perder, no es tan difícil que superen los prejuicios y fragüen una atípica amistad.

Llevaban un año conviviendo cuando ocurrió. La pelea fue una tontería, y el motivo ya está olvidado, pero Alma empezó a temblar y a sus quince años su cuerpo dejó de ser el de una mujer para transformarse en un hermoso lobo blanco. El color de su piel lobuna siempre le pareció bastante irónico, cuando tantos problemas le había traído en el pasado.

Por suerte para ambos, nunca fue muy irascible, por lo que a Dimitri le resultó fácil calmarla. Hubo más transformaciones cuando algo la enfadaba o la alteraba. Solía pasarle cuando se ponía nerviosa. Con el tiempo adquirió facilidad para entrar en fase, casi a voluntad. Tenía que tener cuidado de dónde se transformaba; no ya sólo por testigos indeseados, sino por no romper nada. Sus sentidos, su tamaño y su fuerza se habían visto agudizados. Sólo entonces Alma pudo comprender la cantidad de esfuerzos que el vampiro había hecho por ella. La fragilidad de los humanos puede llegar a ser un impedimento, cuando uno posee una fuerza sobrenatural.

Vampiro y licántropo, formaron una unión especial difícil de describir. Se alejaron de la humanidad, y vivieron en una peculiar burbuja de fantasía, sin saber que su alianza era imposible para cualquier miembro de sus respectivas razas. Sería correcto decir que se enamoraron, aunque al principio ninguno de los dos fuera consciente.

Alma cumplía años y su cuerpo no cambiaba, tan sólo aumentaba de tamaño. En un punto dejó de crecer, cuando su cuerpo lobuno alcanzó la envergadura de un caballo. Era un tamaño más que normal para un licántropo, pero descomunal para un lobo común, e incluso para un licántropo hembra, aunque ella no tuviera forma de saberlo, y Dimitri tampoco. Los conocimientos del vampiro sobre los metamorfos eran bastante limitados.

Alma pasaba mucho tiempo en su forma lobuna y a menudo cazaban juntos. Aunque esto la hacía feliz, había algo que no terminaba de estar bien…Jamás había añorado más compañía que Dimitri, pero se sentía sola. Sentía un enorme vacío que no podía comprender, porque nadie se lo había explicado. Pero ella era un Alfa sin manada, y echaba de menos una conexión mental que nunca había tenido.

Pasaron los años y los dos mantuvieron una relación de amor más seria, aunque había diferencias insalvables que complicaban un poco las cosas. Estaba ese punto de prepotencia de Dimitri, que consideraba los vampiros una especie superior a los licántropos…Y había un montón de incompatibilidades físicas: ninguno soportaba el olor del otro, aunque con el tiempo pudieron acostumbrarse. Él no precisaba respirar, y ella sí. Él no precisaba comer, y ella sí –bastante a decir verdad -. Él no podía dormir, y ella debía hacerlo. Para Alma era una alegría despertarse cada mañana con él a su lado, pero siempre se preguntó que hacía él por las noches; en qué pensaba mientras permanecía inmóvil junto a ella. Eran muchas horas que no compartían, durante demasiados años. Aun así, y a su manera, eran felices, aunque Alma necesitaba saber más de los suyos. Necesitaba saber, por ejemplo, si aquello era para siempre, si podría tener hijos, sí era inmortal o en algún momento envejecería…

Fue ese el motivo de que empezaran a viajar, alejándose de Centroamérica, y lo que les hizo entender que el odio existente entre sus especies era demasiado fuerte como para presentarse juntos ante una manada de lobos. Hubo más de un susto cuando intentaron lo imposible, pero supieron adaptarse y ocultar su peculiar alianza. Tuvieron por tanto momentos de separación, por primera vez desde que se conocieron.

Alma aprendió muchas cosas de sus fugaces encuentros con sus coetáneos. Supo que el motivo de sus transformaciones era también la razón de que quisiera que fueran para siempre: si Dimitri, quien había activado el gen, se alejaba, si ella dejaba de transformarse, volvería a envejecer. No era morir lo que la preocupaba, sino hacerse vieja con alguien que jamás cambiaría. Así pues, no podía dejar que Dimitri lo supiera, o se empeñaría en que ella recuperara su humanidad, y era algo que no podía permitir. Y ser transformada tampoco era una opción pues -ahora lo sabía- la ponzoña de vampiro era mortal para ella.

Descubrió también la intrincada red de pensamientos existente en una manada, pero ella no pertenecía a ninguna, ni quería pertenecer, pues su lugar estaba con Dimitri. Y la época de convivir con lobos terminó, aunque ahora ella sabía que no debía dejar de entrar en fase, si quería seguir con un inmortal.

Por lo que pudo saber, era extraño que una mujer tuviera el gen. No había mucho a lo que aferrarse en ese campo, pero Alma empezó a tener la sospecha de que la maternidad le sería negada hasta que dejara de entrar en fase. De todos modos no debía preocuparse mucho: pensaba compartir el resto de su vida con un vampiro, así que estaba condenada a no tener hijos. Fue caer en la cuenta de esto lo que la hizo comenzar a desear tenerlos. De todos modos, su cuerpo era en muchos sentidos el de una niña. Aparentaba más edad de la que tenía en el momento de activarse el gen pues su desarrollo se había visto acelerado por su transformación, pero ni Dimitri ni ella olvidaron nunca que tenía quince años físicos. Su matrimonio, repetido a lo largo de los años, era una farsa aun mayor debido a eso. Por alguna razón, más allá de los riesgos que pudiera acarrear, él no era capaz de tocarla. En algunos sentidos, nunca fueron una pareja, pero al menos Alma, jamás echó de menos esa parte. Puede que fuera un error pensar que Dimitri tampoco.

Se asentaron en el Norte, para que Dimitri pudiera llevar una vida diurna, y compartiera vocación con otros artistas de la época. Así pasó el tiempo, tanto que dejó de tener importancia el que ella fuera mestiza. Tanto que Alma debería de haber muerto. Tanto que América se volvió irreconocible. Tanto, que los dos comenzaron a olvidar su vida solitaria, y el cuidado que debían tener en no ser descubiertos ni por humanos, ni por vampiros, ni por licántropos. Fueron éstos últimos los que en una ocasión dieron con el olor de Dimitri y les estuvieron persiguiendo hasta la frontera con Canadá. Eran seis contra uno – no tenían intención de atacar a Alma – y finalmente, terminaron por darle alcance. Alma no dudó en atacar a los suyos para defender su posesión más importante. Consiguieron librarse, pero desde entonces había metamorfos que conocían su secreto. Si durante un tiempo no atacaron de nuevo, era debido probablemente a la sorpresa y el temor que les inspiraba una unión tan extraña. Y al hecho de que Dimitri no se alimentaba de humanos. Surgió así un pacto de tolerancia cuya estabilidad pendía de un hilo. Establecieron una frontera de territorios, y optaron por ignorarse mutuamente.

Una de las ventajas de la licantropía, era la increíble velocidad de curación de cualquier herida. Alma había descubierto esto en sus inicios, pero jamás había pensado en las posibles aplicaciones indirectas de esta ventaja, hasta que vio morir a una mujer al dar a luz. Era una de las compañeras de los licántropos con quienes tenían un inestable tratado. Tenía las caderas demasiado estrechas y el parto fue demasiado duro. Pero lo que la hizo unir ideas, fue un suceso casual, que sin embargo tenía que deberse a algo más que a la casualidad. Y es que no podía ser cosa del azar que Dimitri y ella estuvieran demasiado cerca, en los límites del territorio. No podía ser cosa del azar que el olor de la sangre de la madre humana enloqueciera al vampiro de tal manera que le llevara a traspasar la línea que habían fijado con los metamorfos. No podía ser cosa del azar que Dimitri llevara tres semanas sin alimentarse, y en un estado de nervios que llegó a su auge aquél día. No podía ser cosa del azar, que aquella mujer fuera el único humano cuya sangre Dimitri bebiera, teniendo con ello que acercarse al bebé recién nacido, asesino de su madre. Y no podía ser cosa del azar, que al verles a los dos en la misma habitación Alma comprendiera al fin que había una forma de quedarse ella misma embarazada. Porque aquél niño, no era hijo del licántropo que trataba en vano de separar a Dimitri del cadáver de su esposa. Ese niño poseía el corazón de un colibrí, desprendía el mismo calor que emitía el cuerpo de Alma, y tenía el pelo rubio y los ojos azules que Dimitri había tenido de humano.

Alma comprendió enseguida cómo había podido suceder. Era el cuerpo de la mujer el que cambiaba, para tener un niño. Su cuerpo no podía cambiar, atascada en un limbo temporal como consecuencia de su condición. Pero el de aquella humana, sí podía cambiar y lo había hecho durante ese tiempo, fuera cual fuere.

Ese niño era la prueba viviente de que Dimitri sí echaba de menos algunos aspectos en su relación. Era la respuesta de lo que hacía Dimitri las noches que ella pasaba durmiendo. Porque - entonces fue evidente - no permanecía a su lado, tal y como había estado creyendo. Si no que se dedicó a engendrar el hijo que ella no podía tener. Por lo visto, a la pobre y recién muerta mujer, sí podía tocarla. Quizá ella, humana completa, olía mejor que Alma. Quizá a ella no la viera como una niña, aunque a decir verdad el cuerpo de Alma tenía más curvas y era más maduro. Pero algo debía tener, cuando el vampiro la había elegido a ella.

En el estado de shock en el que se encontraba, observaba la escena que se desarrollaba delante, sin hacer nada. Dimitri se abrazaba al cuerpo de la humana mientras la mordía con morbosa delicadeza. Alma no tenía forma de saber que aquella humana olía como ninguna otra para él: era la “sua cantante”. Y por lo visto, había sido una tentación en más de un sentido.

Alma sintió lástima del pobre hombre, esposo de aquella mujer que le había sido infiel, y había muerto como consecuencia. En ese momento, si es que no lo había sabido antes – y había tenido que saberlo, por el anormal embarazo – quedaba claro de quién era el niño. Aun así, había perdonado la infidelidad y había sufrido con la muerte de la mujer. Y ahora encima tenía que ver como el padre del que debería de haber sido su hijo bebía la sangre de la dueña de su corazón. Alma sentía que debía hacer algo al respecto. Y por fin, como si hubiera sido algo que todos habían estado esperando, su cuerpo empezó a temblar y se unió al licántropo en la defensa del cuerpo de la mujer.

Costó mucho separar a Dimitri del cadáver. Su rostro estaba demacrado, era una máscara que expresaba una mezcla de voracidad, angustia, dolor, y en general sentimientos negativos. Nada del Dimitri sonriente que Alma conocía. A medida que iba recobrando el control, ese anormal control suyo que le había permitido yacer con una humana sin matarla, pero que no le había servido de nada al final, el vampiro abría más los ojos, consciente de lo que había hecho.

Ocho lobos – la manada en un principio de seis miembros había aumentado en los últimos tiempos por la cercanía de un vampiro – salieron en persecución de Dimitri. Era algo que querían hacer desde hacia mucho tiempo, pues aunque nadie lo dijera en voz alta, todos sabían de quién era el niño que la humana llevaba en su vientre. Alma se sorprendió pese a todo el dolor que sentía, intentando defender al traidor al que, en parte, quería matar ella misma. Enseñaba los dientes y trataba de contactar con el alfa de la manada, intentando frenar todo aquello. Pero era infrenable, cuando el tratado había sido violado, una humana había muerto, y un “engendro” había nacido. Dimitri se giró hacia ella, y apoyó su cabeza en su frente lobuna. Ella iba a apartarse, pero él le limpió una lágrima y susurró:

- Aunque no puedas creerme, siempre te he amado.

Dicho esto, avanzó unos pasos y quedó envuelto por la jauría de lobos que se echó sobre él. Dos de ellos se ocuparon de sujetar a Alma, que se revolvía con dolor. Tras un prolongado grito, la “vida” de Dimitri se extinguió. Quizá por lo deprisa que había sucedido todo, quizá porque pese a la traición aun le amaba, aquello hirió a Alma de una forma demasiado intensa. Necesitaba encontrar una razón para no seguir luchando contra aquellos lobos, y morir también ella. Y la encontró.

Iba a haber una tercera víctima aquél día. El niño, el condenado niño que en realidad no tenía culpa de nada. A él si pudo salvarle, pues contó con el apoyo del metamorfo que había enviudado, que tampoco quería que se extinguiera el único recuerdo vivo de su mujer. Con el niño en sus brazos, huyó de allí. Esa era su nueva razón para existir. Proteger a ese niño que como ella, no encajaba en ningún sitio. Le llamo Job (“perseguido”)y le puso su apellido.

Era un recuerdo viviente de Dimitri, ya que el parecido entre ambos, era lo suficientemente significativo. Sin embargo, era un niño único. Porque su padre le había transmitido su herencia vampírica. Pero su madre le había transmitido herencia humana y…el gen de la licantropía.

En niño creció de forma normal hasta los diecisiete años, donde su crecimiento se detuvo. Alcanzó los dos metros de altura y perfectamente podía aparentar veinticinco años. La temperatura de su piel era cálida. Su corazón latía muy deprisa, y su cuerpo era impenetrable. Era más rápido de lo que Alma podría ser jamás: de lo que Dimitri podía haberlo sido. Pero había sangre en sus venas. Dormía, y mucho. Al enfadarse, se transformaba en lobo. Pero era un lobo pequeño que en nada podía compararse a la forma lobuna de Alma. No había conexión mental entre ellos, y sin embargo, Job podía proyectar sus pensamientos sobre varias personas a la vez, de forma parecida a como lo haría un alfa en su manada. Ingería comida humana, pero a menudo cazada como lobo, y se alimentaba como lo haría un animal salvaje. De la misma forma podía pasar varios días sin comer sin debilitarse. Pero a la larga sí, necesitaba comer. No bebía sangre, ni tenía sed, aunque estar muy cerca de los humanos podía hacerle perder el control: sentía dolor en la garganta y se transformaba en lobo. Sus oídos eran muy agudos, pero sus ojos no tanto. No se curaba con ninguna rapidez, aunque era más difícil herirle a él que a Alma, como si su cuerpo fuera de un material más duro. Para Alma Job no olía ni bien ni mal; simplemente olía de forma fuerte, intensa, llamativa, y no se parecía a nada que hubiera olido jamás. Era fuerte, aunque no tanto como Alma, y muy hermoso. Job era una mezcla inédita de razas. Y Alma fue la única madre que conoció, aunque nunca le ocultó su procedencia.

De esta forma pasaron los años y los siglos y llegaron a la actualidad sin que ninguno de los dos envejeciera. Job parecía no envejecer jamás, y Alma por su parte se seguía transformando con frecuencia. Fue feliz, pero la felicidad no puede durar eternamente. La herida de Dimitri nunca cerró, y menos con el rostro de Job recordándoselo todos los días. Vivía con el miedo de que un día Job también se fuera, y la dejara sola. Alma deseaba, realmente deseaba experimentar la maternidad y, por qué no, quería saber lo que era crecer, para aparentar al menos la edad de Job. No soportaba que su propio hijo fuera, a ojos de los demás, mayor que ella. Por eso dejó de transformarse.

No duró sin embargo mucho tiempo: como si el destino cruel la estuviera persiguiendo, una noche varios hombres la asaltaron en un callejón. Tras quitarla todo lo que llevaba de valor, quisieron tomarla por la fuerza. Ella trató de defenderse, cuando entendió lo que pretendían, pero hacía tiempo que no se transformaba y no lo hizo con la rapidez necesaria. Además, una parte de ella no quería entrar en fase, para no arruinar varios meses de difícil autocontrol. Cuando Job la encontró, estaba herida, tenía los ojos muy abiertos y no dejaba de repetir: “no lo entiendo”. Y es que no entendía la necesidad de aquellos hombres de hacerla tanto daño. Desde luego, no fue una buena forma de iniciarse en la sexualidad.

Un mes después descubrió que estaba embarazada. Desde entonces ocurre algo muy curioso: cuando algo la altera y va a transformarse, su cuerpo se limita a temblar, y no consigue entrar en fase. Supone que cuando tenga el niño, eso cambiará.

Con un embarazo de cinco meses, acaba de mudarse a Forks, donde espera tener una vida tranquila, y disfrutar de su familia, con el nuevo hijo que está por llegar. Oficialmente Job es su hermano mayor y tutor legal, de veintitrés años. Supuestamente sus padres fueron asesinados, Alma tiene dieciséis años, y los asesinos de sus padres son los culpables de su embarazo. Una bonita historia ficticia, ni la mitad de dolorosa que la real. Deberá enfrentarse a los rumores, y a ser “la nueva” en el instituto, pero sabe que está preparada para ello. Ya ha ido al instituto varias decenas de veces.

Quedan cuatro meses para el parto, e interiormente se siente demasiado mayor. Ha pasado por tantas cosas, que ahora sólo quiere mantenerse al margen de conflictos. Quizá no ha ido elegido el lugar correcto.


Otros datos:

Su nivel económico no está nada mal, pero acaba de comprarse una casa en Forks, por lo que tampoco está para gastos innecesarios. Además ahora debe mantener una fachada de estudiante, por lo que no sería lógico que ganara una fortuna en acciones, por ejemplo. Tiene un coche algo viejo pero bien cuidado: un Ford Orion del 94; nada del otro mundo.

Antes de ir a Forks tenía pensado ir a la reserva de La Push, pero desechó la idea al percibir olor a licántropo. No tiene nada en contra suya en principio, pero probablemente ellos tendrían algo en contra de Job. Mejor curarse en salud.

Antes de eso pensó en ir a Alaska, pero le parecía un lugar poco indicado para crear a su bebé.Si esos hombres nunca hubieran dado con ella, ahora viviría allí.


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Última edición por Alma Priego el Mar 29 Nov - 11:23, editado 11 veces
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Re: Alma Priego

Mensaje por Renesmee C. Cullen el Lun 31 Oct - 13:10

comentario aparte eso fue rapido xD

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